Sidebar

21
Lun, Sep

CARLOS GIL ZAMORA (Barcelona, 1950)
Estudió Interpretación y dirección en la Escola D'Art Dramatic Adriá Gual, hizo los cursos de Diplomatura en Ciencias Dramáticas en el Instituto del Teatro de Barcelona y estudió dramaturgia y guión de cine en la Escola d'Estudis Artistics de L'Hospitalet de Llobregat. Ha dirigido más de una veintena de espectáculos, con obras de Dario Fo, Ignacio Amestoy, Joan Manuel Gisbert, Luis Matilla, Patxi Larrainzar, Jorge Díaz, Oswaldo Dragún o Heinrich von Kleist, entre otros. Ha actuado en numerosas obras de autores como O'Casey, José Zorrilla, Miguel Alcaraz, o Elmer Rice, bajo la dirección de Ventura Pons, Josep Montanyés o Ricard Salvat. Ha escrito diversos textos y ha producido una decena de espectáculos para compañías como Akelarre, Teatro Geroa o Teatro Gasteiz. Fue miembro de la Asamblea d'actors y directors de Barcelona que organizaron el Grec en los años 1976-1977 y coordinó las ediciones de 1980-81 del Festival Internacional de Teatro de Vitoria-Gasteiz. Desde 1982 ejerce la crítica teatral en diversos medios de comunicación del País Vasco, y desde 1997 dirige la revista ARTEZ de las Artes Escénicas. Ha colaborado con varias revistas especializadas, ha impartido diversos cursos y talleres y ha participado como ponente en multitud de congresos, encuentros y debates, además de realizar las crónicas de multitud de ferias, festivales, muestras, jornadas y eventos por todo el mundo.


 

Vientos del norte me hielan. El nuevo Director General del INAEM, Miguel Ángel Recio, en la entrada al estreno en La Abadía de 'Grooming' de Paco Bezerra dirigida por José Luis Gómez, nos confirma la continuidad de Cristina Santolaria al frente de la subdirección de Teatro, de este organismo autónomo. Espontáneamente nos sentimos aliviados. Lleva muchos años en ese lugar, durante dos etapas, conoce a toda la profesión, no acostumbra a hablar más de la cuenta, se mantiene siempre en su sitio y nos quitamos de unas cuantas explicaciones para explicar a los recién llegados quién es uno y a qué o a quiénes representa.

En esa conversación entre estrenistas, le comentamos al director general que hemos entendido perfectamente el mensaje al haberse publicado la convocatoria para las ayudas al teatro y circo, lo que viene a mantenernos con el espíritu algo más tranquilo. El propio Miguel Ángel Recio nos confirma que su intención era que saliera en enero, mejor que en febrero y por eso salió publicada el día 30 de enero. Es la fecha más adelantada que sale publicada la convocatoria. Paradojas de las circunstancias. ¿Espejismos?

Porque en esos corrillos que se forman en estos eventos, alguien nos indica que la continuidad tiene fecha de caducidad: seis meses. No hay más argumentos. Es la rumorología, aunque venga de fuentes generalmente bien informadas. También nos aseguran la confirmación de los directores y directora de las unidades de producción del INAEM. Cuando este provinciano pregunta alguna posible razón sobre esos seis meses, la contestación es coherente. "Necesitan un tiempo los que acaban de llegar para saber qué quieren hacer, y de paso no crean ningún conflicto de cara a la selecciones andaluzas".

Bueno, radio macuto sigue lanzando emisiones cruzadas: "Mario Gas está confirmado como director del Teatro Español". Nos alegra. Y cosas de la capital, a la mañana siguiente, de manera casual, nos arriesgamos un catarro Mario Gas y un servidor, en un semáforo, y repasamos todo lo que acontece. Me asegura que ha tenido una agradable conversación con el actual director del área que rige los destinos del Teatro Español, y que hasta la fecha no le han dicho ni que sigue, ni que no sigue. No obstante, el nota, como notamos todos, que hay una pléyade de candidatos a sustituirle, algunos de manera muy ostensible y promocionándose y otros más tapados.

Seguiremos esperando los mensajes incuestionables: los que aparecen en los boletines oficiales correspondientes. Mientras tanto, a trabajar, porque los espejismos nos pueden equivocar la ruta.

