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Sáb, Dic

CARLOS GIL ZAMORA (Barcelona, 1950)
Estudió Interpretación y dirección en la Escola D'Art Dramatic Adriá Gual, hizo los cursos de Diplomatura en Ciencias Dramáticas en el Instituto del Teatro de Barcelona y estudió dramaturgia y guión de cine en la Escola d'Estudis Artistics de L'Hospitalet de Llobregat. Ha dirigido más de una veintena de espectáculos, con obras de Dario Fo, Ignacio Amestoy, Joan Manuel Gisbert, Luis Matilla, Patxi Larrainzar, Jorge Díaz, Oswaldo Dragún o Heinrich von Kleist, entre otros. Ha actuado en numerosas obras de autores como O'Casey, José Zorrilla, Miguel Alcaraz, o Elmer Rice, bajo la dirección de Ventura Pons, Josep Montanyés o Ricard Salvat. Ha escrito diversos textos y ha producido una decena de espectáculos para compañías como Akelarre, Teatro Geroa o Teatro Gasteiz. Fue miembro de la Asamblea d'actors y directors de Barcelona que organizaron el Grec en los años 1976-1977 y coordinó las ediciones de 1980-81 del Festival Internacional de Teatro de Vitoria-Gasteiz. Desde 1982 ejerce la crítica teatral en diversos medios de comunicación del País Vasco, y desde 1997 dirige la revista ARTEZ de las Artes Escénicas. Ha colaborado con varias revistas especializadas, ha impartido diversos cursos y talleres y ha participado como ponente en multitud de congresos, encuentros y debates, además de realizar las crónicas de multitud de ferias, festivales, muestras, jornadas y eventos por todo el mundo.


 

En tiempos de apuros presupuestarios se acaban las alegrías. Los recortes comienzan por los festoneados de alrededor, pero acaban incidiendo en el núcleo duro. Existen dos posturas ante los recortes. Quienes intentan que no se note, es decir que con mucho menos presupuesto mantiene los mismos días de programación, pero rebajando la calidad, y aquellos que optan por rebajar lo días de programación de un festival, o suprimir algunos de los apartados de la programación general, para mantener un nivel de calidad parecido. Esto era en una primera fase de la crisis, ahora parece que es imposible que no se note que se ha rebajado el presupuesto para cultura, y en concreto para las actividades de exhibición de las artes escénicas en cantidades que ya empiezan a ser escandalosas.

Pero si se miran muchas de las actividades que se realizan en este campo, en algunas ferias, por ejemplo, uno se da cuenta que el grueso del presupuesto no va directamente a las Artes Escénicas. Es decir, no se gasta en contratación de espectáculos, ni en talleres, ni en casi nada que tenga que ver directamente con lo que es la parte creativa, o sea cultural, sino en alquileres de material para hacer de espacios no pensados para las prácticas escénicas, lugares más o menos adecuados. O para la hostelería en forma de invitación a programadores y compañías a la pernoctación y/o a la manutención durante la feria o el festival. Muchas de estas partidas deberían salir, no del rubro de cultura, sino de industria o turismo. Sería una manera de ampliar las posibilidades de mantener la misma oferta artística que es lo que importa.

Pero en estos momentos, en diferentes lugares de la tierra teatral, se está abriendo un debate sobre la manera de financiación o de reparto de las cargas presupuestarias en diferentes festivales, de todas las categorías, en donde se realiza la programación sin apenas pagar casi nada a las compañías, lo que está produciendo un circuito de festivales que se realizan con presupuestos low cost, corriendo todos los riesgos a cargo de los artistas y que cuando se trata de lugares lejos del lugar de residencia, son las instituciones locales, regionales, comunales o estatales quienes corren con todos los gastos de viajes, de parte del cachet y otros asuntos.

Estas acciones se pueden mirar desde dos perspectivas: la de exportación, apertura de nuevos mercados, y entonces parece bastante lógica la ayuda, pero por otro lado se está creando una costumbre que está alterando las bases del libre mercado y la libre competencia. Compañías de autonomías sin recursos, no pueden acudir a las citas, aunque sean invitados, mientras encontramos a algunas compañías, muy bien relacionadas, con espectáculos bastante flojos, que viajan y viajan y se alimentan de los recursos de todos, por la existencia de unas convocatorias muy laxas en cuanto a los requisitos para acceder a estas ayudas, pareciendo igual el tipo o a calidad del festival al que se acude.

Tampoco hay que olvidar que desde diferentes ministerios se hacen aportaciones a la supuesta exportación, con programas que se basan en asuntos de diplomacia u otros misterios, y en las que se encuentran espectáculos que casi no han tenido vida pública aquí, pero están bendecidos por alguien que es su mentor en esas estructuras ministeriales. Estos recursos, están muy controlados, muy dirigidos, tampoco son fruto del libre mercado, de la competencia abierta.

Todas las circunstancias anteriormente expuestas, mediatizan las obras, compañías, espectáculos que giran por el extranjero. Sin festivales o programadores externos que contraten en las mismas claves económicas que aquí, las posibilidades de dirigismo parecen evidentes. No quisiera extender una sospecha general, simplemente advertir de una realidad que tiene muchas aristas. Una cosa parece clara, cuando todo el dinero sale del mismo lado, en estos momentos de crisis, sí sería bueno plantearse de nuevo estas acciones, repartir mejor las cargas, atender primero a lo fundamental, no sea que estemos gastando más en las cintas que en el manto.

