Foro fugaz | Enrique Atonal

Más años que experiencia, pero más sabe el diablo por viejo que por diablo. Me interesan todas las actividades escénicas, desde la historia, dramaturgia, experiencias actuales y experimentación en laboratorio… De eso me gusta escribir desde hace muchos años.ENRIQUE ATONAL

 

  • Espacio de Libertad: el Teatro

    Así lo queremos ver los que amamos la escena: acción con la coherencia de una ecuación matemática, línea de tiempo quebrada y restituida, encuentro de realidades dispares que confluyen en una inquebrantable convicción de unidad. En el teatro conviven la fantasía soñada con la palabra de verdad, la representación con la proyección de lo real, la vida más allá de la vida. 

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  • Teatralidad terrible de la violencia

    Para aquellos que sueñan con ver la revuelta de “Los Miserables” en las calles de París, los sábados de caos de las últimas semanas saciarían ampliamente sus esperanzas. Del Arco del Triunfo a la plaza de la Concordia, pasando por sus fastuosas avenidas aledañas, la onda de terror llegada desde los suburbios o las provincias olvidadas, azota la capital con un furor destructivo digno de una guerra civil, que ya sabemos son las más caprichosas y destructivas: Hermano contra hermano, pobres contra ricos, vecinos contra vecinos, provincianos contra capitalinos, blancos contra rojos, manifestantes amarillos contra policías azules, como en un encuentro de futbol sin pelota, en donde la cancha es el trazo impecable de la capital y la destrucción el atractivo final. Desahogo brutal del resentimiento, proclamado a los cuatro vientos en las manifestaciones marabunta. 

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  • Perfume de Teatro. La piel, el pellejo

      La escena, espacio en tres dimensiones, con aspiraciones hacia la cuarta; ahí se convergen el humano actor, y el espectador humano, a veces divididos en dos secciones bien determinadas, a veces integrados en un mismo ámbito, sin división exacta entre escenario y butacas. Ahí respiramos el mismo aire, nos alcanzan los mismos olores, y los humores (risa y llanto como su emblema) nos bañan al unísono. A diferencia del público del cine o de la televisión, que están confinados en sí mismos, en el teatro compartimos mundos, la escena, la obra y sus efectos, los cinco sentidos entran en acción y si lo buscamos, hasta un posible sexto sentido. 

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  • Théâtre du Soleil – Ariane Mnouchkine 

    La abortada aventura del Théâtre du Soleil en Canadá (ver el artículo Censura Colectiva que narra el caso) me inspira esta crónica sobre una de las figuras del teatro contemporáneo: Ariane Mnouchkine. Se pronuncia rápido, de un golpe, pero detrás de ese nombre hay una mujer de una fuerza intelectual y social incuestionable. La Mnouchkine es un coloso del teatro desde hace más de cincuenta años, y su compañía, La Théâtre du Soleil un ejemplo de trabajo colectivo creador. 

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  • El carbono y el teatro

    Enseñan que es negro grafito, aunque también prístino diamante, dicen que lo expiramos lo aspiramos y añaden que es imprescindible para la vida; lo presentan como un elemento químico más, pero tiene toda una división que lo estudia: la química orgánica. Elemento con cuatro valencias, alma del modesto lápiz, que nos ayuda a escribir notas efímeras, atrapar ideas golondrinas y a recordar sin énfasis. Lo más interesantes es que se relaciona consigo mismo y que siendo carbono es muy diferente entre una y otra presentación, como suele ocurrir con nuestra complejidad.  Así imagino a la humanidad, el mismo compuesto con infinitas variables. Todos carbono y todos diferentes. Siempre dispuestos y siempre encerrados en nosotros mismos. Humanos-carbono, y el teatro un tubo de ensayo de estas variantes, una manera de alcanzar nuevas aleaciones.  Sin embargo, hay otra característica que me hace pensar que nuestras neuronas son como el carbono: la facilidad con la que puede manipularse. Es como si nuestra mente estuviera poco formada y fuera receptiva a todo tipo de influencias, las que adoptamos como si fueran un hallazgo personal. Esta facultad hace posible al teatro. Somos material en proceso de creación que fácilmente puede trabajarse, manipularse. Nuestra ventaja: podemos…

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  • Irène Sadowska: Fragilidad, sensibilidad e inteligencia

    El espíritu del público La vi por primera vez en un festival en Bayona, cuando esta ciudad del sur de Francia aún recibía cada año lo más destacado del teatro español y latinoamericano; ahora ya no, una pérdida para el teatro hispanoamericano tan lamentable como la de Irène Sadowska.  La recuerdo de mirada fulgurante y figura tan delgada como una inspiración, con su cigarro en una larga boquilla como una diva salida de una película en blanco y negro, intimidante y atractiva. Nunca compartimos la sal y el pan, pero si el desayuno en el hotel en el que nos hospedaba el festival. También compartimos las plateas como público comprometido con el espectáculo, como deben ser los críticos y cronistas de teatro.  Éramos colegas y mientras vivió en París nos encontrábamos frecuentemente en los espectáculos, en especial aquellos que de una u otra manera involucraban al teatro español e iberoamericano. Su pasión por el teatro estuvo presente hasta el final de sus días, según nos cuenta Carlos Gil Zamora, nuestro editor, en una sentida crónica que escribió en este mismo espacio para anunciar su desaparición, Como un pajarito ilusionado.   Figura entrañable de la crítica en Francia y España, Irène…