Conocer otras realidades, otras circunstancias políticas, sociales, económicas donde se desarrollan las artes escénicas, ayudan a consolidar opiniones o a entrar en dudas activadas por las resoluciones de otros ante los mismos o parecidos problemas. Estamos en Recife, en su Festival Internacional de Artes Escénicas de Pernambuco, que celebra su décima octava edición del Janeiro de Grandes Espetáculos, y como es habitual en la inmensa mayoría de estos eventos en Brasil, además de una amplía selección de espectáculos internacionales, una escogida oferta de espectáculos nacionales, se dedican con cuidado a mostrar a los creadores locales, especialmente en la semana que invitan a curadores de otros festivales o a especialistas de otros países para entablar diálogos formativos o informativos.

Por lo tanto los festivales, son un marco que sirve de referencia a toda la comunidad de las artes escénicas, donde se ofrece la posibilidad de crecimiento conjunto, o en el que se establece procesos de colaboración que desembocan en proyectos, definiciones, acciones que buscan el reforzamiento de lo existente, además de plantear nuevas probabilidades, otras vías, una postura común ante los desafíos o ante los movimientos que se produzcan en el ámbito de las decisiones políticas.

Como tantas veces hemos repetido, programar es mostrar un pensamiento. El contenido es el único manifiesto del programador y no sus declaraciones huecas, retóricas, llenas de lugares comunes. Y en un festival, el contenido se define por las líneas de actuación artística, y por crear espacios para la reflexión, el debate o la intervención en asuntos y temas que afecten a la sensibilidad social y política de cada momento. Programar comprando al peso, cuadrando presupuesto, es la negación del propio concepto. Debe existir equilibrio presupuestario, obviamente, pero debe partir de una idea, de un pensamiento, de un objetivo artístico, social y político. Entonces es el contenido el que sobresale, el que convoca, el que prestigia.

Decía al principio que en ocasiones se consolidan opiniones. Y una de ellas es que en todos los lugares de la tierra existe una tendencia a considerar que su situación es peor que la del resto. No solamente en este caso con un océano de por medio sino que los vascos creen que están peor que los catalanes; los asturianos piensan que su futuro es menos claro que el de los andaluces y así podríamos seguir. Pero la verdad es que existen problemas generales de muy parecido calado. Lo que cambia es la manera de afrontar las soluciones. Importa mucho la fortaleza de las estructuras de los creadores y los productores, o la existencia reglamentación o legislatura que ampare el ejercicio de esos derechos culturales. No es lo mismo tener una Ley de Teatro, que no tenerla, ni se la espere, ni que exista una mínima reglamentación unificadora. No es lo mismo que existan una serie de grupos y compañías de gran aceptación popular y de reconocido valor artístico, que no. Y así sucesivamente. Las quejas sobre los medios de comunicación y el tratamiento dado a las artes escénicas es un problema universal sin soluciones a la vista,.

Y sobre las dudas abiertas, ha sido la insistencia del compañero argentino Marcelo Castillo en sus intervenciones en las mesas de debate, planteando la duda sobre quién debe legitimar a los artistas, si el poder instituido del momento, los medios de comunicación, los públicos, los propios profesionales, es lo que me ha dejado pensando sobre este asunto. Me parece un tema muy apropiado en estos tiempos de crisis, porque en la duda lleva incubada la inseguridad, la pérdida de reconocimiento de capacidad de presionar ya que esa legitimación o la falta de ella, debilita el propio discurso.

Las circunstancias nos sitúan en Madrid con bastante asiduidad, y uno siente que probablemente se está viviendo un momento de esplendor teatral. Las veces que uno va a los teatros, y es casi cada día de la semana, las salas están llenas. Se sabe que otros teatros también están con una ocupación bastante importante, cuando no con el cartel de no hay billetes. No me refiero a los musicales, ni al teatro más mercantil que también mantienen una actividad muy importante y con espectadores a los que no ningunearemos. Hablo de salas alternativas, de teatros institucionales.