Por edad, condición social, ámbito de crecimiento en el mundo del teatro, pertenezco a una escuela de estoicos en donde se nos indicaba casi con voz cuartelera que: "una función solamente se suspende por la muerte personal del actor". Este menaje repetido y comprobado sobre la escena, pertenece a una tradición de los cómicos de la legua, cuando en cada función se ganaba el pecunio del día, o dicho con otra frase de aquellos tiempos: "cartel en la esquina, puchero en la cocina". Hoy, cuando la sociedad ha avanzado en muchos terrenos, cuando la profesión de actor se enmarca en un campo de derechos y seguridades, esa idea de que el espectáculo no debe pararse si no es por una causa mayor, tiene muchas cuestiones en entredicho.

Pero, ¿qué es una causa mayor? Aquí entran ya todas las matizaciones y todas las probabilidades. Yo he visto a un actor hacer un papel cómico, con su madre de cuerpo presente. Hacía su parte, salía del teatro, velaba a su madre, y se perdía solamente el saludo final. Porque después a la segunda función allí estaba de nuevo. No hubo manera de convencerle. En una compañía con más de veinte personas, pesaba más la responsabilidad que el dolor. En una gran obra, a una pareja de actores, hoy muy conocidos, se les murió un hijo en un accidente de piscina y siguieron las representaciones. Yo he hecho una función con un cólico nefrítico en trance de desaparición, y he visto hacer un Segismundo con el actor sufriendo el cólico nefrítico. La casuística es múltiple, y probablemente se puede entender que llevar hasta las últimas consecuencias esta premisa deshumaniza el propio trabajo de actor, lo convierte en un ser dotado de una coraza que le separa de cualquier realidad emocional propia. Y no se trata de eso. Porque yo también he visto suspender una gira por la muerte de la madre de la actriz. Atrasar estrenos por el ingreso del hijo de uno de los actores. Es decir, se trata de una decisión personal.

Estamos hablando del dolor ajeno. De ese dolor ilocalizado que se produce ante una situación traumática sobrevenida, o fruto de una larga enfermedad, cuestiones que diferencian. Y ante la muerte, por accidente o por enfermedad, cada uno reaccionamos de la manera que podemos y sabemos. Y por experiencia propia, que llevo veinticinco años escribiendo por lo menos un artículo diario en un periódico, por lógica, he tenido que entregarlos en todas las condiciones físicas y emocionales posibles, y aunque solamente sea como un testimonio, el acto de concentrarme en la escritura, era, por así decirlo, una enajenación transitoria que me liberaba del dolor, incluso lo podía canalizar en mis escritos.

La semana pasada han sucedido dos casos, uno muy conocido y otro casi secreto. En el primero Toni Cantó perdió una hija de dieciocho años en un accidente de automóvil provocado por un conductor borracho. Esta hija es fruto de una relación con Eva Cobos, y la noticia que se transmitió con un cierto morbo es que había realizado las funciones programadas en Barakaldo, que no asistió a los funerales. Se le reprochaba esta actitud. Y yo me pregunto, ¿quién es nadie para entender el dolor ajeno? En este caso, su decisión sería fruto de estado emocional, de la relación con su hija y la madre de ella, de tantas circunstancias, que si hubiera suspendido, me hubiera parecido estupendo y si no lo hizo, también. Y no se trata de su conciencia, sino de capacidad para asumir una trágica realidad, las salidas que encontró el hombre para acomodarse dentro del cataclismo. Y decidió actuar. Pues lo aplaudimos. Y nada más.

El otro caso es de uno de los columnistas de este periódico, Víctor Criado. Pasada la fecha de entrega de su artículo semanal, le escribí un correo electrónico con un asunto: ¿algún despiste?, para indicarle que no sabía si lo había mandado o no, y de repente, a los dos días, me dice que acaba de enterrar a su padre. Pero me indica que me manda el artículo que ha escrito en el viaje. Emocionante. El artículo está publicado y si no se está en el conocimiento de esta situación no se ve ningún trazo de su dolor interior.

En ambos casos, además de comprender su estado de ánimo, de solidarizarnos, podemos compartir su dolor, peor no tenemos, nadie, ningún derecho a entrar en valorar el dolor ajeno. Mucho respeto. El pudor debe presidir estas circunstancias.

Esto en el terreno de la ética porque en la cuestión técnica creativa, la influencia de los estados de ánimo en el proceso de escribir, de actuar o de cualquier otro acto creativo, es asunto de mucha enjundia que requiere de otro desarrollo.

Quería titular cosas de la técnica. O cosas de la tecnología. Pero a lo mejor quería decir, cosas de la política. Pero no, mejor así, utilizando la muletilla televisiva o radiofónica, de cosas del directo. Viene a cuento por lo sucedido en la reapertura de uno de los mejores teatros del mundo, el Bellas Artes de México DF. Han sido varios años de remodelación, de adaptación de sus estructuras técnicas y tecnológicas a la altura de su categoría y con los avances más actuales en la ingeniería escénica mundial.

Remodelaciones, adecuaciones que cuestan muchos millones, que implican, en muchas ocasiones, intervenciones de diferentes departamentos ministeriales, que se hacen por concurso, que se recurre a los especialistas más significados del mercado. En este caso, paralelamente a la remodelación han habido problemas, conflictos, cambios de gestión y titularidad del propio teatro no explicados y muchas sospechas de que se esté tendiendo a una privatización. El edifico es una maravilla, su interior era realmente impresionante. Parece que han desaparecido puertas, muebles de madera noble que valían un potosí y han sido sustituidos por elementos más funcionales, quizás más apropiadas a las normas de seguridad de estos tiempos.

