Un cerebro compartido | Miguel Ribagorda

Dramaturgo, director de escena e investigador teatral. Doctor en estudios teatrales por la Universidad Complutense de Madrid, Ingeniero de telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Madrid y Diplomado en economía de la salud por la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente es director de escena asociado a la ADE y ha sido profesor asistente en el laboratorio de biotecnología de la universidad de Mannheim, Alemania y profesor asistente de psicología Básica en la Facultad de Psicología, UCM. Desde 2013 es el director artístico de la compañía Ópera Divertimento desde la que se dirige producciones operísticas para público familiar. En septiembre de 2019 lanza LICES, Laboratorio de Investigación y Creación Escénica, plataforma desde la que aborda la creación y el estudio de la comunicación teatral con un enfoque centrado en las neurociencias cognitivas. En 2019 la Unión Europea (UE) le ha otorgado un sello de excelencia por su proyecto para la incorporación de las neurociencias cognitivas en los estudios de artes escénicas en países pertenecientes a la UE. Sus obras y adaptaciones se han programado en España, México, Costa Rica y la República Checa. Entre otros, ha trabajado en el CDN, el Teatro Español y teatros por todo el territorio español. Ha publicado en distintas revistas siempre en torno al papel de las neurociencias y las ciencias cognitivas en su confluencia con el arte escénico.

 

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    ¿Qué se aprende de un espectador gracias a las ciencias cognitivas?

    Las ciencias cognitivas estudian las capacidades cognitivas del ser vivo. En 1956 el Instituto Tecnológico de Massachusetts organizó un Simposio sobre Teoría de la Información, reunión que al psicólogo George Miller le supuso un punto de inflexión al declarar el nacimiento de las Ciencias Cognitivas como espacio de intersección de la antropología, la lingüística, la fonología, la psicología cognitiva y la neuropsicología, además de las ciencias computacionales. Más adelante, a finales de la década de los setenta del siglo pasado, la Fundación Sloan se interesó por lo que estaba sucediendo con la revolución cognitiva con el objetivo de avanzar en estudios que redujeran la brecha mente-cerebro. Para ello, revolvieron el cajón de sastre que se había formado y establecieron un campo interdisciplinario emergente en el que combinar sinergias y conocimientos procedentes de la psicología, lingüística, antropología, ciencias de la computación y filosofía, y como buque bandera, las neurociencias.

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    El vestuario y el actor

    En alguna columna previa, he hablado de la importancia de Francisco Varela, padre de la neurofenomenología, en el mundo de las artes escénicas. Fue quien introdujo el concepto de que la experiencia del mundo está guiada por la enacción. Como dice en The embodied mind, busca sortear la geografía lógica de interno/externo estudiando la cognición, pero no como una recuperación de un mundo externo al conocedor, ni como una proyección de sus procesos internos, sino como una acción corporeizada.

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    ¿Es el texto un prerrequisito para la existencia del teatro?

    ¿Es el texto un prerrequisito para la existencia del teatro? Claro que no. Quizá la pregunta debería reformularse cambiando texto por comunicación: ¿es la comunicación un prerrequisito para la existencia del teatro?, y a esa pregunta no solo hay que decir que sí, sino que sin comunicación no existe el teatro: el teatro es una comunicación bidireccional entre la escena y el patio de butacas que devuelve un torrente perceptivo a escena para habilitar la homeostasis social que lo define.

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    El cuerpo del intérprete en la mente del espectador

    Las neuronas espejo descubiertas en la década de los 90 del siglo pasado, forman un conjunto de unos cuantos millones de células localizadas en la corteza premotora, el área de Broca y en la corteza parietal, relacionadas con los comportamientos empáticos, sociales e imitativos. Estas neuronas se disparan cuando estamos realizando alguna acción o cuando observamos cómo esta acción se realiza por otro, esto es, permite reflejar la acción de otro en nuestro propio cerebro, de ahí su nombre, neuronas espejo.

