Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Respuesta esperada

¿Cuántas veces después de haber formulado una pregunta, no hemos recibido la respuesta esperada y por eso creemos no haber planteado bien nuestra pregunta?
Simplemente habíamos hecho la pregunta para reafirmar nuestra postura en relación a determinada interrogante.

El ego, ese impulso inconsciente indispensable para seguir adelante creyendo en nosotros mismos, así como nos alienta a perseverar, también puede jugarnos una mala pasada al no aceptar una opinión diferente a la que consideramos como la única verdad posible.

Revisando biografías de grandes personajes de la historia que fueron capaces de cambiar el curso de la misma, siempre ha estado comprometido el ego en el actuar de estos héroes para algunos y villanos para muchos otros.

Ninguno, insisto, ninguno sería capaz de lanzar la primera piedra, porque en su trayectoria pisotearon a más de alguno para reafirmarse como personas o destruyeron algún amor, solo por el amor a sí mismos sin considerar al prójimo.

No me considero una persona extremadamente culta, sino un simple mortal con una cultura media, y me es difícil, sino imposible, encontrar algún icono social que no haya tenido su lado b, el reverso de la moneda.

Cada cual tendrá su propio ídolo o referente a quien imitar por encontrarlo un ejemplo a seguir, pero estoy seguro de que, si se escarba un poco en su historia, no todo es trigo limpio ni virtudes diseminadas.

No citaré nombres ni sus pecados. Basta con mirarnos a nosotros mismos para reflexionar sobre algunas actitudes pasadas. Por supuesto, nos consideramos personas de bien, o al menos así debería ser, e incluso podríamos llegar a encontrar las debidas justificaciones para algún actuar no tan correcto e incluso reñido con nuestros valores.

El ser humano vive en constante equilibrio entre lo que hace y lo que debería hacer. Esa típica imagen de un ángel hablándole a un ido y un demonio al otro, es una caricaturesca verdad indesmentible.

¿El juez?

Nuestro libre albedrío, esa característica propia y exclusiva del ser humano que, a pesar de haberlo reflexionado, a veces lo hace actuar incluso en contra de sus propios intereses. No es simplemente un instinto que nos hace actuar de manera irreflexiva, muy por el contrario, incluso después de reflexionar, podemos actuar en contra de nosotros mismos.

Es una bendita maldición ya que, gracias a él, muchos de los avances humanos contemporáneos, en el campo que sea, se han logrado gracias al error.

Si al preguntar no recibo la respuesta esperada, me toca preguntarme a mí mismo el porqué de la respuesta esperada podría estar en un error. Tampoco se trata de aceptar esta diferencia como una verdad revelada, un dogma incuestionable, sino como la posibilidad de dudar de mí mismo, de quien me ha respondido, de todo, y gracias a la duda, buscar nuevas respuestas para las preguntas de siempre.

El equivocarse es inherente al ser humano y se aprende mas de los errores que de los aciertos.

Démonos permiso para equivocarnos, siempre y cuando nuestras decisiones no dañen a otros.

¿No creen lo mismo?

Estaba seguro de cuál iba a ser su respuesta.

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