El cofre de la memoria | Beatriz Iacoviello

Guillermo Cabrera Infante. El cine: sueños que uno compra

Guillermo Cabrera Infante, con ese singular sentido del humor que posee, insistió que si quería entrevistarlo debía hacerlo en Londres. Y allá fui.  La zona en que vive está a media hora del centro. Luego de deambular por los intrincados laberintos del metro londinense, descender con un ancho elevador (en el que se apretujan cincuenta personas) a las profundidades se llega a la estación Gloucester. Al salir de esa subterránea boca, empujada por una multitud deseosa de regresar pronto a casa,  creí que me había equivocado de siglo y de isla y que me encontraba en la Habana decimonónica.  Pulsé el botón del timbre de su apartamento, y salió el mismo Cabrera Infante a recibirme, con su habano encendido entre los dedos. Tan integrado a su persona que no se podría concebir al escritor sin ese apéndice humeante. Con gran amabilidad me hizo pasar y me presentó a Miriam Gómez, su mujer, una criolla que aún conserva ese sabor isleño de los sesenta. 

  El apartamento es más bien pequeño, pero muy alegre. Al entrar tuve la impresión de que la sala era una prolongación de la cocina y viceversa. Dos sillones negros, una mesa pequeña,  una lámpara, plantas, un escritorio donde tenía colocada su máquina de escribir eléctrica (se declara poco amante de las computadoras)  y algún que otro mueble era lo visible, porque el resto estaba sepultado bajo una montaña de libros.  Fue entonces que recordé el cuento de Julio Cortazar “Casa tomada” y pensé: si los libros avanzan, o se descuelgan por las paredes,  en algún momento nos van a devorar a nosotros también.  Los había pequeños, grandes, medianos,  encuadernados, rústicos, en papel Biblia o straza, dedicados o recién comprados,  en inglés, español, italiano o francés, pero de lo que no se podía tener dudas es que la gran mayoría estaban relacionados con el cine.  Por momentos tuve la sensación de que Orson Welles o Humphrey Bogart o Rita Haywoorth se iban a escapar de las tapas de los libros para sentarse a tomar el té con nosotros. 

Luego de intercambiar algunas palabras sobre temas cotidianos y platicar entre otras cosas de la santería con Miriam, que recomendaba no tener flores rojas en la casa (porque traen discordia), sino blancas o amarillas, los fantasmas hechizados del pensamiento de Cabrera Infante se dejaron oír a través de su voz grave. “El cine no solo es importante para mí, es decisivo. Veo cine desde que tenía veintinueve días de nacido. El cine cuenta cuentos y los narra de una manera gráfica. Es mucho más fácil ver una película que leer un libro. Porque una película dura 90 minutos y una novela quien sabe cuantas páginas tendrá. El tema del cine ha tenido una continuidad extraordinaria en mi vida. Con la literatura no sucedió lo mismo, comencé a dedicarme a ella mientras cursaba el bachillerato. la única razón por lo que se va al cine es para disfrutar. No se puede ir al cine como una función social como a un concierto de música, porque estamos aislados por la oscuridad.  No se va al cine tampoco para ilustrarse literariamente porque para eso esta la literatura, se va el cine porque cuenta cuentos y lo hace muy bien, por eso nos embarga. El poder de las imagines, que es muy fuerte, ya está establecido desde la época de Platón. No hay nada que se pueda comparar a la imagen. Esa sentencia de Confucio que dice que una imagen vale por mil palabras, se puede aplicar al cine donde una imagen vale por mil sueños. Por otra parte, tan importante como el cine para mí es la música”. 

¿ La clásica?  

–Hablo concretamente de la música popular. El cine también es un arte popular, porque en cada estreno, como por ejemplo ahora en del Titanic, van cientos o millones de personas en todo el mundo, y no hay en realidad un alcance semejante en la literatura, ni tampoco en la música por supuesto. La música popular posee cierta trascendencia, pero nunca tan vasta como la del cine.

–El rock ¿te interesa?

