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Estreno de ‘Barealdi magikoa’ (La calma mágica) de Alfredo Sanzol en Madrid

Tras el estreno en castellano de ‘La calma mágica’ de Alfredo Sanzol, Tanttaka Teatroa presenta en el Teatro Valle-Inclán de Madrid ‘Barealdi magikoa’, versión en euskera de la obra de Sanzol realizada por Harkaitz Cano. El estreno tendrá lugar los días 1 y 2 de noviembre.

 

Alfredo Sanzol es el autor y director de ‘La calma mágica’ y ‘Barealdi magikoa’, versiones en castellano y euskera de la misma obra que ha llevado a escena Tanttaka Teatroa en coproducción con el Centro Dramático Nacional.

El estreno de ‘La calma mágica’ tuvo lugar en el Teatro Valle-Inclán de Madrid el pasado 10 de octubre y estará en cartel hasta el 9 de noviembre. La versión en euskera de la obra de Sanzol se estrena en Madrid, en el mismo espacio los días 1 y 2 de noviembre con los intérpretes Itziar Ituño, Mireia Gabilondo, Aitziber Garmendia, Jose Kruz Gurrutxaga y Martxelo Rubio.

«Oliver es un hombre que quiere cambiar de vida.

Durante una entrevista de trabajo su futura jefa le ofrece probar unos hongos alucinógenos. Oliver comienza a ver que en el futuro se quedará dormido delante del ordenador y que un cliente le grabará con el móvil dando cabezadas. Oliver querrá que el cliente borre ese vídeo del móvil y el cliente no querrá. De la lucha de dos cabezones nace esta historia de búsqueda de la dignidad y del sentido de la vida.

«Un viaje iniciático que nos va a llevar a África, a los elefantes rosas, al amor, a la obsesión, a los allanamientos de morada, a las escopetas de caza, al alcohol, a la traición, a los sueños robados y a los manantiales de los que surge el agua de la vida.

La calma mágica está dedicada a mi padre, al deseo de poder volver a hablar con él, y al rechazo de que las personas se vayan para siempre. También al placer de recordar historias como ésta: Cuando mi padre vivió en Tejas se hizo amigo de una pareja de rancheros que habían perdido a un hijo recientemente. El chico tenía más o menos la misma edad de mi padre y se le parecía muchísimo. Se le parecía tanto que los rancheros le hicieron la siguiente oferta: Si se quedaba a vivir con ellos, le dejarían el rancho en herencia. Creo que a mis personajes les pasa lo mismo que al personaje de Mishima y «a medida que transcurre el tiempo, los sueños y la realidad llegan a tener el mismo valor entre los recuerdos. Todo lo que ha sucedido en la realidad se mezcla con lo que pudo suceder. Y, como la realidad deja rápidamente el espacio a los sueños, el pasado se parece cada vez más al futuro», Alfredo Sanzol.

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