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Estreno de ‘El deleitoso y otras delicias’ de Guirigai Teatro
Tragicómica supervivencia en los duros y ásperos años 50
Obra: El deleitoso y otras delicias
Autor: Lope de Rueda
Intérpretes: Raúl Rodríguez, Pedro Luis Cortés, Lorena Curiel, Héctor Carballo, José A. Giralde
Escenografía: Damián Galán
Vestuario: Maite Álvarez
Iluminación: Jordi Alvarado
Música: Fernando Ortiz
Dirección: Agustín Iglesias
Producción: Guirigai Teatro
Lugar: Sala Guirigai - Los Santos de Maimona (Badajoz)
Fecha / Hora: 18 de octubre / 20.00 |
La obra está basada en más de una veintena de pasos de Lope de Rueda que han sido adaptados por el director Agustín Iglesias
El descubrimiento de un reportaje fotográfico de Eugene Smith realizado en la localidad cacereña de Deleitosa que reflejaba la realidad española de la posguerra, fue determinante para que la compañía Guirigai Teatro optase por situar en la España rural de los años cincuenta su nuevo trabajo, El deleitoso y otras delicias, espectáculo que está basado en varios pasos de Lope de Rueda. La creación que estrena la compañía radicada en la localidad pacense de Los Santos de Maimona, que este año celebra el trigésimo aniversario de su creación, pretende situarse en la España rural de la década de los años 50 evocando los rostros que aparecen en las fotografías y que permiten “trascender la anécdota y la época, para entroncarse con la realidad de un campesinado para el que el tiempo se ha quedado detenido”, apunta el director de la obra y autor de la versión, Agustín Iglesias.
A partir de una dramaturgia escrita por el propio Iglesias que está basada en “unos veinte o veinticinco pasos que he estructurado a mi conveniencia”, la compañía realiza una labor de actualización de los textos, aunque no tanto como para acercarlo a los tiempos presentes “porque nuestro lenguaje ha cambiado totalmente”. Sin embargo, reconoce que tanto el lenguaje como los temas principales que se incluyen en los pasos, tales como “la picardía, la astucia o las ansias de supervivencia”, se mantienen muy bien “sobre todo, en la memoria de los que tenemos recuerdos del mundo rural de los años 40 y 50” y por lo tanto las creaciones de Lope de Rueda encajan perfectamente en el mundo campesino y rural de la posguerra española. “Da lo mismo que se trate de Andalucía, Extremadura, Galicia o Euskadi... Al campesino se le condenó a seguir igual otros 500 años y, por ello, los personajes encajan perfectamente; cambias al alguacil por el Guardia Civil o al hidalgo por el cacique pero, al final, es lo mismo”. Esas mínimas actualizaciones permiten conservar el espíritu del autor “que es lo interesante”, así como los diálogos que, en su opinión, “son lo brillante”.
Este espectáculo “muy político pero en el que no vamos a hablar de política” y al que Iglesias va a poner “toda la mala leche del mundo” para mostrar las relaciones de poder y de hambre que se daban en determinados momentos, arranca como un cuento: “Hace muchos años, bueno, no tantos años, un país sufre una terrible guerra. Una noche, el generalísimo y el cardenalísimo, un poco más entusiasmados por los orujos gallegos, empezaron a discutir sobre cual sería la felicidad del pueblo. Invocando al brazo incorrupto de Santa Teresa volaron por los cielos de España y al llegar a la raya de Portugal empieza a rebuznar un burro y aparece nuestro protagonista”, que no es otro que uno de los criados que aparece en las obras de Lope de Rueda.
Imaginación y astucia
A partir de ese arranque El deleitoso y otras delicias aborda la historia del criado Leno, que hace estraperlo de café entre España y Portugal, para el médico de su pueblo. Tras una noche agotadora evitando a los carabineros, el protagonista de la historia se queda dormido, perdiendo a su burra Ginesa y la carga de café. Esa situación le obliga a enfrentarse a su patrón y eso no resulta nada fácil, por lo que deberá recurrir a su imaginación y astucia, porque considera que cualquier engaño es bueno para evitar unos palos y llenar el estómago. En su periplo Leno se cruza con una docena de variopintos personajes como médicos sin escrúpulos, terratenientes cornudos, Guardia Civiles mansos, gitanas astutas, lavanderas deslenguadas y cándidos campesinos portugueses. Todos ellos, entre burlas y engaños, sobreviven tragicómicamente en la dura y áspera España de los años 50.
Para crear esta obra que los propios integrantes de Guirigai Teatro definen como “comedia hambrienta en la posguerra española”, esta compañía teatral especializada en la representación de los clásicos ha vuelto a contar con la colaboración de Fernando Ortiz, integrante de Nuevo Mester de Juglaría, para crear las composiciones musicales que los actores interpretan en directo sobre el escenario, ya que Iglesias reconoce que “Fernando entiende muy bien la música y en este caso es muy importante trabajar las músicas populares”.
Con esta producción que está desembocando en “una comedia muy alocada porque podemos incluir metáforas como la de plantar platos vacíos en lugar de lechugas” para saciar el hambre en época de apreturas, el director reconoce su intención de huir de una estética realista que queda evidenciada a nivel plástico tanto en la escenografía como en “un vestuario muy especial que ha diseñado Maite Álvarez y que, parcialmente, está realizado utilizando materiales inusuales como el látex”.
Joseba Gorostiza
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