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  • Censura Colectiva

    ¿Los muchos pueden censurar? ¿Impedir que un espectáculo se presente? ¿Se puede censurar con buena conciencia, creyendo que se hace un bien? Pueden, y vaya que pueden, aunque sus argumentos sean egoístas y equívocos.  El dramaturgo canadiense Robert Lépage y la compañía francesa Théâtre du Soleil son las últimas víctimas de las redes bien pensantes, de un deseo reivindicativo que ataca lo que no les parece sin escuchar razones, o que sigue sólo la voz de su propia sinrazón. El principio del encono está en el proyecto de obra Kanata de Michel Nadeau y del propio Lepage, que narra la tragedia de los indígenas canadienses hasta su situación actual y que debía presentarse primero en Montreal y después en París con la compañía que dirige Ariane Mnouchkine. ¿Cuál fue el problema? De acuerdo con las asociaciones indígenas canadienses el conflicto se presenta cuando ningún sobreviviente de estos grupos fue integrado en el elenco de la obra. Un argumento absolutamente irracional que haría que la tragedia griega sólo fuera representada por actores griegos, las obras de Shakespeare con tema italiano, por actores italianos, o el teatro español, sólo por españoles.  Pero además está el trabajo de una compañía como Le Théâtre…

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  • Teatralidad de la masacre

    El crítico de teatro, Philippe Lançon, quedó mal herido tras el ataque terrorista contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo en donde publicaba una crónica teatral. La noche anterior al atentado había asistido a la representación de La Noche de los Reyes de Shakespeare, y después de la función había escrito, rien de ce qui est n’est, es decir, nada de lo que es, es… o como decía nuestro Calderón del alma, …y los sueños, sueños son…  Era la mañana del 7 de enero de 2015, una masacre en plena conferencia de redacción, por haberse atrevido a publicar unas caricaturas del profeta del Islam. Lo impensable había ocurrido, asesinaron a los principales caricaturistas de Francia: Wolinski, Cabu, y otros periodistas importantes. Crimen contra inocentes perpetrado con la anatema del nombre de Dios.  Esta semana el crítico publica un libro sobre este atentado al que sobrevivió milagrosamente, así como la narración de su largo proceso de recuperación: Le Lambeau (El colgajo) es el título del libro en donde narra ese momento, con su antes y después. Más de 14 operaciones para repararle la mandíbula, reintegrarle su máscara-rostro (porque comprobó que nuestra cara no es sino la efigie con la que transcurrimos…

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  • El honor de la blasfemia

    Nos dice la RAE que blasfemia es una palabra injuriosa contra algo o alguien sagrado. Y cuanto más se venere lo sagrado, más hondo calará la injuria, más profunda será ha herida. Hay pueblos a los que satisface la blasfemia, como la posibilidad de llenarse la boca de una fuerza destructiva, de recobrar en la palabra su furor soterrado, de retar a los poderes divinos y terrenales desde su miserable condición. Pero como decían los clásicos: quien te da la enfermedad, te da la medicina, así al blasfemo se le castiga con un anatema, o una persecución, o una condena judicial o la muerte.  España inventó la Santa Inquisición, que tuvo largos siglos de vigencia y cuya sombra se proyecta hasta este ya entrado siglo XXI. Escuchemos a una autoridad eclesiástica:   «…si la blasfemia es libertad de expresión; entonces, la corrupción es economía de mercado ». dice Monseñor Munilla al parecer versado en economía de mercado y corrupción.   Para dar sustento a su vigilancia, los nuevos inquisidores buscan el apoyo de otras organizaciones religiosas que hasta hace poco se combatían (y se siguen combatiendo en el secreto de sus sacristías) como son, por orden de aparición, judíos, católicos, musulmanes…

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  • La obra que puso en órbita a los Robots

      El tema de la Inteligencia Artificial no es nuevo en el teatro. Es más en esta época de Series de TV, de saturación video en Internet, de imagen en dos dimensiones a ultranza, de futuro hoy, recordemos que el teatro aportó la primera y muy imitada epopeya de ciencia ficción sobre la IA: La obra R.U.R. del checo Karel Capek.  Capek es un héroe del teatro, de la democracia, de la anticipación social-científica. Una de las tantas víctimas de los nazis y, lo que es peor, de los comunistas estalinianos que los substituyeron en Praga. En R.U.R (obra de anticipación por excelencia) inventa la palabra robot, que en realidad le sugirió su hermano José, para nombrar a los inventos humanoides (IA) de una fábrica. Robot, la sombra de Frankenstein que nos inquieta, heredero de los autómatas de figura humana del siglo XVIII, y hasta una sombra de magia y prestidigitación en la Cabeza Encantada de la segunda parte del Quijote. Pero vayamos por partes, los nazis no pudieron detenerlo con su Gestapo, porque falleció antes de que se lo llevaran preso, en 1938. Capek vivía apartado, fuera de Praga, y falleció de un edema pulmonar pocos días antes de…

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