Un cerebro compartido | Miguel Ribagorda

La antropología teatral y el espectador (I)

De acuerdo a la definición que Eugenio Barba dio de su antropología teatral, se trataría de un estudio del comportamiento fisiológico y sociocultural del hombre en situaciones de representación organizada. Así descrito, podría parecer que se refiere al hombre sobre el escenario, y en este artículo me planteo si igualmente podría hablarse del comportamiento fisiológico y sociocultural del  hombre que desde el patio de butacas comparte la comunicación bidireccional con la escena: el espectador. 

Como toda la teoría teatral en la que merece la pena detenerse y profundizar, la definición de antropología teatral tiene un porcentaje de tesis sólida y otro de indefinición en el que hurgar para seguir aprendiendo. Como estudioso del espectador, planteo la tesis de acercar la antropología teatral al proceso de recepción, y esto no es baladí, ya que de ser correcta su aplicación, sería lícito aplicar la conocida pre–expresividad al propio espectador y resolver que los principios extra–cotidianos y pre–reflexivos vigentes en la emisión teatral pueden aplicarse al receptor.

Para el que no recuerde el concepto de pre-expresividad de Barba, baste decirle que no se trataría de una forma de actuar, sino de la existencia de una segunda naturaleza estructurada de la que se apropia el actor con la que soporta su trabajo. Se trata por tanto de uno de los niveles de organización que utiliza en su corporización de los personajes que encarna. De acuerdo a su teoría, el punto fundamental de la pre-expresividad del intérprete se encontraría en la calidad de su accionar sin importar el estilo, lo valorable es la disciplina a la partitura dentro de la que podrá encontrar el abanico de acciones que le permitan investigar su corporalidad. En este sentido, los principios para el actor bajo el prisma de la antropología teatral son: a) La danza de las oposiciones. Opuestos corporales que generan energía en el actor. Esta energía no implica grandes desarrollos de movimientos sino diferencias de potencial en el trabajo actoral, b) El equilibrio precario, partiendo desde lo que Barba llama sat, la retención de la energía, en pausas, contra escenas, y actuación de la ausencia, que origina el ritmo actoral y compositivo, c) La aplicación al trabajo escénico de una inconsistencia consistente y d) La ruptura de automatismos mediante los equivalentes extra-cotidianos.

La antropología teatral así entendida no es un género, un estilo, una estética, una técnica, ni una metodología, sino un fundamento investigativo–creativo que permite encontrar cimientos para el trabajo del actor que le ayudan a romper sus automatismos y esquemas cotidianos: le ayuda a encontrar esa segunda naturaleza. Pero, ¿qué sucede con el espectador? Pienso que no le aplicaría la danza de oposiciones, ¿qué danza podría tener su estar físicamente pasivo durante la representación? Su ser se ve alterado, es activado por el efecto de su accionar perceptivo en el disparo de grupos neuronales como el de las neuronas espejo que dejan preparado a su sistema motor para activarse con la lógica inhibición de sus recursos motores y, además de alguna aseveración o gesto voluntario o involuntario, permanece inmóvil durante la representación. Tampoco le aplica el equilibrio precario, ya que, una vez más, mostrar ese equilibrio bajo el concepto de retención de energía sería fabricar una actitud que por definición de la acción de percibir y recibir en el universo representacional no le corresponde al agente receptor sino al emisor. La inconsistencia consistente como argucia de construcción de personaje que lleva a dilatar su acción cae en el mismo lado del comunicador físico y no del comunicado; del actor, no del espectador. Por último, la ruptura de automatismos por medio de los equivalentes extra–cotidianos que sufren la misma mirada sesgada que los puntos anteriores, pertenece a las herramientas del agente productor y no se entenderían en las manos del receptor. Entonces, ¿puede aplicarse el concepto de antropología teatral al espectador?

Parece evidente que Barba presenta sus técnicas extra–cotidianas escénicas frente a las cotidianas de la vida, esto es, sus principios pre–expresivos son elementos que subyacen en el fondo de las técnicas actorales. Pero no hay que olvidar que a un estado pre–expresivo del actor le corresponde  un particular estado de la visión del espectador que precede a la interpretación; ese estado permitiría afirmar que antropología teatral y espectador son compatibles. Continuaré en este punto en la siguiente columna.

Un comentario

  1. Querido Miguel, Muchas gracias por el artículo. Muy interesante el punto de vista. Me gustaría conocerte para intercambiar sobre el tema. Yo dirijo un laboratorio internacional Residui Teatro, conectado al trabajo del Odin y desde el 2013 a las técnicas asiática de teatro danza con una producción con Japon y dos con India. La última Ista fue totalmente dedicada a la percepción del Espectador y en muchos trabajos escénico del Odin, nuestros, y de otras agrupaciones, la atención a como el espectador percibe también es un campo de estudio. La distancia máxima por ejemplo del espectador más lejano de los actores, en los espectáculos con el público a los dos lados ( como en el aparato del Odin por ejemplo), no supera los 8 metros. Eso porque es el límite físico para que haya respuesta cinestésica. Otra manera de trabajar sobre la percepción del espectador es el estudio y la elección de que tipo de butaca, que «obligan» el espectador a estar sentado con la columna en acción. Esa y otra mucha práctica pon la atención en la percepción del espectador partiendo de los principios de la antropologia teatral. Un saludo

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