Nos queda una duda, analizar los flujos y movimientos que se están produciendo en el terreno de la producción más independiente, de la creación, de las nuevas dramaturgias. En cualquier caso, sabiendo que nos movemos con todas las contradicciones de una actividad tan vulnerable, vamos a apostar por el optimismo, porque se mantenga esta frenética actividad, que se abran salas, que se corran riesgos, que se vaya acumulando fuerzas y como instancia básica, se busque lo básico, el control de los medios de producción, y en este asunto de las artes escénicas, eso pasa por gestionar teatros, por tener acceso a los escenarios, por tener a la disposición de proyectos artísticos las salas de exhibición.

Entre las muchas obras vistas, de todas las satisfacciones provocadas por actividades editoriales o de librería, uno ha asistido a dos grandes lecciones. Una sobre el escenario, a cargo de José Pedro Carrión y Valery Tellechea en el Teatro La Guindalera con Júbilo terminal, una obra de esas que conmueven por su grandiosidad como testimonio, por la generosidad de ambos, en donde se enfrentan la memoria, la historia, la escuela de Carrión y la vitalidad de Tellechea, en un duelo generacional que nos deja extenuados, por su calidad formal, por su sabiduría y porque nos plantea preguntas, nos abre un extraordinario campo para entender la profesión, su presente y lo que puede ser el necesario compromiso de futuro.

Por eso la denominamos una gran lección, porque se instala en el arte como manera de entablar un diálogo con los espectadores, que abre de par en par el granero de la creación, del oficio de actuar, de la significación del actor en nuestros tiempos y en estas circunstancias.

Lo mismo sucedió en la rueda de prensa dada en El Nuevo Teatro Fronterizo que encabeza José Sanchis Sinisterra, en lo que se denomina La Corsetería. Un lugar de encuentro. Un lugar para la investigación, la formación, la búsqueda de nuevas maneras de entender la creación teatral, la implicación de jóvenes generaciones de la mano de Sanchis, un maestro, en todos los sentidos, y que en esta ocasión su gran lección es volver a inventarse un espacio, fundamentar una opción creativa, en Lavapiés, para que su funcionamiento esté impregnado de la realidad circundante, con la irrevocable vocación latinoamericana,.

Proyectos, personas, maestros de esta índole son los que van construyendo una realidad teatral que debe crecer en términos cualitativos, que mantenga una vinculación con la profesión, porque los públicos, al menos algunos públicos, necesitan de propuestas de esta enjundia, de esta seriedad, de esta profundidad, donde la palabra compromiso no es otra cosa que una seña de entidad irrenunciable.

El director de la versión hollywoodiense de la novela "Los hombres que no amaban a las mujeres" declaró con desparpajo en una rueda de prensa que "la crítica de cine no sirve para nada". Se quedó muy tranquilo. Nadie pestañeó. La sentencia era universal. El tipo no es ningún recién llegado, y si se mira bien su currículum es alguien que ha ido ofreciendo trabajos solventes, por lo que su exclamación resonó todavía con mayor fuerza al cargarse de extrañeza la frase.

En estas páginas llevamos unas semanas en la que se contesta a los opinadores, en ocasiones con sentido dialéctico y otras con descalificaciones. Desde diversos frentes y con objetivos bien dispares. Por un lado significa que está la cosa viva, que hay interés por lo que se escribe, y que algunos, quienes se sienten aludidos, ofendidos, vilipendiados o maltratados se defienden. No seré yo quien se rasgue las vestiduras. El crítico es objeto de crítica exactamente igual que cualquier otro. No existe bula. Si alguien está en contra de lo opinado por cualquiera de los que aquí publican, tiene el derecho, pero además el apoyo y el respaldo, de quienes propiciamos que esto exista.

No obstante, como gato viejo, me encantaría advertir de algún riesgo que una excesiva suspicacia nos puede llevar a un agarrotamiento. Está claro que muchas veces se desconoce de dónde viene el crítico. Qué atributos, antecedentes, formación o disposición tiene quien se arroga el derecho a juzgar el trabajo de los demás. Es una antigua discusión que no sabemos casi nunca encontrarle la salida adecuada. Quien lo hace, generalmente, tiene vocación, argumenta, se coloca a mirar el hecho teatral desde un punto de vista personal, y tiene la oportunidad de hacerlo porque algunos medios se lo permiten ofreciéndole el espacio. O como sucede ahora, con su unipersonal blog.