A lo que íbamos, en su inauguración se presentaba "El jardín de los cerezos" de Chéjov en montajes del Teatro Nacional de México dirigido por Luis de Tavira. Pues, según los cronistas, el equipo de regulación de la iluminación enloqueció, tomó vida propia, encendía y apagaba focos de manera caótica, se pasaba al oscuro total, me imagino que intentando "resetear" el sistema. Los actores, según nos cuentan, decidieron seguir interpretando su obra. Hubo media parte, gritos, carreras por los pasillos, intentos de cortar ese ridículo que se producía ante las autoridades y las fuerzas vivas. Pero muchos de los invitados optaron por marcharse. La tecnología se había rebelado. Las prisas, la falta de entrenamiento, los dispositivos cada vez más complejos arruinaron un estreno, una inauguración y plantean una duda más que razonable.

¿Toda la tecnología punta, todas las técnicas que se aportan a los escenarios están aprovechados convenientemente? Cuando se dota a los teatros, auditorios, salas del equipamiento escénico, ¿se hace pensando en el futuro, tras un estudio apropiado y pensando en quiénes deben utilizar esos aparatos cotidianamente? Para entrar en materia y por derecho: los técnicos de escenario necesitan, más que nadie, una constante puesta al día de sus conocimientos. La formación en estos campos se está normalizando, pero a lo mejor habrá que ir pensando en grados superiores, porque la complejidad de algunos sistemas, requieren personal apropiado para solucionar in situ los problemas. ¿Un informático antes que un maquinista? ¿Un ingeniero de sistemas antes que un sonidista? Seguro que las asociaciones más emprendedoras, y los centros de formación especializados, saben mejor que nadie qué se debería implementar para hacer que todas las inversiones que se colocan en los edificios emblemáticos, estén en perfecto orden de uso y las incidencias sean pocas y se minimicen.

Y una advertencia, México es tierra de teatro. De teatros. De creadores. Es un campo muy vivo, muy activo. Contamos esta circunstancia sucedida el pasado sábado porque nos sirve para reflexionar, pero sinceramente, ojalá la estructura de formación, creación, ayudas, protección y producción en el Estado español tuviera la garra de la mexicana, y sus buenísimos teatros, tanto para el teatro más convencional como para los nuevos lenguajes escénicos que requieren de espacios más polivalentes. Les ha sucedido este incidente y de ello debemos sacar todos alguna lección. La más importante la profesionalidad del equipo actoral, que en medio de la catástrofe siguió haciendo la representación. Un aplauso. Cosas del directo. Y de las imprevisiones, las prisas y la fijación de fechas desde los despachos sin atender a las necesidades a pie de obra y fijándose en el calendario político. El Teatro Bellas Artes de México es un edifico maravilloso, y ahora tiene un escenario moderno. Aplausos.

El señor Eduardo Bautista, jefe ejecutivo de la Sociedad General de Autores y Editores, confiesa que gana doscientos cincuenta mil euros al año, y que cuando se jubile, recibirá el sesenta por ciento de esa cantidad, más, se imagina uno, lo que le corresponda por sus cotizaciones, y más lo que haya ahorrado en un plan de jubilación privado. De entrada, los sueldos de ciertos cargos, me parecen indecentes. Pero cuando explica el señor Bautista las motivaciones para llegar a esas cantidades, que cuando entró cobraba trescientos euros, y que fue subiendo sus emolumentos según iban creciendo los ingresos por recaudación de la SGAE, es cuando entendemos de manera meridiana las motivaciones por las que la marca más desprestigiada en el Estado español a nivel popular sea la SGAE: el ánimo de lucro, la ambición desmesurada de su directivo máximo y, se supone, todo el equipo que le rodea. No hay más motivación que la crematística. Y, lo que es peor de todo, no sé si alguien se ha puesto a pensar sobre lo que cobran los autores a los que estos señores representan. Dicho en corto, ¿cuántos autores, compositores, ganan esa cantidad al año por derechos? ¿No es una situación insostenible o al menos paradójica?

Como miembro sin voto, claro está, de esa sociedad de gestión con unos estatutos muy poco democráticos en los que no existe el principio igualatorio de un hombre un voto, sino una cantidad de euros ingresados, un voto, y no es broma, me encanta que además de conocer este sueldo del presidente, se nos quiera vender la moto de que se va a hacer una campaña para variar la tendencia de repulsa social a su gestión. Para decirlo en términos sencillos: un lavado de cara. Y es que es muy necesario, pero ese lavado se debe hacer con el jabón de la claridad, con el agua cristalina de las cuentas sobre la mesa sin subterfugios, y con una acción política que no puede retrasarse mucho más: la libertad para que cualquiera pueda gestionar los derechos de cualquiera.

Es decir, estos que cobran tanto, con sueldos no capitalistas, sino sueldos de los conspicuos representantes del capitalismo más salvaje y bancario, deberían propiciar la libertad de creación de sociedades, que cualquiera vaya, funde una sociedad, una oficina, una agencia, la inscriba en un registro y empiece a trabajar como en otra actividad más y no como hasta ahora, que se necesita una concesión administrativa, lo que significa que solamente tienen autorización los que administrativamente, que se pude traducir por políticamente, sean convenientes. Y al señor Bautista, con el debido respeto le pediría un poco de humildad, que sé que es muy difícil tenerla cuando se cobra como un controlador aéreo, pero no diga que cobra menos que otros en su cargo en otros lugares. También cobro yo bastante menos que mis pares en Alemania, o los fontaneros castellanos que los fontaneros franceses. Un poco menos de demagogia y si quiere recuperar el prestigio que en su momento tuvo la SGAE, empiece por ponerse del lado de todos los creadores y no de unos cuantos. Yo le escucho y le leo con mucha atención, y estoy de acuerdo en un porcentaje muy alto de lo que dice, pero cuando veo lo que hace y cómo lo hace, y a qué precio, me parece que usted tiene un problema de disfunción ideológica. O quizás no, tendremos que dar por bueno que uno no es lo que dice que es, sino lo que hace. Y lo que cobra.