–No lo soporto. Es el ruido por el ruido. Es como regresar la música al ruido. Saltan, alzan los brazos… gritan y realizan esas exhibiciones de felicidad que yo creo falsas. No obstante, existen casos interesantes, aunque son escasos. Son muy pocos los grupos que permiten oír más de un tema. En realidad, los conjuntos no hacen música sino espectáculo que van a compartir millones de jóvenes. Es un acontecimiento social no musical. La musicalidad del rock es mínima, el resto son aullidos. Los Beatles me parecen grandes compositores, pero muy mediocres músicos. Si uno escucha con atención sus composiciones descubre en ellas un sonido de lata y eso sucede por el mal dominio de la guitarra, que por otra parte es un instrumento muy difícil. Ellos son importantes por la cantidad de melodías que fabricaron. 

–Cuba es la música, es un país de músicos…  

–Con melodías, con melodías…

Guillermo considera a Bob Dylan el mejor poeta americano… (La voz de Miriam Gómez acota irrumpiendo desde un rincón mientras se acerca para traernos el té y un delicioso pastel)).

–Es cierto, pero Bob Dylan es otra cosa. (replica Cabrera Infante). Es baladista en cambio Los Beatles son pop rock. Por ejemplo, de los actuales me parece bueno el grupo Oasis, pero son muy imitación de Los Beatles. Pero esos que hacen ruido, que destrozan sus guitarras, esos… no tienen nada que ver con la música. Eso es un fenómeno sociológico.

–¿Es verdad lo que se cuenta de que tu madre, por la pobreza,  les da daba a 

elegir entre el cine o las sardinas y por eso le has puesto a tu libro Cine o Sardina?

–No, no es cierto. Quise reunir en un libro los escritos sobre cine que había hecho durante muchos años y el título fue un juego de palabras. 

–En Cine o Sardina trataste de tomar filmes y personajes como Chaplin, Kafka o Bogart porque se relacionan con la historia de la Segunda Guerra Mundial ¿te lo propusiste, o es que uno comienza a descubrir la historia a través de las películas que vas nombrando?

Para nada. Si aparece eso en el libro es por equivocación mía.

–Esa fue la lectura que hice…

–Considero muy poco importante la historia. La geografía, para mí, es más esencial. Que México tenga una frontera con los EE.UU de la dimensión de miles de kilómetros, es mucho mas trascendental que la historia de México con relación a los EE.UU. Siempre he pensado que la historia posee una gran parte de invención literaria. Todos los historiadores en el fondo y en la superficie son escritores. La historia misma, considerada toda ella como un argumento decisivo, me parece falsa, porque quien nos dice que Julio Cesar fue asesinado. Tal vez la existencia de Julio Cesar resida en unos cuantos libros de los contemporáneos, como los historiadores Plutarco o Tácito. Y no puedo homologar la existencia de esos personajes históricos, tan ficticios como los de una novela. Y para perder tiempo en la historia prefiero creer en la literatura.

–La historia contemporánea todavía es más complicada, porque a pesar de que la estamos viviendo nunca sabemos cual es en verdad lo que sucede…

–Exactamente. Considerando que la historia marcha sobre la cabeza de los políticos y todos los políticos mienten, no existe ninguna manera de asegurarse que lo que está ocurriendo sea verdad.

–En Cine o Sardina criticas mucho a Orson Welles, sobre todo con relación a su adaptación de El Proceso de Kafka…

–¿Por qué añadir pesadilla a lo que es ya una pesadilla? Pienso que es un acto inútil. Él no debería haber acentuado tanto el carácter de pesadilla a la narración porque Kafka no lo hace en ningún momento. Por otra parte, Kafka es fundamentalmente un escritor humorista, Uno se ríe con las cosas que se le ocurren a Kafka, sobre todo en lo que se refiere a la confusión cotidiana, o el absurdo diario, que generan malos entendidos. Orson Welles no tomó en cuenta ese recurso e hizo una película de gran pesadilla a la gran manera de Orson Welles. Creo que la película fue un gran fracaso desde mi punto de vista y también desde el punto de vista de la versión de Kafka. Lo que sucede es que todos los libros importantes llevados al cine de ese modo conducen siempre a un callejón sin salida. Si son fieles al libro se traducen en mal cine y si traicionan el libro se transforman en buen cine. Es una dicotomía que no encuentra caminos de resolución. Las mejores películas se han hecho sobre libros mediocres o malos, El mismo Orson Welles hizo La dama de Shanghai, basada en una novelita de aeropuerto, de esas que vendían en los puestos, fue extraordinaria. Su fracaso con El Quijotefue por otra equivocación,  porque quiso hacer parodia de una parodia. 

