Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Éxito mediático

Para lograr un objetivo, no es necesario tener la razón, basta con envolver bien el paquete para hacer vendible el producto. ¿Cuántas veces no hemos comprado algo innecesario, solo porque algo en nuestro interior nos impulsó a hacerlo?
Recientemente en mi país, se votó por aprobar o rechazar una nueva propuesta de constitución. No una reforma a la ya existente, sino que una nueva.
De los actos de fin de campaña por el apruebo o el rechazo, se podía deducir fácilmente el resultado final.
Al acto del apruebo, animado por varios artistas de renombre nacional, asistieron miles de personas. Existía una alegría generalizada de buen augurio. En cambio, por el rechazo, no sé si hubo algún acto final o si alguien asistió.
Parecía claro el panorama, pero…
Al igual que en las últimas protestas donde se ve a jóvenes encapuchados destruyéndolo todo que en definitiva solo van a pasarlo bien, sin que exista una motivación real por protestar, ese acto de fin de campaña por el apruebo, solo fue eso; una fiesta para pasarlo bien, sin que esa concurrencia necesariamente significara una tendencia de voto.
El rechazo ganó de manera demoledora.
Fue un rotundo éxito mediático.
¿Y por qué?
Porque más que las ideas, lo que triunfó fue un buen manejo mediático.
Cuando el 5 de octubre de 1988 se votó para derrocar al dictador Pinochet, lo que ganó fue una muy buena campaña basada en el optimismo. No se hizo énfasis en las muertes ni los secuestros ni las torturas. No se hacía gala de poseer la verdad. No se condenaba, sino que se proponía. Ahora en cambio, durante todo el proceso se vieron intentos de protagonismo personal, rencillas ridículas, ambiciones por un trozo del pastel, espectáculos francamente decadentes… no hubo optimismo por algo mejor.
Además, los medios de comunicación, están en manos de unos pocos, quienes obviamente, no se van a prestar para ir en contra de sus intereses personales.
Podría afirmar sin miedo a equivocarme, que una ínfima minoría leyó el texto de la propuesta para una nueva constitución y votaron influidos por las fake news, la opinión muy bien documentada del conspiracionista de turno o porque la sonrisa de alguien le pareció más sincera.
No necesitamos más de esas fiestas donde todo el mundo termina borracho de alegría para despertarse al día siguiente con un dolor de cabeza insoportable. Necesitamos ponernos de acuerdo en el camino que nuestros hijos puedan transitar, porque tengo claro que cualquier reforma que se haga, no será efectiva mañana, ni siquiera pasado mañana, sino que en un futuro lejano.
Esta alternativa para un cambio de paradigma comenzó a fines de 2019 con el estallido social y no tiene vuelta atrás. Nos demoraremos más o menos, pero ya no existe la posibilidad de retroceder.
No se trata de que las minorías dominen a las mayorías como ha pasado hasta ahora. Alguna vez fueron las minorías relacionadas con la riqueza y hoy ese lugar lo quieren tomar las minorías sexuales, las minorías étnicas, las minorías religiosas…
¿Por qué no somos capaces de convivir en armonía?
Las minorías siempre han existido y seguirán existiendo. La clave estaría en saber respetarnos los unos a los otros, no como un mandato religioso, sino como una razonable opción social independiente de lo que los medios de comunicación dictaminen.

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