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Lun, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Ante una interrogante sobre la prioridad de un yo frente a un nosotros, en primera instancia la respuesta no debería ser compleja, aunque en realidad sí lo es. Todo depende de las condiciones y factores influyendo tanto en la pregunta como en la respuesta. La escala del nosotros, el grado de cercanía e incluso parentesco entre el yo y el nosotros, las condiciones en las que se formule la interrogante...

 

Como todo en la vida; depende. El único absoluto posible es que lo absoluto no existe.

No hablaré de hombres santos, en su reclusión de privaciones desde la cual son capaces de darlo todo por el prójimo, ni de seres despreciables, quienes, desde sus puestos de dictadores de la irracionalidad, son capaces de las más terribles atrocidades, solo para satisfacer su ego inseguro.

Me referiré a un hombre normal, aunque lo normal sea cada vez más desquiciado y quizás sea preferible decir, común y corriente.

Un hombre común y corriente en situaciones del día a día; cruzar una calle, ir de compras a un supermercado, tomar el metro...

Aunque parezca auto referente, me referiré a la realidad de mi país, aunque esté seguro de no ser los únicos en comportarnos de esta manera.

Frente a un semáforo peatonal en rojo, la detención o no, dependerá de la cantidad de autos en la calle. Mientras algunos osados peatones dispuestos a sortear la embestida de los conductores agresivos se abalancen haciendo caso omiso a toda reglamentación, el resto se irá acomodando gradualmente en la línea de partida como si de una carrera de caballos se tratase. Los menos, piden permiso solo para colocarse unos centímetros más adelante. Verde, paaaaartieron. Pareciera que la gloria del llegar al otro lado de la calle estuviera reservada solo para los primeros.

En el supermercado, carros repletos de productos aspiracionales, bloquean el paso de todo aquel que ose siquiera comprar algo situado más adelante por el pasillo.

En el metro, mientras más cerca de la puerta, mejor, lo cual favorece el bajarse primero, aunque el recorrido sea largo y eso perjudique a todos aquellos pretendiendo subir.

Y todo esto en condiciones de relativa paz, porque en estado de guerra, el yo, de manera instintiva querrá sobrevivir a toda costa.

Yo, yo, yo ¿y dónde queda el nosotros.

Es difícil, y para muchos imposible, el pensar la posibilidad de un nosotros.

¿Por qué será que el hombre dejó de ser un solitario para agruparse con sus semejantes y formar así comunidades?

¿Por qué será que el hombre forma familia?

Ningún misterio.

Al agruparse con semejantes se suman las habilidades individuales para llegar a un resultado donde uno más uno es mucho más que dos y al formar familia satisface su necesidad de dar y recibir amor.

Entonces ¿por qué en la sociedad contemporánea parece primar el yo por sobre un nosotros?

Se me ocurren varias posibles razones; Dividir para gobernar. Diversificar el mercado. Egos cada vez más débiles necesitados de validarse. 

Sea cual sea la o las razones, no vale la pena vivir en un eterno yo porque eso coartaría por completo nuestras posibilidades de logros en todo ámbito, y por sobre todo nos llevaría al fracaso más redundante en eso que nos mantiene vivos; el amor.