¿Con las adaptaciones de Shakespeare ocurrió lo mismo?

–Fue diferente porque el se movía en un territorio muy conocido por haber sido actor de teatro. Ahí si estaba su fuerte. A parte de la notable creación que es el Ciudadano Kane fueron muy interesantes el Otelo, Macbeth y la que se llamó Campanadas de medianoche en que el hacia un delicioso Falstaff, monumento a la gula y a la cobardía, pero también a la lealtad. Orson Welles fue un artista del Renacimiento, mejor dicho, un hombre del Renacimiento. Era actor, director, ilusionista o mago de salón, escritor, adaptador, productor, actor y director de cine entre otras cosas.  Poseía una personalidad única. 

Guillermo Cabrera Infante
Guillermo Cabrera Infante

–El escribió el guión  de Santa para Dolores del Río que nunca llegó a realizar…  

–A él le ocurre un poco lo que a Kane, se encuentra con mujeres que le interesan  e inmediatamente trata de convertirlas en grandes actrices, en mujeres míticas, como sucedió con Rita Hayworth en La dama de Shanghai. En realidad, cuando se encontró con Dolores del Río había pocas mujeres tan bellas e inteligentes como ella.

–¿Que te parece María Felix?

–Soy todo por ella. Era de una gran belleza, tenía un gran tipo y una voz extraordinaria. Ha tenido grandes detractores a su alrededor. Creo que era una forma de envidiar que aún hoy circula por determinados ambientes. Me gusta porque es una mujer que dice exactamente lo que piensa, y eso es muy peligroso, no sólo en el cine sino en el mundo del arte y periodismo. Mientras que Dolores del Río se mantenía hierática, no decía nada, y la rodeaba el misterio, María se ha buscado muchos enemigos por su lengua. Ninguna de las dos fueron grandes actrices, pero eso no importa porque el cine esta hecho por mujeres extraordinarias como Hedy Lamarr, la gran diva de Sansón y Dalila (Sansom and Delilah) que hacia pareja con Victor Mature,  que era una mala actriz, pero de una belleza total.

–¿Que piensas del cine mexicano de la época de oro y del actual?

–No conozco tanto el actual porque sus películas no llegan a ninguna parte. En La Habana por ejemplo en la década del 50 y la del 60 se veían películas argentinas y mexicanas. Me gustaba mucho las películas de Gardel y Luis Sandrini. Me interesó bastante Hugo del Carril, especialmente en una película extraordinaria que se llamó Más allá del olvido. Hugo del Carril fue muy famoso en La Habana, cantando tangos.  Hubo grandes actrices argentinas como Mirtha Legrand, Nini Marshall, Mecha Ortiz, Amanda Ledesma, Delia Garcés que también filmó mucho en México, Amelia Bence, de la que decían tenía los ojos más bellos del cine latinoamericano… Se pasaba mucho cine mexicano, español y argentino. Había fanáticas de Jorge Negrete, Pedro Infante, y Pedro Armendariz, que era calvo, pero era el actor preferido de John Ford. El otro día volví a ver Cerro apache, en la que él hacía un papel muy secundario. Tintan fue otro de los preferidos del público cubano y también actrices como Marga López, que era argentina, y Elsa Aguirre. Hubieron directores muy buenos como René Cardona que primero fue actor o Juan Orol, siempre lo acompañaba una rumbera cubana en sus presentaciones. En un festival de cine americano llevé Víctimas del pecado con Ninón Sevilla, dirigida por el Indio Fernández, con fotografía de Gabriel Figueroa, causó sensación. La pasaron no se cuantas veces. Luego se llevaron una copia para que la viera la gente de Coppola en San Francisco. Susan Sontang también quiso verla y lo hizo más de una vez. De pronto y por esos azares del destino cinematográfico Ninón Sevilla se convirtió en un suceso. Como lo fue Aventurera que se pasó en el Festival de Cine Maimi. Es un gran melodrama, porque contiene todos los resortes de la sorpresa. Andrea de Palma tiene allí un rol interesante.

