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Dom, Abr

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Me es muy difícil pensar en un beso con mascarilla o una caricia respetando el distanciamiento social. Ni hablar de algo más. Las cuarentenas recurrentes a las que nos hemos visto enfrentados, no solo nos han distanciado de nuestros prójimos al metro y medio recomendado, sino de toda la sociedad. El amonio cuaternario teóricamente es eficiente como para eliminar el virus de nuestras manos, aunque no es la solución, si es un paliativo, pero definitivamente, ha eliminado toda posibilidad de un simple apretón de manos.

 

Quien más quien menos, los seres humanos necesitamos no solo de un acercamiento espiritual, sino que físico también. Por algo nos juntamos formando comunidades. Para, en el buen sentido, aprovecharnos los unos de los otros.

¿Podrá existir algo más poderoso que el primer contacto físico de un bebé con el pecho desnudo de su madre?

¿Un palmoteo en la espalda antes de salir a escena no le da energía suplementaria a un artista?

¿No es acaso más tranquilizador un abrazo comprensivo que miles de argumentos razonados?

El supuesto distanciamiento físico de un metro y medio, se está transformando en un verdadero distanciamiento social que está castrando nuestra necesidad imperativa de hacer sociedad. Mal que mal, hace miles de años atrás, el ser humano pudo progresar cuando hizo comunidad para privilegiarse los unos con las capacidades de los otros, y viceversa. Con capacidades, no solo me refiero a habilidades manuales, físicas, intelectuales o comerciales, sino a esa inconmensurable capacidad de entregar afecto, y en su expresión máxima, amor.

¿Estaremos involucionando?

Esta pandemia solo les está abriendo los ojos a quienes creían estar progresando gracias a la tecnología, pero no se habían percatado de cuanto estaban retrocediendo en cuanto a sus relaciones humanas. Con pesimismo creo que los anteojos de la tecnología, seguirán con su efectividad en lo que a deshumanización se refiere.

Por las redes sociales se pueden establecer miles de contactos, aunque ninguno responda a un contacto real. Como todo en las redes, es virtual y por lo tanto, basta con apagar el aparato con el cual estemos conectándonos, como para que esta supuesta relación, se termine.

Sin duda parezco un viejo cascarrabias renegando de la actualidad, con eso de, todo tiempo pasado fue mejor. Considero que todo tiempo actual se puede hacer mejor si de vez en cuando se levanta la mirada del monitor como para encontrar lo valorable en cada instante de nuestras vidas y no dejarse embaucar por el canto de sirenas tecnológicas emanando de nuestras computadoras. Debemos usar la tecnología y no permitir que esta secuestre nuestras consciencias, como parece estarlo haciendo.

Como humanidad seguiremos avanzando a un ritmo cada vez más acelerado hacia una tecnologización completa de todo proceso conocido. Nosotros mismos somos una maquina biológica controlada por impulsos eléctricos transmitidos por nuestras neuronas y nervios. Somos una computadora biológica.

Mas de alguna película ha planteado el dilema sobre un futuro en que máquinas y hombres se fundan para dar surgimiento a una nueva forma de vida optimizada, en cuyo caso, el actual virus en boga, no tendría ningún efecto.

Dios me salve maría del momento en que los afectos también sean controlados por algoritmos de una lógica absoluta. Exijo mi derecho a sentir, aunque eso signifique tener fiebre y complicaciones respiratorias.