La autoridad se la tiene que ganar cada uno. Si es respetado, aunque duelan, se aceptarán su críticas. Si solamente provoca miedo, mal asunto. La credibilidad se escapa por los odios. No existe un perfil idóneo, de manual. Incluso los que ejercen de críticos pasan por épocas, etapas, de mayor exigencia, de mayor dogmatismo, muy fanáticos de una vía. O muy pasotas. La ecuanimidad no existe. Acaso un equilibrio. Hay que aceptarlos con sus fobias y sus filias, siempre que no se coloquen en una actitud justiciera y repartidora de no se sabe qué.

Atacar universalmente al ejercicio de la crítica, es un retroceso. Probablemente no sabemos para qué sirve la crítica. Como no sabemos para qué sirve la vesícula. Pero si nadie se dedica a colocar unos márgenes, a situar un marco, a analizar, a intentar comprender, desmenuzar, y explicarlo a los otros, seguramente entraremos en un estado catatónico. Sin referencias, el todo vale, nos llevará a una agonía. Una cultura sin orientación, desnortada, al albur del mercado. Seguramente eso desearían muchos. Pero algunos pensamos que todavía es necesario confrontar gustos, estéticas, dedicar tiempo a la reflexión.

Quizás, lo que se debería ser más rigurosos, y tendríamos que advertir, como una categoría superior: "Crítica sin adjetivos", como en algunos productos biológicos o ecológicos pone "sin aditivos". O al contrario como en las etiquetas de algunos vinos, "contiene sulfitos". Se acepta como objeción razonable que se está bajando mucho el nivel de las críticas. En general. Por eso no es nada más que una cuestión de semejanza y contaminación con el ambiente en el que se producen. Hagamos todo lo posible para volver al entendimiento, a la tolerancia, a la discusión profunda a partir de ideas, de conceptos, de visiones dispares del mundo, el arte y la vida. Así sea.

Estaba desayunando en un bar en la plaza de Lavapiés cuando entró un hombre joven, con un montón de fotocopias en una mano y el Marca debajo del brazo y se dirigió al camarero entregándole su currículum: "estoy sin trabajo, puedo hacer sustituciones, trabajos extras, turnos, lo que necesitéis". "Esta la plantilla completa compañero, pero si falta alguien te tendré en cuenta", le contestó amable y profesionalmente el camarero. Y se fue, me imagino que a continuar repartiendo su CV, buscando trabajo de su especialidad allá dónde se lo podían dar.

Al salir me topé con el Teatro Valle Inclán, sede del Centro Dramático Nacional, que está en momentos de cambio de dirección, y me imaginé la misma escena, que alguien entrase, se dirigiera al jefe de producción, o al propio director, le entregase el currículum y se dijese las mismas palabras que el camarero en paro. ¿Qué le contestarían? Es más, creo que sería improbable esa circunstancia ya que para llegar hasta esos despachos hay que pasar muchas, demasiadas puertas y controles.

Y desde esa situación entré en el territorio de la reflexión sobre las contrataciones en los teatros públicos, que dicen de manera propagandística emplean en algunas de sus decisiones, "buenas prácticas", más todavía cuando ahora mismo se han convocado oposiciones para cubrir algunas plazas de técnicos en diferentes ramas. ¿Hay oposiciones para actores y actrices en algún teatro oficial del Reino de España para hacer sus plantillas artísticas? ¿Se convocan audiciones, reales, no simulacros, para hacer los repartos? ¿Quién decide estas contrataciones? ¿Cuáles son los criterios? ¿Existe algún porcentaje estipulado para atender no solamente a los parados de Madrid, sino de toda España? ¿Dónde, cuándo, cómo se convocan?

Y si pasamos al capitulo de autores, ¿dónde están los equipos de lectura de textos de estos centros? ¿Cuál es el sistema de selección de obras, autores, proyectos? ¿Está reglado, es aleatorio, caprichoso, por filiación o amistad o existe un mínimo planteamiento para que se haga con juego limpio y se pueda participar libremente? ¿Y los directores invitados como se eligen? ¿Por currículum, trayectoria, proyecto, convocatoria pública o restringida? ¿Es un concurso de méritos, intuición del responsable de turno, inspiración, amistad o relación sentimental plena o de compensación?