–No podemos hablar del cine mexicano y olvidar a Gabriel Figueroa ¿no te parece?

–Y no sólo del cine mexicano sino del americano. Gabriel Figueroa hay que recordarlo en aquel gran alarde de fotografía que fue la cinta de John Ford, El fugitivo  (The fugitive, 1947), cuyo tema era el de un cura perseguido en México. En Víctimas del pecado realiza unas tomas extraordinarias de fotografía urbana que uno no pensaría en asociar con Figueroa, especialmente una secuencia en la calle,  cerca de una fabrica. 

–Emilio Férnandez ¿que piensas?

–Creo que el Indio Fernández más interesante, para mí, está en Río escondido. — 

–¿Te gusta más el  cine en blanco y negro?

–El cine en blanco y negro tiene otro tipo de connotación. La fotografía te lleva a otra fantasía, a un panorama de una cierta tristeza. El color ha introducido en el cine la vanidad cotidiana. El cine en blanco y negro siempre te separa de la realidad. Los sueños son en blanco y negro, la realidad no. Y eso lo que tenía el cine en blanco y negro y por eso era cautivante. Por ejemplo, las grandes comedias del cine se han hecho en blanco y negro no solamente las primeras silentes, sino las comedias habladas.

–Lo que tú dices me remite al cine y los sueños… 

–Es que el cine es el sueño con otro horario. Julio Alemán, que se instaló en Nueva York, tiene una frase que parafrasea el filme de Hans Richter: Sueños que el dinero puede comprar (Dreams that Money can Buy, 1946), “el cine son sueños que uno compra”. Esa es una frase que le viene muy bien al cine porque es verdad las películas son sueños que uno compra. Claro que ahora existe la posibilidad que tengamos sueños gratis por la TV. Pero siempre lo que el cine ofrece son visiones del futuro. Hay películas que trabajan el sueño dentro del sueño, como “La mujer del cuadro” con Joan Benett. Él ve un cuadro en una tienda y de pronto se le refleja en la vidriera la mujer del cuadro, que el admirado tanto. Ella tenía una relación con un chantajista. Él decide suicidarse y al final toda ha sido un sueño. Fue la primera película que pusieron un aviso que no se podía entrar después pasada la media hora y que el que la había visto no contara el final.

–Es como ingresar al mundo de los sueños dentro de la realidad del cine o…

–Es que el cine son los sueños por otro medio. Las películas que tienen como realidad el sueño son tautología, redundancia que acude a unas referencias que el cine ya las tiene desde del principio. Por ejemplo, las primeras películas de Georges B. Mèliès. eran un sueño. En ella está todo el surrealismo adaptado al cine. El cine es como un sueño, ahora es en colores y se le quito la sugerencia del blanco y negro.

–Si tuvieras que escribir sobre mujeres bellas sobre quien lo harías especialmente?

