Sud Aca Opina | Patricio Sancha

La guerra terminó

La guerra terminó, o al menos eso parece, simplemente porque la novedad dejó de serlo. En los primeros días del conflicto bélico, los periódicos solo publicaban noticias de la guerra, en las radios era de lo único de lo que se escuchaba, en la caja estúpida, las imágenes de bombardeos y los análisis de eruditos, desde su cómodo estudio de televisión, a miles de kilómetros de distancia, hacían un despliegue verbal impresionante, solo se hablaba de balas, bombardeos, destrucción y muertes.

La efervescencia noticiosa ya pasó. Dejó de ser noticia de ultimo minuto, la novedad ya no lo es, por lo que ya no vende tanto; todos los ratings bajaron. El morbo humano ya tuvo lo suyo y a otra cosa mariposa. Con los mismos titulares repitiendo un consabido molde, ahora la gente prefiere comprar una revista de moda a un periódico amarillista. Los mismos despachos radiales con ese zumbido de balas a manera de música incidental, ya aburren. Las notas de prensa grabadas frente a un edificio bombardeado más por las palabras de los periodistas que por el enemigo, ya no son novedad.

Los medios de prensa desinformativos ya volvieron a la normalidad, esa donde las nuevas tetas del rostro televisivo de moda o el romance maqueteado de un par de actores, no necesariamente binarios, son lo importante.

¿Incluso el horror puede ser normalizado?

Lamentablemente si.

Así como cuando un dolor es tan grande que llega el desmayo para salvarnos de un calvario consciente, quizás esto de normalizar las atrocidades concebidas por quienes formamos una sola especie, sea un mecanismo biológico de defensa, para seguir conviviendo con los monstruos que de tanto en tanto, podemos llegar a ser.

EL morbo vende más que el optimismo, pero afortunadamente, no por mucho tiempo, a menos que el foco de atención se desplace a otra realidad igual o peor de cruel.

Ya fueron bombardeados objetivos militares, colegios, hospitales, y como suele suceder, se han producido mas muertes de civiles que de profesionales de la guerra. Los medios de comunicación, han sabido echar mano a imágenes desgarradoras de niños con lagrimas dejando marcas en rostros inocentes. Un niño llorando, siempre sirve como para lograr mayor impacto con una nota de prensa. El sufrimiento infantil vende.

En la pauta noticiosa, la guerra ha sido re ubicada; dejó de ser titular para encontrarla entre el valor del dólar y el informe meteorológico. No quiero ser injusto; a la audiencia siempre le interesa saber cuanto le va a costar aumentar el tamaño de su televisor y la temperatura del próximo día para elegir la vestimenta adecuada.

Dados los avances de la tecnología, el mundo es ahora una aldea global donde el efecto mariposa, aparte de tener un lindo nombre, es completamente real. Lo que sucede en cualquier lugar de esta insignificante partícula cósmica, influye directamente en su antípoda.

La guerra terminó, aunque solo en las pantallas, porque la violencia humana ha existido, existe y seguirá existiendo por siempre, está en nuestros genes. Las balas siguen surcando los cielos, aunque se hable menos de ellas. El negocio de la guerra enriquece a los de, siempre a costa de los sufrientes de siempre. Esa debería ser la noticia; exponer la causa y no los efectos, curar el origen de la enfermedad y no sus síntomas.

Paciencia, cada uno de nosotros puede ser una mejor persona, pero lamentablemente no podemos cambiar la inconciencia de otros, al menos no por imposición, solo podemos influir en nuestro propio actuar y quizás, a través de nuestro ejemplo, influir en el prójimo.

La guerra no ha terminado, al menos, esta no.

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