Vaya con el camarero la que me provocó. Parece que existe demasiado poder en las direcciones de estos teatros para crearse plantillas artísticas sin regulación ninguna. Aceptamos sin más los repartos, algunos realmente excelentes, pero nunca pensamos en cómo se ha llegado hasta ellos. Todos sabemos que existen afinidades, vínculos artísticos y son muy respetables, incluso saludables, pero cuando hablamos de entidades públicas, que manejan presupuestos públicos superlativos, la transparencia y la igualdad de oportunidades no sobran, sino que deberían ser obligaciones reglamentarias, además de que ayudan a dotar a las entidades de credibilidad.

Así de repente, uno comprueba que con muchos quinquenios en el oficio, jamás ha tenido una relación contractual, ni ha podido optar a casi nada, con ninguna entidad de estas características. A igual que la inmensa mayoría de autores, actores, directores, escenógrafos, figurinistas, iluminadores, sonidistas, dramaturgistas, críticos o periodistas especializados que yo conozco de todas las partes del Estado español. Y que no son, precisamente, los últimos de la fila. Por algo será. Igual no hemos dejado a tiempo ni en el lugar adecuado el currículum.

 

Empezamos el año 2012 con medidas económicas que nos colocan ante el temor de la recesión, lo que implica una bajada del consumo en todos los ámbitos y un nuevo empujón a la cultura de exhibición, en vivo y en directo, hacia la intemperie. Un invierno duro. Una cuesta de un desnivel realmente insalvable para muchos. Demasiado frío, demasiada empinada la vía hacia la meta. ¿Cuál es la meta? No sabe. No contesta. Sobrevivir es imprescindible. Pero no está garantizada la supervivencia por una simple voluntad de parte. Las circunstancias, el ambiente, la coyuntura van a ir pesando cada vez más, y esa sobrecarga va a hacer todavía más difícil seguir la marcha.

Me intertextualizo. Resistir es una actitud moral. Ética. Pero requiere de recursos mínimos. No se trata de una resistencia numantina, sino de una resistencia imaginativa, activa, que se sobreponga a todos los mazazos, a todos los impagos, las demoras, el vacío que parece abrirse con categoría de abismo y se refuerce a base de principios. Es una resistencia preventiva y activa para impedir que se desmantele con total impunidad lo poco conseguido en los últimos treinta años en los que hemos tenido una mala, por insuficiente y segmentada, regulación básica de las artes escénicas. En el nivel estatal y en el nivel de las comunidades, las diputaciones o los ayuntamientos. En todos los casos, y repito hasta que me sangren las yemas de los dedos de escribirlo, tomando las instituciones "competencias impropias", es decir sin nada que les obligue, lo que ahora se convierte en un lavarse las manos porque nada, ni nadie, les reglamenta la actividad.

Tomo las palabras del actual ministro, José Ignacio Wert, en la toma de posesión del Secretario de Estado José María Lassalle, "no vamos a acabar con la subvención a la cultura, pero hay que acabar con la cultura de la subvención". De acuerdo. Maticemos. Hablemos. Busquemos la manera más eficaz para que la inversión institucional en la cultura sea para que llegue a los ciudadanos y no para que se creen estructuras superpuestas, o se malgaste el dinero. Pero sin ayuda a la Cultura en general, la cultura universal y democráticamente al alcance de todos, es muy difícil que sobreviva. Es obvio que se debe contar más con los públicos. En ello estamos, pero no se puede pasar de ochenta o cero, sin cinturón de seguridad y que no se produzcan accidentes de pronóstico reservado.

Trabajemos, como hacíamos, desde la base. Seamos operativos. Nada de lloros, ni abajofirmantes como máximo esfuerzo. Se acabaron las medias tintas, ya están todas las señales de alerta disparadas. No, ahora es necesario remangarse, mirarse al espejo, de verdad, sin complejos ni caretas de nuevos empresarios sobrevenidos y ponerse a trabajar. En otras condiciones. Pero con toda la dignidad y siguiendo al poeta: "señalar, pues que vivimos, anunciamos algo nuevo". Un operativo de reconciliación con el tiempo histórico. Con ayudas o sin ayudas, pero contando con los públicos, a los que tanto deberíamos querer. Y no a los soplagaitas que los han tenido cautivos y adocenados. Nos queda todo por hacer. Y lo haremos con quienes quieran, no solamente resistir, sino avanzar con pasos firmes y sólidos.