–Sobre una mujer muy bella y cautivante como Gloria Grahame que siempre tuvo papeles secundarios. Para mi era una mujer fascinante, y yo lamento, mejor dicho, no lo lamento… Ella, ya muy mayor, estuvo viviendo en Londres y teníamos un amigo común que poseía una gran colección de fotos de cine, era un gran amante del cine,  John Kobal. El me ofreció presentármela, pero considere que era muy tarde. Yo hubiera deseado conocerla cuando ella tenía 30 años. Aunque no es precisamente mi actriz favorita, pero tenía una presencia muy dominante en el cine. A mi me interesa sobre todo una película muy poco conocida y que yo descubrí gracias a la televisión,  En un lugar solitario (In a lonely place). Es una de las historias de amor más hermosas que conozco. A su lado, como actor, como amante, como sombra sola, estaba, Humphrey Bogart quien nunca actuó mejor en su papel de escritor de cine demasiado violento para el amor y la gloria del amor de Gloria, y que al final se va solo rumbo al infierno. En esa cinta los celos son tan dominantes como la famosa El,de Luis Buñuel. Bogart no es tan paranoico como Arturo de Corboba en El , pero es igual de peligroso. Ella ya había trabajado en otro filme de gran espectáculo como El mayor espectáculo del mundo, ( The Greatest Show on on Earth, 1952 ) aquella película que lleva al espectador al interior del Circo Barnum, del que muestra su pintoresca vida como si se tratase de un documental. Su papel fue el de la amante casquivana del domador de elefantes. 

–¿De Lauren Bacall  que opinas? 

Si te gustan las bocas grandes, ella es bella. Es una mujer que cabalgó literalmente durante mucho tiempo sobre los hombros de Humphrey Bogart, pero ya entrada en años comenzó a ser ella.. Me gustó mucho en la película  “Designio de mujerEn realidad me parece una actriz menor, que disfruta de la aureola que consiguió al lado de su marido. 

–¿Y Giulietta Masina?

–No fue una gran actriz, creo  que fue un invento de Fellini. Pienso que es la actriz más fea del cine. En “Cabiria me hace acordar mucho a Harpo Marx.

–Su grotesco es de una gran ternura, como en La strada.

–No lo creo. El que si tiene una gran ternura allí es Antony Quinn, que por otra parte es muy apasionado. Somos amigos desde hace mucho tiempo. Es un hombre muy intenso. El quiso ser siempre pintor, no le importa tanto ser actor como pintor, a la manera de Gauguin. Cuando se lo ve pasear por su estudio entre sus pinturas y esculturas,  uno piensa que en realidad de Anntony Quinn lo más interesante es su personalidad. Recuerdo una de sus primeras películas, allá por el año 40, en que hizo una magnifica interpretación de un mexicano falsamente acusado de robar ganado, lo iban a linchar y el se comportaba como muerto. Otra película que estuvo muy bien fue en Zapata.

–El cine y el boxeo

–La mejor película de boxeo que vi fue una que en cuba se la tradujo como El luchador, incluso superior a  El Toro Salvaje

–¿El nuevo cine inglés te interesa?

–Vi Traspporting, y trata sobre drogadicción, no me parece lo más interesante. Con Full Monty me ocurrió otro problema, tengo una gran previsión con respecto a los hombres desnudos, prefiero ir al baño y mirarme en el espejo,  además ahorrarme las 5 libras que cuesta el cine. Esa no es una reflexión mía sino de Groucho Marx de la que descaradamente me he apropiado. La he adoptado por que me revienta en el cine actual las escenas sexuales, en ellas se ve la espalda del hombre y oculta a la mujer. Para ver nalgas y torsos masculinos mejor voy al baño y me quito la ropa . 

–Eso es egocentrismo …

–Eso es ahorrar dinero.

–Del cine español quien te interesa? 

–El Almodovar de La flor de mi secreto.

mí no me pareció tan buena…

–A mi si me gusto mucho.

–No creo que sea lo mejor de Almodovar. ¡Átame!, pienso que es superior.

–Tú estas aquí para entrevistarme no para contradecirme.

–No voy a contradecirte, pero te digo lo que pienso…

–Me parece muy bien, Me gusta mucho La Flor de mi secreto, porque es una forma de culebrón tomado en serio. Con una gran intensidad emotiva de parte de Marisa Paredes. Me gustó más que Tacones lejanos,

–Tomando a Almodovar y su modo de mirar el amor ¿dónde harías tú el amor ? ¿Entre los libros?

–No hay más que un lugar, la cama. Lo demás son acrobacias.

–No te suena a tradicional…

–A mi me gusta estar cómodo.

