Y no es coña | Carlos Gil

Los números y los dioses

El metódico, inteligente, políglota docente e investigador teatral de primer nivel que nos honra publicando en este periódico digital titula el de esta semana con el número de sus colaboraciones, 501. Quinientas una semanas en las que Afonso Becerra nos ha iluminado con sus análisis de obras, movimientos, conceptos. Eso significa cerca de diez años. Lo que es un esfuerzo descomunal. Algunas semanas y años más llevamos con esta sección, lo que nos hace pensar en las veces que nos habremos repetido en nuestras ideas, en todos los errores que habremos cometido, en aquellas ideas, medio ideas, ocurrencias, plagio de conceptos de toros pensadores, propuestas secas, húmedas o semidesnudas, en definitiva, una labor incesante de ir deglutiendo cada semana lo acontecido aquí, allá, acullá, en lo artístico, en lo profesional o en la gestión. Desde lo más puro a lo más defectuoso que son las pocas políticas existentes para las artes escénicas. De ello nos alimentamos e inspiramos.

Recordemos que, en ninguna ley, ni estatal, ni local, ni autonómica, existe algún renglón que indique, por ejemplo, qué hacer con los cientos de espacios teatrales de toda índole que pueblan muchas localidades pequeñas, medianas, capitales de provincia o de autonomía con los teatros de titularidad pública. La ADE ha lanzado esa compaña a la que nos sumamos, o, dicho de otra manera, de la que hace mucho tiempo somos abanderdos solitarios sobre el uso de los espacios públicos, de los teatros, y que ahora la concretan con una bella utopía, “ningún teatro sin compañía, ninguna compañía sin teatro”. Así sea. Va un poco más allá de las compañías residentes, se trataría de hacer un estudio, convertirlo en ley, para cambiar el sistema productivo y de exhibición. 

Me callo. Esto ya lo he escrito. ¿Cuántas veces? ¿Sobre qué cosa no se ha escrito durante estos años aquí? Y entramos en la parte no lírica del asunto, ¿para quién escribimos? ¿A quién le importa lo que se escribe, no solamente aquí, sino en todos los medios de comunicación que tratan de asuntos similares? No quisiera ser derrotista, pero la anestesia de la subvención, de la regalía, la ayuda, el no ofender al poder constituido está impidiendo el pensamiento crítico. Es más, no es que haya autocensura, es que no existe ese pensamiento. Existe el aplauso, el conformismo, el miedo, el seguir la corriente. Se trata de convencer, convencerse, convencer al mundo entero que todo lo que se estrena es fabuloso, las programaciones de los teatros públicos son lo mejor de lo mejor, imposible de superar, las políticas inexistentes se toman como ejemplos, y así sucesivamente hasta el bloqueo mental final.

Todos somos partícipes de esta situación. Todos nos convertimos en cómplices. El que estemos en una situación regresiva, por mucho que se insista en algo obvio, se están incorporando dramaturgas, directores, técnicos, gestores de otra generación, pero llegan con una cartilla neoliberal muy bien aprendida. Se trata de atender primero a los números, no de buscar entre lo desconocido los nuevos dioses. Se conforman con los actuales dioses y diosas de corto recorrido, que se adoran en pedestales de papel, incluso de papel cuché. 

No está claro que se pueda mantener el ritmo, que consigamos no quinientas entregas más, sino cincuenta, o cien, la situación no está clarificada. Sabemos vivir en la incertidumbre, lo que sucede es que hay momentos en la vida de una entidad, de sus componentes, en los que hay que tomar decisiones. Los años pasan. El cansancio se acumula. El hacer el juego a las instituciones desorientadas no es una buena postura. Es un aburrimiento.

Seguiremos buscando dioses menores, intentando que cuadren los números. Y agradeciendo a todos los colaboradoras y colaboradores que de manera desinteresada nos acompañan y nos convierten en imprescindibles para unos cientos o miles de lectores asiduos. Para ellos contamos los días. Ellos son nuestros ángeles.

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