Cada cambio de ciclo político desencadena una incertidumbre que acostumbra a paliarse con una fuente de rumorología aplicada. De momento, los agoreros no hemos acertado demasiado, y existe un ministerio de Educación, Cultura y Deportes, lo que nos deja un poco más calmados, ya que aunque sea con rango de Secretaría de Estado, la Cultura tendrá presencia presupuestaria propia, diferenciada y escalonada. Además, el nombramiento de José María Lassalle al frente de esa secretaría ha despertado confianza ya que ha sido en los últimos tiempos el urdidor de todos los asuntos culturales del PP y se le reconoce, cuando menos, cintura, capacidad de interlocución y un conocimiento de las realidades no excesivamente recabado desde un prisma muy sectario. Más de centro.

Hasta aquí lo que podemos constatar a fecha de hoy. El resto es un misterio, una inquietud, una esperanza, un rumor extendido. Con la tijera de recortar en una mano, los compromisos ineludibles contraídos por el Estado en estos años en la otra, y un estudio de lo que se quiere hacer en el futuro, se empezará a vislumbrar por dónde van a ir las decisiones. Pasemos a revisar algunos de los rumores. Yo he escuchado de boca de una persona generalmente bien informada, que hay una idea de suprimir el INAEM. Exactamente, yo pensé lo mismo, y exclamé como ustedes ¡No jodas! Si se suprime, como ya se intentó en la legislatura anterior, para convertirlo en una Agencia, veremos si esto ayuda a mantener el pulso mínimo o se resquebraja todo el edificio.

En algo estamos casi todos de acuerdo: las estructuras de personal en las unidades de producción del INAEM están fuera de toda lógica. La presión económica que provoca tener esas nóminas tan amplias y tan poco operativas, le resta viabilidad a las propias unidades de producción. ¿Cambiar de titularidad, sería una manera encubierta de realizar la tan necesaria reforma? ¿Hasta dónde debería llegar esta reforma para que se pudiera pensar en una nueva etapa que abriera nuevos caminos hacia el futuro?

En este orden de cosas, parece que existe cierto malestar por los nombramientos del anterior equipo de los responsables de las propias unidades de producción. Se hicieron con las elecciones convocadas y las encuestas anunciando lo que al final ha sucedido. No se cuestiona tanto a las personas elegidas, sino al tiempo político en el que se produjo. ¿Se tomaron las decisiones con algún tipo de consenso con el PP? Si se emprende la eliminación o sustitución del INAEM, ¿se podrían anular todos los nombramientos?

En el campo de las Artes Escénicas y de la Música se dan por inamovibles muchas rutinas que viene de los años ochenta y que quizás no estaría mal poner en el debate. Los gobernantes actuales tendrán que tomar decisiones, las asociaciones gremiales deberán defender sus intereses, lo que es indudable es que van a producirse cambios. Y notables. En la Red de Teatros Públicos se ha producido una nueva elección de presidente, y a los pocos días ha dimitido. También existe rumores sobre los auténticos motivos de esa renuncia.

Lo cierto es que existe una sensación de que los públicos están acudiendo a los teatros. En todos los rangos. Obviamente deben producirse disminuciones, al bajar la contratación, pero si el futuro lo hacemos en paralelo con los públicos y su apoyo, todo será más fácil.

Entre villancicos, la mirada a nuestra realidad escénica se edulcora. La buena voluntad se apodera de un estado de ánimo propenso a la fuga. Necesitamos algún signo que nos haga crecer la escasa confianza que nos queda. Miramos el calendario del año 2012 y nos parece que está muy en cuesta. Que tiene más de trescientos sesenta y seis días. Un año bisiesto que proclama sacrificios, recortes, angustias, lágrimas, incertidumbres miles. Por eso cantamos coplillas para escondernos del frío que sopla y buscamos un remanso, un tiempo de encochinamiento mental para no acabar enloquecidos antes de hora.

Casi nada apunta una leve pista para el optimismo, y sin embrago, debemos seguir en este camino que nos lleva a un destino incierto porque no hay vuelta atrás, ni giros a la derecha, porque más a la derecha está la pared. En un marco mal regulado nadie sabe las prioridades, pero en la desregulación que se nos avecina, solamente es posible aprender a frenar el último. Entramos en la fase de retroceso, y probablemente las mariposas vuelvan a ser larvas. Y las larvas proyectos abortados.