–¿De cocina que dirías ?

–Aquí la experta en cocina es Miriam Gómez, mi mujer, que tiene una biblioteca, allá atrás en el fondo, llena de libros de cocina. No soy un apasionado por la cocina. Y solo soy proclive a muy pocas comidas Yo me encuentro muy bien con un plato cubano que se llama arroz con huevo frito, me encanta. El huevo frito sobre el arroz blanco para mi es la mejor comida. Aquí se hace muy a menudo a pesar que a Miriam Gómez no le agrade demasiado.

–¿Te interesa la semiótica? 

–Semiótica, es un plato que nunca comí, prefiero la pelota.

–¿Qué piensas del paso del Papa Juan Pablo II por Cuba?

–El Papa fue a Cuba a buscar espacio para la Iglesia. La Iglesia ha quedado muy deteriorada después del embate de Fidel Castro. Fueron muchos años de prohibición, de empantanamiento de todo el aparato de eclesiástico. El cierre de los conventos, la clausura de iglesias, la expulsión de curas y, además se está viendo ahora, había gente que no iba a la iglesia porque tenía miedo. El Papa ha ido a asegurarse que haya alguna libertad para la Iglesia Católica. Ni siquiera para la iglesia cristiana, sino para la iglesia romana. No pide ese espacio para los Adventistas del Séptimo Día que sufrieron enormemente y fueron a parar a campos de concentración, como también los “bati blancos”, llamados así porque se vestían de blanco y consideraban el domingo día de pureza, o los cuáqueros y otros grupos protestantes. Para ellos no hay una petición del Papa

–Ni para los judíos tampoco…

–No por favor… aunque los judíos no son muchos en Cuba. Tampoco nadie ha dicho nada del papel de Pío XII, en el aniquilamiento del pueblo judío. Porque este señor cuando era el Cardenal Pachelli, y Nuncio en Berlín, firmó el primer concordato entre la iglesia y los nazis. Poco tiempo después lo hicieron Papa y como tal volteó la mirada hacia otro lado y nunca reconoció que los judíos estaban siendo exterminados. 

–Tampoco hizo nada por los católicos exterminados en Polonia.

–Es verdad. La historia de la Iglesia Católica Apostólica Romana es muy negra. Por otra parte no es curioso que Mussolini, que durante su régimen mandó a campos de exterminio a miles de italianos entre judíos, católicos y políticos, no haya tocado el Estado del Vaticano. Pienso que la Iglesia Católica debería ser un poco más discreta.

–Entonces para ti la ida del Papa a Cuba ¿qué significó ?

–Una gran farsa, un circo, con un megaterio, un animal político antidiluviano de anfitrión como Fidel Castro. El Papa es igual y por eso están ahí los dos. 

–Los santeros tampoco fueron considerados para un encuentro con el Papa, a pesar de poseer una gran fuerza…

–En realidad la Santería siempre ha tenido de enemiga a la Iglesia Católica. La santería no es una herejía y funciona a través de los santos del santoral cristiano. Es un hecho eminentemente folklórico y eso le molesta a la iglesia porque dejó de serlo. La iglesia pudo ser folklórica hace muchos siglos, pero ahora los curas son como el regimiento de un estado que envía una serie de plenipotenciarios o generales a conquistar el territorio enemigo,

–Hablemos del Premio Cervantes…

–Lo recibí con sorpresa porque ya antes había habido una candidatura mía al premio y no me la habían concedido. Cuando me dijeron que me iban a presentar de nuevo mi candidatura pensé que sería como las otras veces, que se iba a interponer alguien y… en realidad no quería ilusionarme. Me enteré cuando me llamó mi agente literario y luego la ministra de Cultura de España. Más tarde hablé con Mario Vargas Llosa y otros miembros del jurado… La verdad es que no contaba con ganar el premio.

–¿Qué te posibilitará el premio?

–Trabajar con más libertad… Más que la libertad, que es optativa, me dejará comprar tiempo. Me permitirá, estar dedicado a mi obra y no escribiendo para sobrevivir.

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