Críticas de espectáculos

John Lee Hooker, Jöel Merah y Beñat Achi

John Lee Hooker Se ha ido. Escuchando sus notas, su voz, sientes un tumulto. Como una ola. Lo escuchaba en la radio, porque John Lee Hooker se ha ido y, aunque imparablemente llegan otros, tú te sientes un poquito más solo.Porque él se ha ido. Quizás el blues sea eso: una despedida y la despedida a John Lee Hooker sabe a eternidad, que es sinónimo de soledad.Y curiosamente por la mañana escuchaba a John Lee Hooker en la radio, que desde todas las emisoras lo despedían, y a la noche, en un antro de la ciudad, despedían a John Lee Hooker. Era un homenaje a John Lee Hooker, porque se había ido y el homenaje lo rendían dos músicos excepcionales, conocidos sólo en la élite, Joel Merah, de origen egipcio con un estropajo de cocina rascaba su guitarra eléctrica ofreciendo con sus efectos el preludio de la despedida a John Lee Hoker y al poco sus notas convertían a John Lee Hooker en inmortal, hasta el punto de que en ese pequeño antro de la ciudad una docena de personas asistíamos atónitas y maravilladas a la despedida casi carnal, casi en cuerpo y alma de John Lee Hooker, cuya voz se hacía cuerpo presente en el cuerpo y la voz de Beñat Achiary. No, no, no no no no no era que Beñat imitase a John Lee Hooker, sino que como en un rito pagano y ancestral y por la magia de la música y de la voz prorrumpían notas, sonidos, gritos, cantos maravillosos del más conmovedor blues, del más conmovedor homenaje que nadie nunca haya hecho a un artista, a menos que sea también un artista y Joel y Beñat, para esa docena de personas que asistíamos conmovidas a su concierto realizaban una gran y espeluznante obra de arte homenaje. Con el rabillo del ojo yo miraba a la puerta, porque era imposible que aquellas notas, aquellos desgarros no se propagasen por toda la ciudad y no irrumpiera en masa en el local la gente atraída por semejante alarido, y sin embargo no entraba nadie, es más, en la calle se había hecho un silencio total, como si el mundo hubiese dejado de vivir. Sabeís, es muy fácil trabajando con la voz desembocar sin quererlo en algo púramente virtuosístico, algo púramente técnico, precísamente porque se ha adquirido una gran técnica. Porque una gran técnica tiene Beñat Achiary, y sin embargo, Beñat trabaja sin red, lazándose al vacío, al vértigo.Vértigo es lo que sientes cuando le escuchas, el vértigo de la voz enloquecida que viaja libre, obscenamente libre, sí, hay algo de obscenidad en esa libertad, en esa sensualidad, en esa fisicidad vocal de velocidad salvaje, de cambios imprevisibles y que arrastra al artista por caminos, sendas, veredas, terrenos e itinerarios no programados . Cuando asistes a algo así, cuendo estás en el sitio y el momento justos, cuando puedes contemplar el milagro, sólo piensas una cosa: el mundo se ha detenido y yo tengo el privilegio de asistir a este shok cardiaco del mundo, a la muerte, que tiene algo de magnífico, como todo misterio. Adios John Lee Hooker y gracias Beñat y Joel por quedaros.

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