Pero empecemos por el principio, hagamos pedagogía sobre la creación, los derechos, la propiedad intelectual, etcétera, pero sin meterlo todo en un cóctel demagógico y absolutista. No es lo mismo el derecho que la imposición. Y un canon que se reparte de manera oscura y con criterios, a mi entender, muy poco democráticos, o todas las presiones con leyes poco democráticas, no tiene absolutamente nada que ver con la defensa de los autores, sino, me temo, que la del sueldo de los directivos que gestionan la sociedad de gestión.

Ojalá me equivoque. Ojalá aprendamos con datos, ejemplos, verdades, de qué estamos hablando y de qué protestamos. Pero en estos momentos, mientras escribo estas líneas, se escuchan ruidos de pacto entre los dos partidos mayoritarios para resucitar la ley Sinde en el Senado. Una mala noticia. Aquí casi nunca hay tiempo para las sonrisas porque nos empujan con demasiada frecuencia a las lágrimas.

La violenta agresión sufrida por Pedro Alberto Cruz, Consejero de Cultura de la Región de Murcia merece nuestra más enérgico repudio, sean cuales sean las supuestas motivaciones que llevaron a cometerla. El que la agresión se haya perpetrado con un puño americano, es decir con un instrumento para hacer más daño, nos provoca un estado mental de incomprensión mayor. Nos solidarizamos con Pedro Alberto, con toda su familia, con todos sus amigos y compañeros de partido y gobierno, simplemente pedimos humildemente que no se haga de esta circunstancia un problema mayor del que ya es de por sí.

Esta horrible circunstancia nos sirve para analizar uno de los casos más evidentes de que la situación económica general está produciendo graves problemas en toda la estructura cultural. Reiteramos: un abrazo a Pedro Alberto, una pronta recuperación y seguimos con nuestra opinión. Porque hemos conocido a este hombre, hemos sabido de su implicación con el desarrollo de las Artes Escénicas en Murcia. Cuando llegó a la Consejería convirtió en sustancia presupuestaria las vindicaciones de los profesionales. Puso sobre la mesa, sobre la escena, unas cantidades de dinero que ayudaron a consolidar proyectos, a respirar con mayor capacidad a compañías, pero al poco de tomar estas decisiones, empezó a asomar la crisis. Y en una región como Murcia, cuya riqueza estaba tan vinculada a la construcción y el turismo residencial, los efectos no tardaron en dejarse notar.

Estuve a principios del noviembre pasado en las salvadas a última hora Jornadas que organiza "Murcia a escena", y en el último día de las mismas un director general llegó con muy malas noticias. El recorte parecía de mayor entidad que el que se tenía previsto. He vivido en el terreno corto, es decir en una mesa, las explicaciones, la confesión de una situación económica de muy difícil solución, y que informaba de la urgente necesidad que tenían que recortar todos los programas. Es decir, existen problemas, probablemente añadidos, porque entre otras razones, se trata de una autonomía uniprovincial, una demografía muy delimitada y el crecimiento estaba desequilibrado. Pero nadie olvide que en los últimos años, antes de Pedro Alberto, pero con Pedro Alberto como catalizador de las propuestas anteriores, Murcia ha tenido, en términos relativos, unas ayudas superiores a la media, tanto en lo referente a la producción como a la exhibición. Edificios emblemáticos, programaciones punteras, pongo por caso Molina de Segura, y, sobre todo, la joya de la corona, el Centro Párraga.

Y ha sido en el época de Pedro Alberto, en la que este Centro Párraga, uno de esos edificios que se dedican al arte contemporáneo, pero que han desarrollado una actividad en artes escénicas, a la vanguardia de todo el Estado español, una referencia incuestionable, que después de estar en lo más alto, ha ido sufriendo recortes presupuestarios, hasta llegar a este momento en el que es casi inviable en cuanto a lo que se había hecho, actividad continuada, talleres, coproducciones, presencia de los más vanguardistas artistas europeos, es decir una oferta ejemplar en su ramo. Hoy está en la cuerda floja.

Este Centro Párraga, junto a La Laboral, fueron conjuntamente marcando desde la colaboración institucional un territorio donde florecía la creación de nuestros tiempos. La contemporaneidad en las Artes Escénicas.

Desgraciadamente, ambos lugares, por cuestiones económicas, han sido borrados del mapa operativo. Curiosamente en las últimas Jornadas mencionadas, estuvo Mateo Feijoo, que abrió La Laboral gijonesa, ahora inventando propuestas en Berlín, buscando colaboración del Párraga a través Juan Nicolás, su director.

Es decir, la sostenibilidad es lo que se busca. Lo hecho quedará, aunque un corte en las actividades es un mal síntoma, porque el olvido es un ácido corrosivo. En tiempos de crisis, se busca conservar lo existente, y en el arte son tiempo de retroceso, de vuelta a lo asimilado, lo seguro, lo de siempre. El teatro se resentirá en general de la crisis, pero donde más se va a notar es que van a desaparecer estas ofertas, estos lugares donde plantear el teatro de hoy y mañana, donde desarrollar nuevos lenguajes, otro tipo de relación con los nuevos públicos.

Que se restablezca pronto Pedro Alberto Cruz. Insistimos, no existe ninguna excusa para esta violencia. Pedimos que se recupere y que siga intentando desde su lugar actual de responsabilidad o en otro, revitalizar la vida cultural, establecer los mínimos vitales para el teatro y la danza murcianas.

