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Dom, Ago

Y no es coña | Carlos Gil

Por si existe alguna duda, razonable o no, yo no me he reunido con nadie en las últimas semanas. Ya sé que el carismático y bello posible nuevo candidato a investirse presidente de un gobierno inodoro, incoloro e insípido, se ha reunido con cientos de colectivos sociales y hasta, dicen, aseguran, juran, culturales, pero en ningún caso he sido citado, convocado, no solamente para salir en el mismo plano audiovisual de esta campaña electoral, sino que ninguno de los que en teoría me representan ha consultado a sus bases, es decir, a sus asociados, para decidir si iba o no a este acto partidista. 

 

No importa, uno que se ha apropiado de una asociación que era estatal y ahora se ha vuelto por sus intereses emeritense, fue a un acto de la actual pareja de Malú justo el día en que tuvo una alucinación y solamente veía españoles. No existían parados, ni políticos corruptos, ni estudiantes; sólo españoles. Así nos va. Digo a las entidades culturales de representación, que no tienen brújula, ni entidad democrática sólida. Vamos a golpe de cornetín. En aquellos días, los de las alucinaciones españolistas, parecía que ese partido naranja iba a ganar. Por eso estaban allí personajes oportunistas, chaqueteros y vividores en primera fila. Por si acaso. 

Con presidentes y ministros en funciones, todo acto de concentración de entidades y colectivos es propaganda. ¿Con qué objetivo, qué plan, qué orden del día se convocaron esas reuniones, en lo cultural me refiero? Pongo un caso del que soy un recalcitrante observador: ¿se pudo tratar sobre la viabilidad del INAEM? ¿Qué se plasmará en ese hipotético y evanescente programa cultural respecto a las unidades de producción de artes escénicas y musicales? ¿Tiene pensado hacer una ley general de cultura, una ley específica de teatro o de artes escénicas? 

Qué ingenuidad la mía. En diez minutos no hay tiempo para mucho. Solamente y si eres famoso y conocido, si te apellidas Almodovar, por ejemplo, hacerle la pregunta esencial: “¿qué tal va lo mío?”. Salir en el mismo plano saludando a Él, ya es premio curricular, para poner en las convocatorias de subvenciones. Que el subsecretario te dé la mano, un triunfo. Compartir sala, un motivo para pagar la ronda de cañas al llegar a tu lugar de residencia estival. 

Todos los cientos de miles de trabajadores de la cultura que no fuimos invitados debemos sentirnos expulsados del paraíso del cuento chino. Cualquiera puede pensar que allí se pactó, se enderezó, se estableció algún plan o estrategia. Ninguno. Un acto de campaña electoral. No tiene más valor. Y es lamentable que este tipo de reuniones se planteen de una manera tan tosca, que tantos se apresuren a bailarle el agua, que siempre tengamos que estar a salto de mata, de ocurrencia en ocurrencia y que, para mayor abundamiento, siempre salgan los mismos en todas estas fotos desde el daguerrotipo hasta la digital. 

Por lo demás bien. Viendo como admitimos la censura con una displicencia colosal. Es un tema muy serio, pero no voy a meterme hoy en ese berenjenal, no sea que no me llamen a la próxima reunión de mi club de mus. Pero el retroceso ideológico, de valores éticos y democráticos es evidente. Y lo malo es que se asume desde la supuesta izquierda mágica, la censura por asuntos superiores, según las nuevas moralidades, a la Libertad de Expresión. Ay, qué falta hace una escuela de verano sobre políticas culturales, sobre políticas democráticas. Lo de crear públicos se lo dejamos a los vendedores de peines. 

Yo propongo una reunión para hablar de troskismo y cultura.