Escritorios y escenarios | Manuela Vera

La fascinación por legitimar el yo

Cuando ejerzo el rol de jurado de trabajos de grado, o de concursos, así cómo el de investigadora, noto una constante que se ha venido radicalizando en los últimos tres o cuatro años. De cierta manera me resulta atractivo, pero al mismo tiempo me preocupa. Las primeras veces que me encontré con este fenómeno estuve absolutamente conmovida, impresionada. Y aunque, en principio, este impacto parecía lógico, dado que antes este tipo de asuntos escaseaban, o al menos yo no los encontraba tan a menudo, creo que mi conmoción tenía que ver con el hecho no solo del riesgo, de la osadía, sino de que lo narrado, lo investigado resultaba o profundamente doloroso o profundamente revelador. Mejor dicho, la indiferencia antes estas formas era, es, imposible.

Me refiero a los estudios sobre el yo. Sobre esa tendencia a estudiarse a sí mismo.

Uno de los hallazgos de la modernidad, cultivado durante el Renacimiento, fue el de mirar al ser humano, su cuerpo, su interior en términos anatómicos, entre otras cosas porque apareció el espejo, lo que permitió al pintor y al ciudadano de a pie, tener una percepción, en una escala “realista” sobre sí mismo. Y como recordarán, desde esta perspectiva que miró al ser humano con fascinación, se enunció que éramos como Dios.

Por otra parte, es justo en este periodo cuando empieza hablarse de que a lo mejor cada uno de nosotros tiene un mundo interior. Sin embargo, es hasta el siglo XIX que nacen la psicología y el psicoanálisis, lo que terminará por decantar nuestra actual idea del yo y, por supuesto, de la subjetividad. Y habrá que ver qué terminan de proponer las neurociencias.

Pero ¿quién iba a imaginar que, durante el siglo XXI, en sus primeras dos décadas, los artistas investigadores, iban a converger en la causa, en la necesidad, en la obsesión, de mirarse a sí mismos?

Lo que me preocupa de este asunto es que se está mirando tanto, tantísimo, al sí mismo, que me incómoda la idea de que se está mermando la mirada y el reconocimiento sobre el otro, sobre los otros, sobre la otredad. Y si no tomamos conciencia de la otredad, si no somos capaces de reconocerla, de estudiarla, de comprenderla ¿qué será de este mundo? ¿La conversación será imposible? ¿Tendremos una sociedad de soliloquios? ¿Y primará la legitimación del yo, pero no de los otros?

Domingo 13 de noviembre del 2022.

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