En la revista Zaspika que se entrega con el periódico donostiarra GARA todos los domingos, en el correspondiente al día 9 de enero de 2011, aparece en portada Guy Martini, el que fue durante unos años programador cultural en la Fundación Siglo de la Junta de Castilla y León y director del Festival Internacional de las Artes de Castilla y León que se sigue celebrando en Salamanca.

Lo curioso es que aparece en este dominical como geólogo. Y es que Guy Martini es doctor en Geología y ha trabajado durante muchos años para la UNESCO para realizar muchísimos programas en todas las partes del mundo y acudió a Euskadi porque la propia UNESCO y el Comité de Coordinación de la Red de Geoparques Europeos, le había concedido la entrada en dicha Red a la Asociación para la Gestión del Geoparque de la Costa Vasca, que está integrada por los municipios de Deba, Mutriku y Zumaia. Le hacen una entrevista, y en ella relata que en un momento de su vida se sintió un poco colapsado con su trabajo y decidió intentar dedicarse a la gestión cultural. Y de ese impulso, tras varias vicisitudes, acabó gestionando un grandísimo presupuesto cultural y específicamente teatral de la Junta de Castilla y León.

Tengo el honor de conocerlo personalmente, de haberlo entrevistado, de haber compartido momentos de distensión y ensoñación y me pareció siempre un tipo vivaz, interesante, que en sus primeros años buscó apoyos y consejos y que después fue volando en solitario, tanto que acabó perdido en los entramados de la gestión política, entre las componendas de los grandes festivales europeos y en los reflejos de todas las envidias y miserias del sector.

En este caso lo que queda claro es que para al gestión cultural, especialmente para los asuntos referentes a las Artes Escénicas, en los niveles de designación directa, puede servir cualquiera, aunque su currículum no tenga absolutamente nada que ver con nada cercano a ello. En este caso, podríamos decir que la cosa salió bastante bien, pero se le notaba al hablar con él, que fallaba en los matices, que tenía una visión global de los asuntos culturales muy formada y en ciertos temas de gran altura, pero que en cuanto se acercaba alo concreto, a un festival de teatro, a los niveles actuales de lo novedoso fuera de las modas, iba, como todos, al mercado, a buscar lo más bueno, lo más caro o lo que quedaba.

¿Se imagina alguien que un doctor en cualquier rama de las Humanidades, decida un día cambiar de tercio, y le ofrezcan dirigir por ejemplo el Museo de la Ciencia de Valladolid? (Dicho sea de paso, la llegada de Guy Martini a Valladolid fue, en primera instancia, para dirigir este museo, pero, cosas del destino acabó donde decimos). No. Nunca. Jamás. Ni en los puntos de máximo nepotismo. La Ciencia, las ciencias, se respetan, interna y externamente. Nadie se nos ocurre discutir con un químico, farmacéutico o matemático de sus asuntos, pero todos se sienten autorizados a opinar de un cuadro, una obra de teatro o una novela. ¿Por qué esta facilidad para verter opiniones espontáneas sobre las artes?  Que diagnostiquen los sicólogos y sociólogos. Una de las reivindicaciones que se deben cumplir con urgencia es el reforzar profesional y docentemente a los gestores culturales. Carreras específicas, doctorados, especializaciones. Y que todos se reciclen. Aunque hay casos de difícil solución.

Considero que es mejor que un clínica la dirija un médico o como alternativa con la ayuda de un gestor de hospitales con preparación específica, que el primo camillero del consejero de turno. Pues, lo mismo en la Cultura, y más en las Artes Escénicas: son tan específicas, es un material tan sensible, tiene tanto años, que no sirve con la mitificación científica, ni se puede construir un buen currículum únicamente con cursillos superficiales. Es necesario algo más, ese añadido de sensibilidad, de conocimiento, que si es, además, por haber pasado por un escenario, por un estudio de danza, una orquesta o algo similar ayuda. Y ayuda mucho. Y eso se nota tanto, tanto, que no hace falta insistir mucho más.

Esta primera semana del año 2011, se va a producir un acontecimiento de gran importancia en el sistema teatral estatal español. Rodrigo García estrenará su última obra, 'Gólgota Picnic', en coproducción con el Centro Dramático Nacional y en una de las sedes de esta organización madrileña. Hace dos años, en el mismo lugar fue Angélica Liddell quien estrenó una de sus últimas obras. Algún creador contemporáneo más ha pasado en los últimos años por esa estructura estatal tan centralista y obsoleta. Cuando se mira con perspectiva se entiende que los arriba mencionados han formado parte de una cuota, como para aligerar los pesos de la mala conciencia.

Dijéramos que la normalidad que sería que los creadores que más reconocimiento tienen en todo la Europa teatral, que concitan las más grandes procesos críticos junto a unas corrientes de opinión y de públicos muy activos, deberían tener, por lógica, un lugar adecuado en las programaciones de los aparatos de producción que más presupuesto estatal consumen. Pero la anormalidad es la constante de un ministerio descabezado. Y para no darle la importancia que no tiene, no se trata de la actual ministra de las SGAE, sino que es un vicio ancestral, se diría que una de las lagunas básicas desde la fundación del Centro Dramático Nacional, entidad que de alguna manera sustituía a los Teatros Nacionales franquistas.

