Negro & negro | Norka Chiapusso

De carne y hueso

María de Melo producciones presentó en el Teatro Lara su última creación «Alfonso X, la última cantiga». Me acerqué con curiosidad. Acaso motivado por los estereotipos de un rey que se estudiaba en mis años de escuela y que básicamente sabíamos que pasó a la historia como «el sabio» porque había escrito unas cantigas. ¿Cantigas? Y poco más. Curiosidad por el personaje y curiosidad por acercarme al trabajo de la compañía extremeña María de Melo, a la que no había tenido oportunidad de ver en directo.

La aparición de Alfonso X en escena, interpretado por Jesús Lozano, es brutal. Impresiona. La credibilidad que da Jesús al personaje crece desde la primera escena con un parlamento que sintetiza las ideas principales del rey sobre las cualidades que debía, que debe tener un buen gobernante. Y digo debe porque son ideas de alta validez y actualidad. Este inicio tan poderoso es muy contundente escénicamente pero muy peligroso a su vez. Después de esto, ¿qué?. Pues después, se va construyendo un excelente espectáculo ayudado por una carpintería teatral que dota al personaje de humanidad, de complejidad, de profundidad. Se va destripando a este rey sui generis, llegando a su esencia como ser humano y analizando las claves de su reinado. Descubriendo  sus claro-oscuros como rey, y como persona, sin aleccionar, recreándolo, representándolo, interpretándolo como si fuera una mirada a través de la mirilla  de la puerta de una alcoba y pudiéramos ver lo que sucedió, casi oliéndolo, sintiéndolo, oyéndolo, viéndolo como un voyeur que se cuela en la intimidad de un rey 800 años atrás, transportándose a través de la máquina del tiempo «teatral» creada por María de Melo. Un adelantado a su época como hombre de cultura y de letras, y al mismo tiempo un desastre de gobernante abandonado en sus últimos años por todos.

La puesta en escena, metáfora de la sobriedad de la época, es efectiva. Cuatro músicos crean una espacio sonoro a través de las cantigas escritas con el puño y la letra del propio Alfonso en galaico-portugués. La música en directo  nos traslada directamente al paisaje sonoro de la lírica medieval del Siglo XIII. Toda una aportación. Las cantigas se escribieron en galaico-portugués porque era considerado en la época el  idioma de prestigio y de culto, por encima del castellano. Idioma que Alfonso aprendió en sus veranos en Galicia.

La puesta en escena es el espejo al que mira el espectador y descubre en su profundidad el ingente trabajo de investigación y estudio que ha realizado la compañía para ser capaz de contar y de sintetizar en 90 minutos la esencia de un personaje controvertido y clave para el desarrollo posterior de la historia de España. 

El espectáculo es un disfrute para el público. Una aportación cultural, y de conocimiento para el espectador. Pero además, es una lección de teatro. El trabajo dramatúrgico sencillamente es excelente. El espectáculo se convierte en un viaje por los capítulos principales de la vida de este gobernante que fue capaz de tener una visión distinta en cuanto a la relación entre los gobernantes y los gobernados. Capaz, en plena Edad Media, de crear el código jurídico unificado Las 7 partidas, donde se recoge y ordena absolutamente todo lo ordenable… derecho procesal, testamentos, préstamos y contratos comerciales, riquezas, fortunas y herencias, leyes de obligado cumplimiento en todos los estamentos de la sociedad. O su aportación a la cultura con la creación de la Escuela de Traductores de Toledo, donde reunión a los latinistas, arabistas y a todo aquel que tenía conocimiento para traducir todo lo traducible al castellano. Impulsó una verdadera línea editorial para escribir sobre astronomía, medicina, historia, leyes… Alfonso X se adelantó y consiguió dar Carta de Naturaleza al castellano en la Europa de la época, desplazando al latín y adelantándose al francés, al italiano y a otras lenguas romances. 

 Y María de Melo nos da otra lección en el manejo del tiempo escénico. Ese tiempo que obliga a tener concepto, conocimiento, capacidad de síntesis sin desvirtuar y talento para hacerlo. Ese tiempo tan implacable, verdugo de tantas puestas en escena, es un colaborador inesperado en este Alfonso X precisamente por la conciencia de su importancia y por la capacidad de la compañía en su manejo, medida y control. No se pueden recrear la esencia mejor en un tiempo escénico óptimo.

La dirección la asume Jesús Lozano, que interpreta al propio rey. El papel de la reina lo defiende magníficamente Inma Cedeño, diseñadora también de un riguroso y elegante vestuario. Cuatro músicos encargados de transportarnos a la época, Emilio Villalba y Belisana Ruíz junto con Sara Marina e Ivo Blanek que también interpretan otros personajes del espectáculo en una polivalencia resaltable. Elenco artístico solvente, inteligentemente utilizado al servicio del espectáculo para elevarlo a la categoría de Arte. 

La muerte en soledad del monarca es la culminación de la vida de este gobernante controvertido y el final del espectáculo. Muerte que le viene después de la pérdida de su hijo Fernando, de la traición de su otro hijo Sancho, incluso después del abandono de su mujer, y después de las quejas y sublevaciones de los nobles de la época por sus dispendios económicos en las guerras en las que entró, o por su despilfarro en pos de convertirse en el Emperador de Europa, pretensión que  nunca consiguió. Sólo y abandonado murió en Sevilla.

Magnífico trabajo. Espectáculo absolutamente recomendable. Lección de teatro. Brillantez dramatúrgica. Aportación cultural. Felicidades a la compañía y larga vida a este Alfonso X, un rey, quizás el gobernante más sensible con la cultura y la sabiduría de todos los tiempos, en manos de María de Melo, que lo presenta como un ser humano de carne y hueso.

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