Sangrado semanal | Juana Lor

Otra vez, otro no

Pues nada. Otro “no”. Uno más en el camino. Y eso que, esta vez, estaba contenta con el resultado. Me refiero a la prueba enviada como un mensaje lanzado en una botella. Esta vez había atado un lazo precioso al rollo de cinta grabada. Con amor, esfuerzo y la ayuda de buenos compinches que te acompañan en este camino. Y aún así, ha sido un “no”. Otra vez, otro no. 

Al mismo tiempo, una vez lanzado el mensaje, como una promesa por cumplir, me esforcé por mantener la esperanza bajo mínimos, porque ya son muchos “no”. Por lo tanto, se trataba de hacer que la ilusión por ser seleccionada mantuviera un perfil bajo, a pesar de los pinchazos inesperados que me asaltaban en la barriga día tras día, cuando mi cuerpo se acordaba de aquello que mi mente se esforzaba por reprimir: un aguijón de alegría que se me revolvía dentro, antes de que mi cerebro, encabronado por haber sido pillado con la guardia baja, se afanara por sujetar al caballo una vez más para que esa posibilidad en ciernes no me afectara la vida. Cuidado con el cántaro y la lechera, me decía a mí misma. Céntrate en lo que ya tienes. En los proyectos que ya son realidad. Y si suena la flauta con lo demás, genial. Pero no te emociones, que luego, cuando no sale, es fatal.

La teoría nos la sabemos todes, ¿verdad que sí? Pero qué difícil es no dejarse llevar por la ilusión de lo que sería si fuera. Supongo que el hecho de ser actores y actrices no nos lo pone tampoco fácil en este tipo de situaciones. Somos especialistas en echar a volar la imaginación, en concebir escenarios paralelos donde todo es más jugoso, más brillante, más perfecto y más de verdad que la vida misma. 

Una compañera me dijo una vez, que el talento en este oficio tiene que ver también con saber navegar y capear los tiempos de barbecho y de latencia que se dan entre un proyecto y otro, entre un “no” y el siguiente “sí” que aún está por llegar. Nunca lo había mirado desde ese ángulo: talento actoral parece referirse, a priori, a otra cosa, ¿no? Pero si lo pensamos bien, esta compañera tiene razón: el talento de un actor y actriz reside también en saber aceptar los “no” y seguir hacia adelante, en aprender a nutrirse cuando no hay curro, cuando no hay utopía a la vista.

Pero como somos tan intens@s y tenemos tal capacidad de vivir en el momento presente, corremos el peligro de convertir un “no” puntual y concreto en un “no” eterno. Es entonces cuando teñimos nuestro futuro profesional de negro y lo convertimos en páramo desolado. Pero no tenemos que olvidar (y aquí este “no” es positivo) que eso que hacemos es también una entelequia, un constructo maravillosamente aterrador generado por nuestra propia imaginación. 

Cada “no” que recibimos en esta profesión es un pequeño duelo que hay que pasar. Intuyo que reconocerlo e integrarlo en su justa medida es el quid de la cuestión. Ni agrandarlo (ojo aquí los que tenemos tendencia a la exageración) ni obviarlo. Por eso me voy a despedir aquí con unas palabras de Almudena Grandes, por la que SÍ estamos de duelo grande. Porque pienso que lo más importante ante una pérdida es el consuelo.

«Remando a contracorriente, contra toda lógica, todo pronóstico, 

se erigieron los muros de este fuerte, que aún resiste. 

Algunas luchas son más dulces que cualquier victoria. 

Algunos caminos importan más que el triunfo de llegar primero a la meta. 

Esos son los esfuerzos necesarios. 

Ninguna hazaña es tan digna, tan esencialmente humana, como la voluntad de sobrevivir»

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