Escritorios y escenarios

Hasta en mis sueños

Anoche soñé que estaba visitando otro país. Pienso que era Chile, porque aparecía mi amigo chileno, pero con los sueños nunca se sabe. Estábamos en una montaña caminando. Éramos un grupo de viajeros, casi tan grande como el curso de algún colegio, solo que no éramos bachilleres sino adultos. Recuerdo estar abrigada y llevar entre mis cosas un botella de viche que, de vez en cuando, sacaba para beber un sorbo y combatir el frío. Lo compartía con alguien a quien me tocaba persuadir para que bebiera. Y, al final, la botella de plástico, como de frasco de vinagre de manzana, volvía a mí.

De repente, mi amigo que iba adelante liderando el rumbo de la expedición, se asustaba, nos habíamos encontrado con el ejército. Nos iban a requisar y si les daba la gana, si encontraban motivos, también nos podían detener, arrestar, enjuiciar y condenar. Él se asustaba por mí, porque estaba prohibido tener cosas que no fueran afines, producidas o favorecidas, exclusivamente, por el gobierno del dictador. Y yo llevaba conmigo un elemento desafiante, la botella de viche.

Entonces como pudo, mi amigo, solicitó que me deshiciera del viche y alguna persona que estaba conmigo, seguramente, la que yo venía persuadiendo para que bebiera conmigo, me propuso que tirara la botella, que la escondiera o que me tomara todo e hiciera como si aquí no hubiera pasado nada. De todas las opciones, me pareció viable intentar beber todo el líquido. Aunque la botella estuviera casi llena, porque acababa de destaparla. Por supuesto, pese a mi desesperado intento por beber en tres sorbos los 500 mililitros de contenido neto, que son aproximadamente 99 porciones, fracasé y terminé echándome el viche encima, por lo que, además de estar medio borracha, apestaba a licor tropical.

Sin embargo, astutamente, logré refundirme entre la multitud mientras el ejército nos acomodaba en una especie de teatro romano que había aparecido entre las montañas, ya que el dictador quería decir unas palabras. El dictador, estaba de buen humor e intentaba hacerse el gracioso pese a que la audiencia estaba muerta de miedo. Mientras tanto, yo, cada vez más borracha, me cuestionaba internamente “Manuela, ¿en qué estabas pensando? ¿Por qué te dio por intentar beber toda la botella? Debo apestar a alcohol”.
Hasta ahí el sueño.

Está última semana ha sido imposible dejar de pensar en cómo el colonialismo y la autocracia se extienden por el mundo. Estas preocupaciones hasta en mis sueños se han metido. Y si el mundo va mal hasta en el mundo de los sueños, ¿qué tocará hacer para soñar con un mundo mejor?

Sábado 10 de enero del 2026
Bogotá, Colombia.

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