Escritorios y escenarios

¿Cómo podría ser?

Aristóteles hizo una pregunta ¿cuál es la diferencia entre el historiador y el poeta? Y también la respondió: el historiador cuenta las cosas como ocurrieron, mientras que el poeta, las cuenta como podrían ser. Aclaración, cuando Aristóteles habla del poeta lo entiende en un sentido amplio, es decir, no se refiere concretamente a quién escribe poemas como los de José Asunción Silva, Vicente Huidobro o María Mercedes Carranza, sino que lo entiende como aquel que se dedica a construir universos y artefactos, el poeta es un creador, un arquitecto de mundos posibles.

Basándome en esta premisa cuestioné a mi audiencia, a modo de invitación para que lo pensáramos juntos ¿por qué en buena parte del teatro que se hace en Colombia, hay tanta violencia explícita? Y la verdad, pese a que no tengo una respuesta lo suficientemente certera como para darle fin a la discusión, lo cierto es que me interesa más interrogar que responder. Pero los seres pensantes con los que me encontraba, en aquella conversación, hicieron sus apuestas: “hay que hablar de la violencia porque necesitamos hacer una catarsis”, dijeron unos. “El creador tiene que hablar de lo que le duele y le preocupa, el artista tiene esa sensibilidad” o “hay que hablar de eso porque, lamentablemente, hay mucha gente que todavía no se ha dado cuenta” dijeron los otros. “Sí, pero los artistas que hablan de nuestro conflicto y de la violencia no la vivieron en primera persona, deberían ser los que la vivieron en carne y hueso quienes deberían contarla”.

Por otro lado, dije, si los medios de comunicación todos los días nos saturan con situaciones violentas e incluso mientras uno camina por la calle puede tener el infortunio de encontrarse con un asalto o pelea, con la violencia quiero decir ¿por qué el teatro vuelve a hablar de eso? ¿No es más de lo mismo? ¿En dónde queda el mundo posible, mejor dicho, qué pasa con la posibilidad de mostrarnos un universo paralelo en el que las cosas sean de otra manera? Entonces hubo silencio, pero el silencio de quién lo está pensando y necesita un momento para organizar sus ideas.

Cuestión similar planteó Santiago García agregando otra variable, ya que en su reflexión el problema no era si el teatro debería o no hablar de eso, sino ¿cómo y con cuáles mecanismos el teatro debería hablar de eso?

A mí el asunto me parece llamativo. Independiente de las posturas, porque creo que todas tienen algo de razón, lo que me genera suspicacia es hacer notar que más allá de nuestra realidad violenta como país, hay todo un territorio de posibilidades que ni siquiera estamos aludiendo. Es como si la realidad y los acontecimientos traumáticos de nuestra historia nos impidieran abrir otras rutas y caminos. No estoy diciendo que esté mal y en mi propio trabajo caigo en lo mismo. Solo estoy preguntando ¿qué habrá más allá de eso? Y ¿por qué nos cuesta transgredir el relato de que la realidad es así? ¿Cómo podría ser?

Domingo 26 de marzo del 2023

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