Críticas de espectáculos

Stabat Mater, Venus liberada

Cabeza de mirada ausente. Rostro de cuencas sin ojos. En un altar o en un funeral, la Virgen María se revisa de un ”error de traducción”. Se cuestiona a sí misma la imagen y toda la simbología parida de su inmaculada figura. La autora, directora y performer Janaina Leite es el texto que retrocede su origen para reorganizarse en tanto que cuerpo, lenguaje y posición en el mundo. Entre dos focos que hieren transversalmente el escenario en un punto de fuga, ella es signo que juega con esa distancia, la de su propia denotación, e inicia un proceso de lenguaje contra el acto mismo del habla, desde la vida gritada y expuesta a primera voz. Janaina es pues sujeto en crisis que, por una serie de imágenes-recuerdo del inconsciente que pliegan su realidad presente, deshace cada sintagma que compone su trauma para mirar el retorno y verse en esta Stabat Mater, que se estrena en España.

Una voz que se pierde en otra; un cuerpo-mujer latiendo dentro de otro y así repetidos hasta el grado cero de la figura-mujer donde convergen los constructo de feminidad, maternidad y su estatuto de abyección. Stabat Mater dolorosa, madre modelo, templo y reina a la que recompensar por ser una imagen dentro de otra, un cuerpo dentro de otro, un texto compuesto por una herencia intertextual que la vomita de su unicidad para recordarle que está hecha de pedazos. Que la sustrae a cada acto que la ha llevado a ser quien es: un texto-cuerpo que se insiste en su propia lectura semiológica y psicomágica .

Con Stabat Mater, el texto-cuerpo difumina su contorno significado por las experiencias vividas y con las que ha trabajado en obras anteriores (Conversaciones con mi padre). Acompañada de su madre, Amália Fontes Leite, estas figuras retornan a un sintagma-recuerdo que las sitúa cada vez más cerca, en el mismo plano. “Volver al origen para rehacer”. La distancia con su madre, la relación de amor y muerte entre ambas, la ha llevado a cuestionarse las marcas de una cicatriz sin curar, para poder sanar; ahora busca una materialidad significante que la recomponga como mujer, a partir de todos los riesgos que supone cuestionar las nociones de feminidad y de maternidad desde su imagen de mujer, madre e hija y cuyas causalidades se sitúan en la Biblia.

En relación con la lengua, Julia Kristeva decía que el texto es translenguaje que la cuestiona, que “la despega de su inconsciente y del automatismo, de su desenvolvimiento habitual”. Janaina descentra la lengua hasta producir el sentido obtuso sobre el escenario y con profundidad de campo bifurcada entre una mesa lateral desde la que leerá, un cuadrado rojo abstraído de toda conciencia individual y que llora por el constructo que sobre ella se ha creado, y una pantalla que evocará el origen de esta propuesta, con rostros que no hacen sino alimentar a su imagen sombreada, de careta y sonrisa muerta. Lo abyecto insiste en la maternidad y en la relación externa con ella. La mirada que la acorrala la busca en forma de rechazo, de asco, de dolor, de agravio, de impureza y de horror. Janaina muestra al patio de butacas una breve secuencia fílmica, mosaico de naturaleza metonímica que comparte con la noción de su propio cuerpo. Yace inmóvil en una cama, esperando a que sobre ella una acción, un asesinato, una violacion, un borrado de rostro individual en favor de un cuerpo sin cabeza. Se ha normalizado esta figura-objeto de la mujer que muere mientras hace el amor, que es madre degollada y que en ocasiones será santificada para ratificar su moralidad distinta y pura.

Y es que el patriarcado y el capitalismo han configurado una dimensión paradigmática del cuerpo-texto de la mujer, que encuentra su origen, es decir, que se significa, en la relación de semejanza con la imagen de la Virgen María como feminidad, fecundación sin sexualidad y Figura-Madre de la que nacer, siempre y todas. Desde la vacuidad y posibilidad de un teatro vacío, Janaina y las figuras de sus progenitores seriados en un olvido elíptico se posicionan para mirar y ser miradas: sujeto y objeto en el mismo escenario de crisis. Allí, las flores son signo de engaño, Stabat Mater speciosa. Son rotas en pedazos de los que emergen sangre y joyas. Cambia su significancia, pues ahora el plano describe un funeral verdadero donde los cuerpos empiezan a mecerse y contar los actos bajo un único foco cenital.

