Dolor de cuello
Desde hace muchos años, practico el parapente y hace poco, a pesar de toda la experiencia acumulada en más de 3 décadas practicándolo, por una mala decisión, terminé arborizando de manera no muy elegante, con la posterior bajada al piso de manera menos elegante aun, lo cual me tuvo con dolor de cuello por más de dos semanas.
Durante ese periodo, tuve que actuar de manera indiferente ante el percance, porque si manifestaba el dolor, las consecuencias familiares hubiesen sido peores que el arborizaje mismo.
Como consecuencia, cuando debía girar la cabeza para mirar algo fuera de mi visión frontal, no lo hacía o simplemente giraba todo el cuerpo, no para evitar, sino para disminuir el dolor.
Me sentía un caballo de carreras con orejeras limitando mi visión, enfocado solo en lo que se me presentaba por delante.
¿Cuántas veces ante la más variada gama de situaciones, no hemos actuado como si tuviésemos dolor de cuello, sin realmente tenerlo?
Muchas.
Por lo general no nos gusta que nos den indicaciones, reconocer nuestros errores o rendirnos ante la evidencia de que otros caminos son mejores.
Muchas veces nos creemos poseedores de la verdad, aunque es bien sabido que la verdad absoluta solo se puede construir con la confluencia de las verdades individuales.
¿Estaré refiriéndome solo a mi actuar?
Sinceramente no creo, porque en más de una ocasión, me ha tocado esquivar caballos de carrera empecinados por llegar a la meta en el primer lugar, sin importar el costo o los daños colaterales asociados.
Las orejeras de la obstinación pueden ser útiles para algunos pocos elegidos por las divinidades, sean cuales sean estas, de manera positiva. Sin saberlo, son quienes han cambiado el curso de los acontecimientos, algunas veces de manera negativa, pero sin duda, esa obstinación nos ha llevado al estado de progreso actual. El juicio castrador, suele aparejarse con la verdad social de un tiempo determinado, y por supuesto, todo aquel que vaya en contra de esa verdad colectiva, será tratado de antisítemico, revolucionario, loco, hereje… en definitiva; un peligro para el orden imperante.
Aunque existan algunos escasos terraplanistas, estaremos de acuerdo que, a la luz de toda la evidencia existente, su error es evidente. Y cuando me refiero a evidencia, no hablo de santas escrituras ni dogmas irrefutables como verdades divinas.
Como todo en la vida, cualquier moneda tiene 2 caras y si bien es cierto fui victima de una mala decisión de mi parte, por otro lado, la madre naturaleza me regaló un incidente que no pasó a mayores, pero que me permitió reflexionar con los pies bien puestos en la tierra.
Cuando se realiza una actividad por mucho tiempo, nuestro ego humano nos hace creer que dominamos completamente esa actividad, y nos auto convencemos de manera inconsciente, de que, dada nuestra vasta experiencia, ya no podemos aprender nada más.
¡Error!
La vida es un eterno aprendizaje y debemos tener la humildad de reconocer que esta debe ser una de las mayores verdades que nos acompañará toda nuestra vida.
Ya no estoy en edad como para andar quebrándome un hueso, o quizás peor. Aunque no lo puedo asegurar completamente, trataré de ser más paciente antes de tomar una decisión, para no transformarme en un paciente de hospital.
El dolor de cuello no fue agradable, pero sin duda muy útil para hacerme recordar mi fragilidad ante el universo y de que siempre, siempre, se puede aprender algo más.

