Negro & negro | Norka Chiapusso

En el camino del Arte…

Escribir es gratificante. Es un reto, una aventura. Es iniciar un camino a alguna parte, con destino indeterminado, posiblemente desconocido. Confío, además, en que sea una actividad sanadora, que sea un ejercicio de retrospección, un reencuentro con uno mismo, una reconciliación con tu propio SER, con ese YO “vapuleado”, un tanto maltrecho. Y con ese SUPERYO pluriempleado, explotado por el anterior, que a duras penas, que a marchas forzadas hace lo que puede, o lo que se le permite hacer para enderezar una tendencia cuando menos insana.

 

A lo largo de mi vida, el Arte en vivo ha supuesto siempre un salvavidas, el agarradero antes del abismo, la ramita salvadora, la red del trapecista, la colchoneta de los bomberos, un capote, un burladero, el arnés de un alpinista, la bombona del submarinista, el alimento del alma, la luz del espíritu, la llama de la esperanza. Una luz al final del túnel, un explandor en mitad de las tinieblas.

La combinación del Arte en vivo y de la Escritura son la píldora de la reconstrucción, son la medicación natural que genera la única tolerancia que se solventa sin perjuicio alguno para la salud. El Arte en vivo es el último bastión que nos queda a los adictos a la belleza, a los dependientes del pensamiento crítico, a los abducidos por la creación y por la magia. Soñadores impenitentes, creyentes inmaculados de lo efímero, de lo fatuo, de lo imperceptible.

La tolerancia, en el sentido de resistirse y aceptar el aporte de determinadas sustancias, crece con la contundencia de píldoras artísticas como las “Genoma B” de Albadulake, las de “Hnuy Illa” de Kukai Dantza o las de “La casa de los espíritus” dirigida por Carme Portaceli. Píldoras que atrapan al paciente de un verano como este, que atrapan al viajero errante, al nómada sin retorno, ni retornos posibles.

Genoma B  

Circo, flamenco, teatro, y sobre todo, danza. Mucha danza para dar vida a una adaptación, a una versión muy personal y original de “La Casa de Bernarda Alba”. Lorca en su máxima expresión. Una Bernarda de hierro, un ataud, un muerto en vida. Opresión, encerramiento, miedo y la muerte como liberación final. Un buzón, encarnado en el personaje de la abuela, como única alma libre…

La bailaora y coreógrafa Ángeles Vázquez y el malabarista Antonio Moreno son el alma de Albadulake. “Genoma B” es un espectáculo con gran carga simbólica, muy cuidada, exquisita. El elenco es multidisciplinar muy bien seleccionado. Importante la coherencia interna de la propuesta y el crecimiento paulatino del espectáculo, del equilibrio entre los momentos importantes, solemnes. Empieza con las hermanas embutidas en unos corsés de hierro, continúa con la danza de los abanicos, con los huevos y con ese final tan contundente y tan poético como trágico. Dolorosa reflexión sobre la libertad de la mujer, la rebeldía y el peso de los prejuicios ajenos. 

Hnuy Illa

Poesía, audiovisual, danza y música. A modo de ciclorama el universo poético de Joseba Sarrionandia (hito en la literatura vasca). Los alquimistas Mireia Gabilondo y Jon Maya, creadores de una poción mágica, que contiene como banda sonora la música de Iñaki Salvador, que ha contado con las colaboraciones de María Berasarte, Ruper Ordorika e introducido la voz -recitando y cantando- del fallecido Mikel Laboa. Hnuy Illa se creó en el 2008, fue Premio Max 2009, como espectáculo revelación. En 2020 el espectáculo ha sido revisado y actualizado.  

Si tuviéramos que resumir la propuesta con una palabra… la palabra sería poesía. La poesía sale, está presente, es protagonista, inunda la escena… la poesía nace del universo de Sarrionandia, de las imágenes bellísimas creadas por David Bernués, de la música de Iñaki Salvador, de la voz de Mikel Laboa, de cada bailarín en escena. No por conocidos dejan de ser un elenco de locura. Y la magia, la magia nace de las privilegiadas cabezas de Mireia Gabilondo y Jon Maya. Cada escena es sí misma, es poesía. Lo único que el aficionado puede hacer es ir a verlo, disfrutarlo. Intentar describirlo es estropearlo. ¡Qué difícil es describir la realidad! Para finalizar, el espectáculo es capaz de integrar el euskera de una manera natural, en versión única dirigida a vascoparlantes y a no vascoparlantes a la vez. La manera de plasmar textos escritos o textos narrados constituyen un hecho escénico y lingüístico sin precedentes en la escena vasca porque integran el euskera de tal manera que el espectáculo no pierde su universalidad.

La casa de los espíritus  

Un trocito de la historia de Chile a través de cuatro generaciones de mujeres, en un momento de cambios socioeconómicos bestiales que desenvocan en una dictadura militar genocida. Isabel Allende escribió esta novela en 1982. Propuesta escénica firmada por Carme Portaceli. Obra maestra. 200 minutos de gran teatro. Elenco maravilloso encabezado por Francesc Garrido, Carmen Conesa, Inma Cuevas… Francesc Garrido, actor de raza, lleno de matices y de virtudes. Dota de una humanidad y de una credibilidad al personaje muy digna de mención. No citar al resto del elenco es injusto. Es un elenco magnífico, cada cual merecería un párrafo. La primera parte es fruto de una finísima carpintería teatral, muy elaborada. Se va recreando la historia tan minuciosamente como minucioso es el texto de Isabel Allende.

El descanso marca una frontera y plantea una pregunta: ¿Después de esta primera parte, qué? Es complicado terminar un espectáculo así. No defrauda la propuesta de Portaceli. La segunda parte, concluye, define, matiza, remata… Y sobre todo, en el final está el perdón. Y, básicamente, el amor. Realismo mágico, obra maestra, canto al amor, dolor y muerte y esperanza, sobre todo esperanza en un parlamento final para la historia del teatro contemporáneo actual.  

En el camino del Arte… las píldoras artísticas conciliadoras del verano 2021

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