Se seleccionan a directores por procesos nada claros, que una vez elegidos consideran les han nombrado duques de un castillo feudal. Ellos reinan sobre todo lo que se hace dentro de las murallas de su feudo, contratan, eligen las obras, y si miramos en las programaciones de los últimos veinticinco años, comprobaremos como se trata de una sucesión de caprichos, de resucitar fantasmas de cada director, sin aparente coherencia, pero que es la visualización de una ideología muy clara: conservadurismo, divismo, personalismo, colocar al director de escena por delante de todo, incluso en la cartelería se coloca el nombre del director en valor tipográfico parecido al del propio centro, pero siempre apoyándose, por si acaso, en perchas de solidez universal.

Eso significa, resumiendo, que las dramaturgias coetáneas, los autores vivos no aparecen, que los directores emergentes, los creadores con nuevas estéticas, son condenados desde el Poder, a los exteriores del sistema. Una situación indefendible, totalmente antidemocrática, un dislate cultural, una barbaridad política, una injusticia perpetuada por el silencio cómplice y las componendas con visos de corruptelas. Pero no se puede decir nada de esto. La sociedad teatral española está adormecida, se da por supuesto que este sistema de funcionamiento, de mal funcionamiento, de las unidades de producción del INAEM, es un dictado divino, una tablas de la ley, inamovibles. Y nada de eso. Miren por favor un poco hacia arriba, hacia Europa, incluso, en ocasiones hacia Catalunya, y verán como las cosas pueden y deben ser diferentes.

Si no están convencidos, háganlo por solidaridad o por si acaso. El teatro, las artes escénicas, es algo que se hace en el momento, es decir es algo vivo, que necesita obligatoriamente la presencia de los espectadores, y, por lo tanto, deben crecer en gustos, inquietudes, planteamientos de utopías o rebeldías de forma conjunta. Si se quiere renovar a los públicos, se deberán buscar a los públicos nuevos, y a estos públicos no se les puede interesar sólo con problemas burgueses del diecinueve, por muy bien pintados que estén los cerezos del jardín. Deben crecer creadores y públicos a la vez, y deben tener los recursos, pocos y menguantes recursos, todos los que realmente están funcionando y, si me apuran, más los jóvenes, que los instalados, los comerciales, los que ya tienen el apoyo de medios de comunicación, crítica acartonada y públicos que se identifican con esas naderías escénicas que tanto se prodigan.

Como ven la anormalidad es demasiado normal. Celebramos que Rodrigo García pueda trabajar en condiciones, que tome el palacio de invierno, pero que no se vaya, por favor. O demolimos lo mal construido, o lo reformamos.

¿En qué parte de la Constitución española está escrito que las producciones propias del CDN las disfruten, o las sufran, solamente los ciudadanos de Madrid?

Este año seguiremos preguntando, que nos han dicho que no es ofender.

La dinamitera señora González-Sinde está logrando en muy poco tiempo que la ciudadanía emparente Cultura con SGAE, y por lo tanto con dinero, subvenciones, derechos y privilegios. Los que estamos en contra de la obsoleta no-nata ley, en contra de algunas actitudes de la actual dirección de algunas entidades de gestión de derechos, deberemos salir a la calle a defender el buen nombre de la inmensa mayoría de los creadores de Cultura, frente a los que se dedican a confundir a todos intentando colar el entretenimiento barato y descerebrado como Cultura. La no-nata ley Sinde no habla de nada de lo que dice su titular que habla, simplemente se dedica a poner por encima unos valores mercantiles convertidos en derechos fundamentales y para ello judicializa la cultura que es lo que nos faltaba.

Realizado el acto de evacuación de las toxinas que provoca la maldita ley que cuando salga ya estará obsoleta, porque siempre que se parchea algo, especialmente si es una tubería de plomo, acaba reventando al poco por otro punto y mientras cambian todas la tuberías y en primer lugar a la fontanera sin discurso, veamos que se está cruzando en el debate o discusión.

Un gran cineasta aseguró hace unas semanas que entrábamos en el tiempo de la cultura y el arte gratis. Uno lee este concepto como titular y se queda absorto, intentando descifrar a qué se refiere. Porque casi todo el mundo sabe que gratis, lo que se dice gratis, solamente quedan los amores de madre. ¿Es gratis la televisión que recibimos en abierto? Ya sé que no es cultura, pero según la teoría Sinde, es la única cultura que le preocupa, porque si miramos los contenidos de las cadenas generalistas, grandes, pequeñas o medianas, existen muchas ficciones, algunas en forma de película, que es una de las pocas maneras que algunos cineastas tienen para que su obra sea vista por el público. Eso cando es gratis, porque cuando hay que salir, comprar una entrada y un paquete de palomitas, la selección es mayor y los públicos van a ver las películas a las que van.

Ahora mismo se me ocurre que en las últimas décadas aparecieron los diarios gratuitos, esos que se entregan a la entrada de los transportes públicos. Fue un boom, y han ido desapareciendo porque no eran rentables. Este propio medio de comunicación, como muchos otros miles, son gratuitos, y cuando en los grandes periódicos decidieron cobrar por ver sus ediciones digitales se encontraron con la realidad, bajaba de manera geométrica el número de visitas.

Perdonen la empanada, comprendan las fechas, los excesos. No quisiéramos agotar el tema, ni desviarnos demasiado, simplemente ir acotando conceptos pequeños para entender cómo debe ser el futuro de todos los asuntos a los que consideramos hoy en día Cultura, y muy especialmente a los que se hacen en vivo, los pertenecientes a las Artes Escénicas, y nosotros deberíamos añadir una parte colateral: la edición de libros, revistas, que informan o proporcionan material de formación sobre estas materias.

