Escritorios y escenarios | Manuela Vera

El artista y la industria

Hablar de industrias culturales tiene unas connotaciones que vale la pena reflexionar, sobre todo antes de dar por sentado que si uno se va a dedicar al oficio del arte debe, a toda costa, vincularse a ellas. Valdr铆a la pena considerar de qu茅 se tratan, porque a lo mejor conoci茅ndolas, tomando conciencia de lo que son, uno podr铆a entender por qu茅 hoy en d铆a hay proyectos art铆sticos rebeldes, en tanto se niegan rotundamente a pertenecer a las industrias. Y por qu茅 ese tipo de iniciativas son piedras preciosas, lamentablemente poco estimadas. 

Y es que la constituci贸n de las industrias culturales es uno de los aportes que nos deja el pasado siglo XX, y su aparici贸n transform贸 radicalmente la relaci贸n de los individuos con el arte. Si al comienzo de nuestro desarrollo como especie, el arte, en algunas de sus fases se mezclaba con el ritual y con el mundo de lo religioso, y en otras el artista parec铆a ser el vinculo con lo sagrado, con el desarrollo de las ciencias, el absurdo de las guerras mundiales y la muerte de Dios, estas formas de valoraci贸n se difuminaron. Y entonces aparecieron las industrias de la cultura, y con ellas las culturas del consumo, la producci贸n en masa y la noci贸n de la est茅tica como una mercanc铆a. Lo que significa que la belleza es un producto del mercado. El asumir al arte desde la l贸gica del mercado y de la industrializaci贸n tiene algo deshumanizante, pienso. 

Pero no se trata de leer el asunto tan a la ligera, porque entre el blanco y el negro hay un espectro de grises. S铆 creo que las industrias de la cultura han generado una sobreproducci贸n, pero, por otro lado, una democratizaci贸n de la belleza, de las herramientas y de los productos art铆sticos. Hoy se puede acceder a casi todo y eso tiene algo de privilegio, un privilegio de la 茅poca. Aunque sea, justamente, esta situaci贸n la que causa paradojas tragic贸micas, como el hecho de que a pesar de que el conocimiento esta muy cerca de nosotros, preferimos omitirlo. Y, por otro lado, que el deseo de consumo del arte se encuentra casi en el mismo nivel que el deseo de producirlo, llama mucho mi atenci贸n. 

Y si las industrias culturales son las que deciden qu茅 y c贸mo es la belleza, y nos inundan con sus productos y paradigmas, si all谩 afuera en la calle hay todo un mundo est茅tico mercantil que nos indica como debemos vernos, y no solo me refiero al c贸mo debemos vestirnos sino al c贸mo debemos representarnos 驴Por qu茅 y c贸mo ser un artista o un intelectual en este mundo industrializado? 

Domino 9 de enero del 2022.

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