Los más listos se repeinan porque se sienten los elegidos. Ellos no van a tener ningún problema, están fabricados con un material parecido al corcho y por ello siempre flotan en las aguas claras o en las ciénagas. Están blindados, encapsulados, pertenecen a una casta ajena a toda realidad. Con ellos podemos contar para que protejan el arca de la mediocridad, de lo inane, de aquello intemporal, por estar fuera de toda relación con el espacio y el tiempo actual. Porteros de museos dramáticos, profetas del universalismo apócrifo o simples capataces del latifundio empresarial.

Debemos contar con todos para el juicio final. Mientras tanto, los trabajadores de la cultura, las almas cándidas del arte contemporáneo, los creadores cuya vida se funde con su obra, deberán reestablecer la comunicación directa, sin intermediarios ni profilácticos funcionariales, con lo que les da sentido a su existencia: los públicos. Con todos los públicos: los libertos y adictos a los musicales, los secuestrados por las redes del oligopolio, los despistados que renuncia a la aventura de lo desconocido, los hastiados de tanta reiteración y falsas promesas experimentales. Todos los públicos, el público. A ellos, a esa ciudadanía que son nuestros iguales, les debemos felicitar las fiestas, y reclamarles atención, solidaridad, complicidad.

Pero para ello debemos llevarles presentes nítidos. Rigor, calidad, trayectoria, fidelidad estética, compromiso ético, apuesta, búsqueda, personalidad propia. Con todos los errores y todos los desaliños. Los feos, los gordos, los altos, las bellezas despampanantes, todos, en una biodiversidad de géneros, estilos, formas y lenguajes porque no a todos nos gustan los mazapanes.

Esta debe ser nuestra ocupación. Andar firmes, cada uno con su bagaje y su ilusión, en la dirección hacia los públicos que nos esperan. Buscarlos, porque a lo mejor muchos de ellos ni lo saben todavía. Sin complejos, sin cortapisas, cambiando el paradigma, convirtiendo cada teatro en un foco de agitación cultural y teatral, amoldándose a la coyuntura económica y confiando más en los ciudadanos, en esos entes que alguna vez se convierten en públicos. De tú a tú. Cuerpo a cuerpo. Viva el Teatro.

 Andamos por tierras argentinas. Ahora mismo en Rosario, la ciudad donde nació Lionel Messi, jugador de fútbol que creció a base de hormonas y pan con tomate catalán y que maravilla al mundo. En Argentina cruzar conversaciones de fútbol y teatro es algo bastante normal. Son dos de las pasiones del pueblo argentino y eso se traduce en su cosmovisión del mundo, del fútbol y del teatro, y conforman una manera de ser.

Hemos podido ver en directo por televisión los actos de la toma de posesión de la nueva presidenta argentina, Cristina Fernández y fue todo un acto teatral, su manera de hablar tanto a los diputados como posteriormente a sus seguidores, tenía una clara marca teatral, sus pausas, sus enfatizaciones, sus perlas demagógicas bien repartidas, una dramaturgia del vencedor que le dotaba de un poder comunicativo excelente. Significativo en cuanto la credibilidad que transmitía y su perfecta ejecución técnica.

Otra cosa es lo que suceda con su mandato, sus políticas y sus decisiones. Aunque se esté de acuerdo o no con sus idearios, las gentes del teatro con las que hemos tratado han reconocido que en los años de su mandato se ha consolidado de manera eficaz el sistema de ayudas, se ha reforzado el poder instrumental del Instituto Nacional de Teatro, y parece que viviendo en el siempre delicado equilibrio, se mantiene el pulso vital alto del teatro argentino en general.

El nos que usamos al principio es porque somos varios los directores de revistas, actrices o productores que hemos coincidido estas semanas, tanto en Buenos Aires como aquí en Rosario, donde estamos en Experimenta, un festival que busca resaltar el trabajo de grupos creativos y que nos ha convocado para conocer la situación de las revistas de teatro de diferentes partes del mundo. No queremos llorar más. La situación, por crisis económica, por crisis estructural o por crisis intelectual, no parece muy boyante, aunque existe una clara voluntad generalizada de mantenerse, de seguir luchando, de plantar cara a la situación, aunque despojados de romanticismos o mesianismos, sabiendo que podemos estar más solos que nunca ya que, en términos generales, los diferentes gremios que conforman la Comunidad de las Artes Escénicas, no tienen costumbres tan propias de una actividad tan movida como es la información constante, el conocimiento de lo que sucede para estar al día, y por ello no leen, ni siquiera cuando las revistas son gratuitas. Tampoco parece que se haya instalado la cultura de la suscripción.