Ya hemos hablado varias veces sobre el precio de las cosas en esta columna. Y de eso sí que se podría discutir, colocar conceptos, ideas, acercarse a la realidad social, política y económica. Porque cuando se habla de la cultura gratis, no se dice que los que creadores sean amateurs o adinerados ociosos que puedan dedicar un tiempo diletante a esos menesteres, sino que se debe buscar un sistema que proteja la creación, pero que en la distribución y el disfrute de esos bienes culturales exista la máxima voluntad democrática, que puedan acceder a ella el máximo número de ciudadanos, sea cual sea su capacidad económica. Y aquí, abro otro paréntesis.

Acabo de llegar de Barcelona, del lugar donde nací, con mis familiares de primer grado implicados en asuntos de esta índole, enterándome que en un centro social y cultural del barrio donde todos empezamos a dar nuestros primeros pasos sobre un escenario, que tiene un pequeño teatro, donde se montan zarzuelas, pastorets y obras dramáticas de manera vocacional, no van a poder realizar una zarzuela mensual, como era costumbre, ya que llenando la recién remodelada sala a tope, como sucede, pierden dinero. Y entonces con la pregunta tonta, ¿cuánto vale la entrada? La respuesta se convierte en una alerta: Veintidós euros.

Es decir una entrada para ver una zarzuela de repertorio, con una orquesta corta y cantantes no profesionalizados, más de trescientas personas son capaces de pagar veintidós euros, cantidad que si se mira las programaciones de la inmensa mayoría de los teatros integrantes de La Red estatal, no se cobra casi nunca, sea el coste que sea lo ofrecido. Todo es relativo, todo tiene que ver con la educación teatral de las sociedades, su poder adquisitivo o las prefrencias en el gasto. Seguiremos con este asunto que tiene muchísimas aristas. No se agota, y podemos ponernos mucho más demagógicos, pero uno de los fracasos de nuestras sociedades es que la Cultura de calidad es apreciada por unos pocos, y que a las clases sociales más populares se las condena a ver a la princesa periodista o la princesa del pueblo y todas sus cohortes mediáticas.

El año que viene a lo mejor la señora González-Sinde recibirá muchas congratulaciones y aplausos de los que la han colocado en el cargo para defender sus intereses, pero ella misma asegura que se va a bajar drásticamente el presupuesto de su ministerio. A ella le importa muy poco. Ella y los suyos cobrarán exactamente igual. El problema es para sus "súbditos" que debemos editar libros, revistas sobre temas culturales sin ayuda de ningún tipo de su ministerio, de las compañías de teatro o danza que deben malvivir, de las productoras de cine independiente que no pueden acabar sus cortos, o sus largometrajes o de los músicos que ven como existen varias categorías no justificadas por sus valores sino por sus adhesiones partidistas. Sin productos culturales, no habrá descargas. Muerto el perro, se acabó la rabia

El año que viene seguiremos, con esta ministra o con otra. Incluso sin ministerio, la Cultura funcionará, mejor o peor. Y si es gratis total, de co-pago como es ahora, o a precio de mercado, será una cuestión que entrará en un proceso de deabte social y político de largo alcance. Pero primero habrá que ponerse de acuerdo en algo tan sencillo como es saber todos de qué estamos discutiendo. Porque con tanto ruido han logrado que el señor Alejandro Sanz, desde Miami, sin pagar impuestos aquí, nos llame fascistas a los que nos hemos dejado el culo por la democracia y las libertades. Y que encima le apoye la ministra. Vergonzoso.

Hemos llegado a tal punto de descomposición que si alguien te comunica que el papa Benedicto XVI va a torear en la plaza de las Ventas, lo único que preguntas es "¿y con qué ganadería?" Así está todo de descompuesto, tan cargado el ambiente de subjetividades y en lo político, lo social y mucho más en lo cultural, todo es posible. Se puede creer cualquier cosa. O no creer en nada. Comulgar con rueda de consejo, o volverse agnóstico absoluto.

Viene a cuento lo anterior con el reciente nombramiento de José Carlos Martínez como responsable a partir del próximo mes de Setiembre del Centro Nacional de Danza (¿se seguirá llamando así para entonces?), que fue presentado con todos los honores por la actual ministra de Cultura. Se nos dice que fue elegido después de un largo proceso de selección y tras las deliberaciones de un equipo variado en el que además de personalidades entendidas en la materia había otras que desmerecen cualquier decisión ya que no aguanta su currículum ni una leve mirada superficial.

La figura del artista, de bailarín de primera línea de José Carlos Martínez, nadie se la puede negar. Es una biografía impecable e incuestionable. Actualmente sigue bailando en el Teatro de la Ópera de París. Otra cosa es si tiene el carácter necesario para hacerse cargo de una entidad con unos bailarines que, en primera lectura, parecen formados en una manera de danza alejada de las puntas del clásico más ortodoxo que el recién nombrado representa. O así lo entendemos. Pero estas dudas son razonables, forman parte de una prevención ante cualquier nombramiento.

Lo que ha sucedido es que nada más conocerse el nombramiento han empezado a correr denuncias, anónimas y no tan anónimas, en las que se nos dice que personal directivo del INAEM fue a visitarlo para pedirle que se presentara a la convocatoria. Que durante le proceso recibió alguna otra visita, se supone que para acomodar su propuesta para que pudiera ser el elegido. Y en otro lugar se dice con soltura que el artista se decidió a presentarse porque el INAEM le aseguró una sede fija para la compañía de danza, concretamente en el Teatro de la Zarzuela.

Es decir que para inaugurar las "buenas prácticas" en el INAEM, de ser cierto lo anterior, cometen toda suerte de irregularidades. Probablemente estemos haciendo el juego a la rumorología, pero lo peor es que todo lo dicho es muy verosímil. Todo es posible. Porque desgraciadamente para la danza en el Estado español, Nacho Duato fue empujado a abandonar de muy malas maneras. Se podría asegurar que se trató de algo tomado de manera demasiado personal para el actual director del INAEM, y es posible que, personalmente también, haya realizado todas las gestiones para que el nuevo nombramiento tuviera la solvencia requerida e hiciera olvidar el vacío creado por Duato en Rusia, como gran figura.