Los sintagmas contra los que Janaina se desnuda y baila en vertical también proceden del imaginario que ha logrado la industria del porno, siendo este hecho también descentrado por la directora, acogiéndolo en el seno del discurso teatral para liberarlo desde la saturación más compleja: proponer grabar un film pornográfico dirigido por la madre de la actriz. Los sujetos del porno no son los que están en crisis, sino las mujeres que por necesidad se someten a la violencia, a la funcionalidad de receptáculo que penetrar. La distancia entre ambos sujetos-textos se destruye con la realización del film, cuya significancia se traza en un tiempo de progreso preconsumado, en el que el brillante encuadre y planos tomados de primer rostro de Amália desbordan el significado hacia un margen íntimo y profundo entre madre e hija.

Stabat Mater dolorosa | juxta crucem lacrimosa, | dum pendebat filius (Estaba la Madre dolorosa | junto a la Cruz llorosa | en que pendía su Hijo). A fuerza de cruda materialidad en tanto que tropo-testigo, se recuerda el error o descuido vergonzoso, siendo una parresía tirante de una cuerda demasiado frágil: Stabat Mater sabe que, si ésta se afloja, es ella, la madre, la que cae. Se ha llegado a un punto atrayente de un acto más inmediato: a un pasado de encuadre doloroso, de parto, de fluidos, de expulsión del elemento desgarrador y que opera lo abyecto del cuerpo materno que ha sido horadado múltiples veces, descompuesto muscularmente y privado de sus resistencias para contenerse a sí mismo sin perder su identidad de mujer, además de madre. Verdad mecida con cantos de una infancia recuperada a piezas, Janaina y Lucas Asseituno visten con el manto y coronan a la imagen doble de Stabat Mater dolorosa y speciosa, que se reconcilia con su signo actual, el de madre-Amália, símbolo e icono de riqueza y poder.

Con esta elocuente puesta en escena de un discurso textual entre cuerpos e imágenes de sí mismas, Stabat Mater logra una distorsión de signos y estructuras descoloridas por su uso, por su violación reiterada siglo tras siglo en simulacros profundos por representar la Pietà. De sus experiencias límite, la violación, el parto, el enfrentarse a los contextos que han llevado al desgarro, la interrogación del lenguaje sobre los actos y su teatralidad desnuda en un plano visible, surge un cuerpo-texto con careta blanca extasiado de encontrarse enraizado en la tradición de la que él deriva: cuyus animam gementem | contristantem et dolentem | pertransivit gladius (Su alma gimiente, | contristada y doliente | atravesó la espada).

Andrea Simone

FICHA ARTÍSTICA:
•Concepción, dirección, dramaturgia: Janaina Leite
•Performers: Janaina Leite, Amália Fontes Leite y Lucas Asseituno
•Dirección de arte y vestuario: Melina Schleder
•Iluminación: Paula Hemsi
•Videoinstalación y edición: Laiza Dantas
•Dirección de producción y dirección técnica: Carla Estefan
•Provocación escénica: Kenia Días y Maria Amélia Farah
•Concepción audiovisual y guion: Janaina Leite y Lillah Halla
•Dirección de fotografía: Wilssa Esser
•Participación en vídeo: Loupan, Alex Ferraz, Hisak, Jota, Kaka Boy, Mike y Samuray Farias
•Dirección de producción y dirección técnica: Carla Estefan
•Con el apoyo de: Comédie de Caen – Francia Una producción de Metro Gestão Cultural
Teatro del Títere La Tía Norica, FIT de Cádiz, 21/10/2022

Fotografía de Lourdes de Vicente y Francis Jiménez.

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