Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Alzheimer

Mi suegra tiene Alzheimer y la trajimos a vivir con nosotros. Hasta hace solo un año atrás, con ella todavía se podía tener una conversación relativamente coherente, pero al día de hoy, ya no es capaz de completar una frase y suele terminar sus intentos de comunicación fallida, con una sonrisa nerviosa, lo cual a mí, me pone muy nervioso.

En más de alguna ocasión la hemos visto hacer una expedición por el jardín, hablando sola, con 3 carteras, bastante abrigada a pesar de los 30 grados de calor, tratando de salir a la calle, y de vuelta de su viaje de descubrimiento, hablarle a la pantalla del televisor.

Aunque el desplazamiento físico no haya sido muy grande, estoy seguro de que su viaje mental si lo fue.

¿Un niño pequeño acaso no tiene actitudes similares cuando transforma una caja de zapatos en una nave espacial o hace ciudades de tierra para recorrerlas con sus autitos de juguete?

Firmemente creo en eso de que los extremos de la vida no son similares, sino absolutamente idénticos en muchos aspectos.

Mi suegra ya no tiene suficientes fuerzas como para cargar maletas, pero si puede llevar sus 3 carteras preferidas.

Si con chaleco a pleno sol no tiene calor ¿Cuál es el problema? ya la ayudaremos a hidratarse.

En su condición es incluso peligroso que deambule sola por ahí, pero para ir más allá, lo primero es salir a la calle.

El televisor es una gran fuente de información, fidedigna o no, pero información, al fin y al cabo, aparte de ser la única compañía de miles de personas solitarias abandonadas ya sea por su familia o amigos, o por su imposibilidad de comunicarse con sus afectos.

Su mente ya desconectada de la realidad, es como la de un niño con una realidad acotada a sus pocos años de vida.

Quiere explorar posibilidades, empujar los límites, conocer o re conocer aquello que alguna vez le fue familiar.

Sin ser un experto en las variables asociadas a esta enfermedad degenerativa e irreversible, la naturaleza, la creación, dios, el gran arquitecto del universo o como se quiera llamar a ese intangible que de alguna manera rige nuestra existencia, nos provee del mecanismo de auto defensa necesario como para sobrevivir. Ante una enfermedad como un simple resfrío, nuestro cuerpo genera anticuerpos para combatir y eliminar al patógeno. Si el dolor es insoportable, mentalmente lo olvidamos. Ante está precarización del intelecto lógico y racional que tanto idolatra la sociedad contemporánea, nuestra mente recurre a la imaginación como un buen mecanismo de defensa.

Su mundo es cada vez menos físico y cada vez más mental. Estoy seguro que con sus 3 carteras, bien abrigada y deambulando por la cuadra, es capaz de visitar parajes tanto reales como irreales, donde realiza maravillosos documentales de vida, los cuales comparte a través de la televisión, no con todos, sino con aquellos capaces de entender o al menos tratar de entender, pero por sobre todo, imaginar.

El camino de la vejez es unidireccional e inevitable. Afortunadamente, en los rincones de nuestro cerebro siempre existirá la posibilidad de imaginar, incluso una grata conversación con el medico alemán Elois Alzheimer. 

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