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Lun, Dic

La voz antigua | Maite Tarazona

Mi cuerpo no se vende, soy una mujer y aunque esté sola no me vendo, no estoy en venta, no soy una mercancía, mi cuerpo no es una mercancía, ni se compra ni se vende, ni tu ni nadie, ni en coche, ni en bicicleta, ni a pie, ni en la barra de un bar, ni paseando, ni en el cine, ni en el teatro.

No porque camine sola al atardecer estoy en venta, no soy una mercancía, no por ser mujer necesito estar acompañada para no sentirme vulnerable.

Por tercera vez en un mes dando un paseo me han parado en la calle para pedirme sexo por dinero, no soy una puta, no porque camine sola por la calle de paseo estoy vendiendo mi cuerpo, no me estoy ofreciendo, no me estoy mostrando, no soy un escaparate para ti, para vosotros, para qué en él (mi cuerpo) puedas, podáis cumplir vuestras fantasías o vuestros deseos, estáis equivocados, solo soy yo que camino al margen de vosotros.

Camino por un camino en el que hay otros, otras, personas, parejas, niños, personas mayores, pero soy mujer y estoy sola, cae la tarde y hay menos gente en el paseo, anochece, y automáticamente puta soy, y tú en tu bicicleta, o en tu coche decides que hoy, si, puedes pagar por mí.

Solo el hecho de que al verme caminar busques mi cuerpo como un objeto es la muestra de un mundo enfermo, ¿qué señales recibís de mí que sólo camino para convertirme en algo que vosotros podáis comprar y vender?

¿Por qué he de tener respeto o, porque no decirlo, a veces miedo, a dar un paseo sola después de cenar? ¿Por qué no puedo salir sola a correr ahora que anochece más temprano? ¿porque he de buscar compañía para no sentirme vulnerable?

Algo no está bien, algo no funciona, ¿qué mundo es éste en el que por solo caminar ya eres mercancía? Y entre tanto, el miedo, el estupor, el asco, la vergüenza, y el paso acelerado.

No solo en los paseos, también en los despachos, también en los escenarios, también en las butacas.

Cansada de tener que defender mi cuerpo como una fortaleza, de tener que demostrar que no somos putas, por acción o por omisión, ¿y qué si fuéramos putas o si quisiéramos serlo?, en todo caso sería nuestra decisión, sería nuestro cuerpo.

Cansada de tener que demostrar que a pesar de ser mujer podemos hacerlo tan bien como los hombres y que además también podemos ser inteligentes y que mira, quizás también seamos capaces en nuestro trabajo, no siempre y no todos y no con todos, cansada de no poder simplemente ser mujer sin tener que demostrárselo a nadie.

¿Te interesa lo que hago o lo que digo o lo que quieres es acostarte conmigo?

Solo el hecho de tener que preguntarlo/preguntármelo/preguntárnoslo es insano.

¿Mujer o puta? ¿artista o puta? ¿Por qué tengo que poner mi cuerpo como barrera? ¿Por qué tengo pensar si te estaré enviando señales equivocadas, si el que tú estés pensando así acaso sea culpa mía?, en la calle o en la escena, me da igual. En otras ocasiones, en otros trabajos, te miran, te juzgan por tu aspecto, y te preguntan por qué haces un trabajo de hombres, como si los trabajos tuvieran sexo definido, como si tú u otros tuvierais la exclusiva, como si mejor me hubiese quedado en casa jugando con mis casitas o mis muñecas.

Cansada de que decidáis sobre nosotras, de que no podamos ser mujeres solas, de que nuestros cuerpos tengan que pasar los controles del patriarcado aquiescente para poder ser determinadas como viables en una sociedad, si, machista.

Cansada de que tengamos que salir a la calle a luchar por nuestros derechos, una y otra vez, en España, en Polonia, en Hungría, en tantos otros lugares, luchar por nuestros cuerpos, por el derecho a decidir sobre algo que somos nosotras, indisolubles.

No quiero que nadie decida sobre mi cuerpo. Ni tú, ni nadie. No quiero que mi cuerpo sea un objeto alienado en las manos de tus/sus gobernantes. No me representan.