Y en esas estamos, esperando que los que han denunciado esos movimientos oscuros, los demuestren, que recurran el proceso de selección, que los lleven a los tribunales y que caiga quien caiga. Hay que empezar a decirles a los directores generales que no están fuera del imperio de la ley. Que si se dotan de unas reglas de juego, se deben cumplir. Y que todos tienen el derecho a tener las mismas oportunidades. Y sabemos desde aquí de qué estamos hablando. Por eso nos creemos cualquier cosa. No son tiempos de transparencia en el Ministerio de Cultura. Todo lo contrario. Y hoy, precisamente, se puede cometer desde ese Ministerio una de las fechorías más grandes contra la libertad de expresión intentando cortar la libre circulación de información, archivos y creaciones por Internet. Un paso tan de acuerdo con el recién nombrado ejército de treinta mil soldados que ha dispuesto el Pentágono para controlar Internet y combatir a quienes osen hablar con libertad. No a la Ley Sinde.

Por cierto, una pregunta tonta, ¿por qué tiene que existir una Compañía Nacional de Danza? ¿Y por qué con sede en Madrid y no en Ceuta?

La Asociació d'empreses de Teatre de Catalunya ADETCA, proporciona los datos de recaudación y asistencia a todos los teatros de sus asociados que ayudan a comprender de una manera muy explícita la realidad, las tendencias, los gustos de algunos públicos, los aciertos del programador. Las que yo tengo se refieren a salas alternativas, teatros públicos y privados, solamente de la capital, Barcelona, lo que es un dato objetivo, que nos gustaría poder confrontar con datos similares en el resto de las programaciones de todo el Principat.

Antiguamente los profesionales se movían con los datos al día a través de lo que se conocía como "chivato", que eran las cifras en crudo de las recaudaciones "liquidadas" a la entonces Sociedad General de Autores de España en cada teatro. Era un lenguaje sencillo, una lista, realizada a mano, que llegaba a los lugares de encuentros de cómicos de madrugada. Cifras muy concretas. Sin analizar, no como ahora, que se nos ofrece, como hizo hace años en desaparecida revista Público que en los años 80 editaba el Ministerio de Cultura, el también fallecido Jaume Melendres, con datos concretos de las entradas puestas a la venta, el número de las vendidas, las entregadas de cortesía, o sea por la cara, dando los porcentajes de ocupación de cada sala, y la cantidad total recaudada.

Este control es muy positivo. Es un ejercicio de transparencia que nos ayuda a analizar desde la parte economicista y de aceptación de los públicos las producciones y las programaciones. En Madrid y Barcelona esta sistematización semanal es más viable ya que casi todos los días de la semana existe programación, las obras se mantienen durante varias semanas y hay una cantidad de propuestas y de públicos que nos pueden ayudar a ir haciendo un retrato constante de esa realidad.

Lo difícil es controlar las actuaciones al suelto, los bolos, las programaciones de las poblaciones menores, en donde con excepción de Bilbao, Valencia, Zaragoza, Sevilla y circunstancialmente alguna más, las obras están solamente un día o dos y no todas las semanas, por lo que la frecuentación y el estudio de sus públicos requieren de otros instrumentos, lo mismo que la incidencia real en la aceptación ya que no existe capacidad de elección por parte del cliente al ser una única posibilidad.

Todos los datos estadísticos, todos los instrumentos que se puedan aplicar a la gestión y al análisis de las programaciones, y muy especialmente a las producciones, son importantes y cuanta más transparencia exista, más probabilidades de detectar los fallos y de buscar soluciones. Sin complejos, comparando resultados, sabiendo a ciencia cierta lo que ha sucedido en otros lugares se podrán tomar decisiones de contratación bastante más ajustadas a la realidad, porque se sabe que muchas veces dan gato por liebre, o dicen que una obra va muy bien en las grande capitales, y los datos de taquilla desmienten esa publicidad, pero si los contratantes se los creen porque no tienen posibilidad de comprobarlo, la programan a precio de caballo de carreras y puede ser un burro cojitranco.

Tengo frente a mí los datos de la semana del 29/11/2010 al 5/12/2010 y para no andarnos por las ramas, el porcentaje general medio de ocupación en los 44 espectáculos de los que se tienen datos es un poquito más del cincuenta por ciento (50,42%). Y destaca por ser el cien por cien de ocupación en sus seis funciones, la obra programada en el Lliure, "Gata sobre la teulada de zinc calenta". El total de todos los teatros es de 47.735 espectadores con una recaudación de 1.134.506 euros. Destacaríamos que los musicales no se encuentran entre los que tienen mayor afluencia de públicos, aunque sí son los que más recaudan. La sala Becektt con "Umbral" se mantiene con un 83,20% entre las más destacadas y Arteria Paral.lel con "Nit de Sant Joan" con un 27% ocupa el penúltimo lugar.

Qué bueno sería sistematizar los datos generales y hacer análisis no solamente economicistas, sino también sociológicos y, sobre todo, de interés cultural, para saber exactamente qué es lo que se está ofreciendo y lo que se está consumiendo. Y algún día, al igual que con los controladores aéreos, sabremos cuánto cobran los directores de los teatros públicos, cuánto se gastan en sus montajes y los de sus amigos, y posteriormente veremos su repercusión verdadera o su aceptación real por los públicos soberanos.

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