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    Si en escena dos más dos son cuatro… malo

    El dualismo platónico, posteriormente el cartesiano y actualmente el dualismo interaccionista de K. Popper y el del premio Nobel J. Eccles, han transcendido e influenciado en culturas y disciplinas del saber con su idea de que mente y cuerpo están disociados. Pero solo con esta afirmación, las ciencias cognitivas se encuentran con limitaciones para explicar, tanto fenómenos mentales, como conductas.

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    Confinamiento, mundo virtual y teatro

    Confinamiento. Esta es la palabra del año 2020 para la Fundación del Español Urgente (Fundéu RAE), fomentada por la Agencia Efe y la Real Academia Española (RAE) que anualmente selecciona el término más representativo de esos doce meses. No creo que le extrañe a nadie. Definido como “aislamiento temporal y generalmente impuesto de una población, una persona o un grupo por razones de salud o de seguridad”, el término “confinamiento”, lo hemos experimentado todos en el annus horribilis que acabamos de dejamos atrás. Correcto.

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    El espectador ante la sorpresa

    En el día a día, el cerebro trata de optimizar sus limitados recursos para ejecutar tareas, para lo que crea patrones de conducta que proyectan respuestas “preprogramadas” que predicen comportamientos en base a experiencias repetidas en el pasado. Sería triste que no pudiéramos modificar esta realidad neurobiológica durante una representación teatral, esto es, si el espectador sabe a lo que viene, apaga y vámonos.

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    Cuerpos en movimiento

    ¿Hay algún prerrequisito para la existencia del teatro además del intérprete y del espectador? Se puede pensar en el texto, pero ¿qué tipo de texto?, porque a lo largo de la historia, está ocupando distintos lugares; desde ser algo fundamental sobre lo que estructurar el trabajo, un elemento más de la propuesta con el mismo peso que otros recursos para establecer la narración escénica o ser algo que no solo no define el montaje, sino que lleva una trayectoria independiente, véase el teatro postdramático. La creación escénica actual es heterogénea y cada vez es más normal encontrar elementos significativos en la escenificación ajenos al propio texto, como el uso de vídeo, la pintura o la danza, así que no parece que el texto sea algo fundamental para definir el teatro. Algo que no ha cambiado es la presencia del cuerpo en escena, por lo que respondiendo a la pregunta con la que arranca este párrafo, no encuentro más prerrequisito para que exista el teatro que la corporalidad del espectador y el intérprete.

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    Construccionismo

    En el cerebro del espectador, las sensaciones son convertidas en percepciones gracias a las estimulaciones que reciben sus órganos sensoriales. Estas son transferidas por las vías nerviosas a distintas áreas de su encéfalo donde la información es procesada y analizada. Para que se produzca la experiencia a nivel neuronal que origina la percepción, es preciso que además de la estimulación escénica, exista una estimulación interna. Durante una función, hay mucha información, escénica y no escénica, que va a ser eliminada en este proceso, ya sea porque los estímulos que le llegan al espectador no superan un umbral, siempre subjetivo, o porque está conscientemente ateniendo a un estímulo determinado mediante la llamada atención focalizada que hace que el resto de los estímulos pasen a ser poco relevantes.

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    Estorninos o espectadores

    Wikipedia dice que el estornino (Sturnus vulgaris) es una especie de ave paseriforme de la familia Sturnidae nativa del Palértico. Bueno, dice muchas cosas más pero para mí, lo más interesante son esas grandes bandadas que parecen campos de trigo flotantes sacudidos por el viento en los cielos en invierno. Todos hemos visto alguna vez esos bailes sincronizados hipnóticos, con cambios de dirección y de alturas dignos de estudio. Para realizar esos bailes, los estorninos tienen en cuenta varios aspectos siendo el primero de ellos la comunicación: haciendo mucho ruido, informando al resto de estorninos de cuál es su posición, evitando de esta forma que los individuos dentro del bando se golpeen o se molesten al volar. No se ha detectado si existe algún integrante dentro de la bandada que inicie los movimientos, puede que sean varios los que, en una especie de red perceptiva, los inicien, aunque como digo, no se sabe con certeza y puede que sean todos los que decidan generar esos movimientos simultáneos.

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