Un cerebro compartido | Miguel Ribagorda

El teatro en la educación

Terminando el curso pasado fui al teatro con un grupo de alumnos de trece/catorce años a ver una adaptación de una obra de Julio Verne. Por lo general, en un colegio, el teatro como actividad educativa se entiende como una práctica complementaria más que autojustificada, una actividad en la que los alumnos que asisten se acercan a la literatura desde un punto de vista lúdico. Y ese sería el primer problema, porque ir al teatro solo para entender cómo la literatura cobra vida con más o menos calidad, es reducir la propia esencia del teatro a una lectura corporeizada. Desgraciadamente y por regla general, esto es lo que se enseña en las aulas: el teatro es literatura en escena. Mientras no veamos el teatro, como diría Wagner de la ópera, como una obra de arte total, no lograremos despegar la etiqueta de complementario para leer que debajo pone necesario. Y esa necesidad existe en todo el ciclo educativo, desde primaria hasta bachiller, porque la situación actual marca que las artes escénicas no son más que una anécdota en la formación escolar. Imagínese el lector que las matemáticas tienen el mismo trato, o la biología o cualquier otra asignatura considerada esencial. Y quiero que se lo imagine porque el conocimiento de lo que se debería entender como teatro, no de lo que cuentan los autores teatrales, del teatro como compendio de artes, es tan esencial como cualquier otra asignatura.
Fijémonos en Bachiller. En la Comunidad de Madrid, con dieciséis, diecisiete años, los alumnos de primero que optan por la modalidad de artes, además de filosofía y lengua, solo cursan análisis musical I o Artes Escénicas I y opcionalmente coro o cultura audiovisual. Y estos son los que eligen artes. Los de segundo (aún aplica la LOMCE en el próximo curso 2022/23) tienen lengua y literatura II y fundamentos del arte II y opcionalmente cultura audiovisual II y artes escénicas (4h) además de historia de la música y de la danza, imagen y sonido y análisis musical II. ¿Cómo alguien que elige artes puede no tener artes escénicas más de 4h? En artes escénicas debería enseñarse interpretación, dirección, diseños de escenografía, vestuario, luces y sonido, y por qué no, conceptos de gestión, producción y distribución.
Siendo positivos, vemos a bastantes profesores de Lengua y Literatura que tratan la expresión oral con textos teatrales dramatizados y esto les puede abrir los chacras a los más curiosos que tengan algo de inquietud artística y así, hacerse preguntas necesarias para abordar la creación y la comunicación. No obstante, mi experiencia como docente me ha enseñado que es en la práctica de la actividad teatral a través de montajes de escenas o incluso obras completas donde el alumno percibe el teatro como lo que es, no solo una actividad lúdico, sino formativa. Hacer, no memorizar, y hacerlo en un ambiente relajado, donde los alumnos disfrutan de cada parte del proceso, contribuye a que se refuerce el aprendizaje y aparezcan valores como la sensibilidad, la dedicación, la cooperación, la empatía y la ilusión, todo esencial en la formación de la juventud hasta el punto de que a más de uno se le hace indispensable y sufre no poder desarrollarlo en fases posteriores en su educación a menos que elija estudiarlo en la universidad. Por cierto, harina de otro costal que merece nueva columna.
Los nuevos sistemas educativos se apoyan en el constructivismo, estudiado dentro de la neuroeducación como corriente pedagógica que postula la necesidad de dar al alumno herramientas para construir sus propias experiencias en pos de la resolución de problemas siendo el docente durante el proceso un acompañante, guiándolo, no empujándolo. Si el alumno es el protagonista de su propio aprendizaje nos faltaría abrirle nuevos caminos para que elija su desarrollo. Y digo desarrollo, no solo profesional sino personal, porque no hay mejor escuela que la que ofrece el teatro para el ejercicio de habilidades personales, de memoria, expresividad y creatividad, así como las relacionadas con la autoestima e iniciativa. Por favor, teatro para todos desde niños.

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