Y en todos los lugares, se siente esa soledad, o esa duda metodológica sobre para qué y para quién se hacen las revistas. Todos reclamamos una actitud más comprometida del sector para que aguanten estos proyectos que, creemos los interesados, ayudan al crecimiento global de todos los interesados, incluso de los públicos más activos.

Unos compañeros aprovecharon su instancia en Buenos Aires para ir al magnífico Teatro Colón a presenciar una opereta, La viuda alegre, y en una de las escenas, la protagonista para intenta mover a los tertulianos del bar les indicó algo así como: "salgan que en la puerta está Messi firmando autógrafos". Y se movilizaron. Esta "morcilla" nos sitúa en un plano de cruce, de esa convivencia en el mismo orden de emociones del fútbol y el teatro, en ese caso la ópera, y de la universalización de un jugador como el mencionado. No se produjo en la sala, me cuentan, nada más que un sonido aprobatorio, ligeros aplausos, pero nadie se sintió extrañado. ¿Qué sucedería en nuestros coliseos líricos una actitud semejante? Pues, depende de donde sucediera. En Barcelona ovación. En Madrid, pitidos. En Bilbao, división de opiniones.

Que Paco Nieva esté en la Real Academia de la Lengua Española jugando con sus luces y sus sombras, con su postismo, su imaginario, su invención colorista y petardista de vocablos y recuperación de expresiones adornadas me reconforta, como sabiendo que ahí tenemos a alguien que nos cuida las espaldas teatrales. Incluso Buero Vallejo aposento su misticismo castellano. Miren, hasta un forofo como Luis María Anson, puede andar por la santa institución fijando vocablos provenientes del mundo teatral desde la escritura, pero que el insigne José Luis Gómez llegue al asiento Z, nos coloca ante una magnífica realidad: los académicos confían más en el Teatro, que los teatristas.

Tiene escrito desde hace mucho Alfonso Sastre (¿por qué se la excluido de la Academia y de tantos lugares donde se merece estar?), que los autores de teatro hacen "parlatura", para distinguirla de la literatura, ya que son palabras, escrituras para ser dichas, parladas, concepto que José Sanchis Sinisterra acoge y convierte en "narraturgia", cuando se refiere a la escritura para escenario.

Los académicos, al hacer entrar a su sede a un actor, director, estudiosos sin apenas una línea de pensamiento o de creación escrita, reivindican un magnífico intangible: decir un texto es tan importante como escribirlo, y esa Academia es de la Lengua Española, y la lengua se magnifica cuando se dice de manera excelsa desde un escenario o ante una cámara de televisión o de cine. Estamos, pues, ante un hecho histórico, un signo de apertura y de modernidad incalificables de los académicos, ya que la referencia de este nuevo académico, no sobre creación literaria propia, sino de la interpretada o dicha. Una paradoja que nos descoloca pero, a la vez, nos congratula.

Lo que no es de recibo es que se intente señalar que Gómez es una especia de sustituto de Fernán Gómez. No. NI por trayectoria actoral, ni por trascendencia de su obra se pueden comparar. Y además Fernando Fernán Gómez escribió obras de teatro magníficas, series de televisión, guiones de cine, y unas memorias, artículos y novelas que le confiere otro rango. Ni mayor ni menor, pero no comparable,

Bueno, tenemos a un académico dirigiendo el Teatro de la Abadía, y dirigiendo un texto de Paco Becerra. Eso es lo importante, que con sillón o sin él, es un hombre de teatro de primera línea, uno de los nuestros, con una coherencia en su trayectoria realmente importante, ahora con un laurel que no acabemos de saber de dónde y por qué le viene, pero que nos satisface que lo luzca. Tendremos que recordar su espléndido "Informe para una Academia" con el que lo conocimos.

Nuevo número de la revista ARTEZ


Visita nuestra librería online

Todos los libros de la editorial artezblai