Foro fugaz

Todos al teatro

Experiencia única, porque se trata de una vivencia colectiva y personal, porque en el mismo espacio conviven historias, atmósferas, aliento de actores y público, puerta a otros mundos, cercanos o desconocidos. Una buena promesa para este 2026 es regresar a la escena viviente, ir al teatro.

En París la cartelera teatral en este principio de año es muy atractiva, con obras que van de lo clásico, a lo clásico adaptado al sabor contemporáneo, hasta creaciones con los dramaturgos y directores más cotizados. No voy a profundizar en el tema, porque no pretendo que vengan a París para pasar una velada teatral (aunque no sea mala idea, llegar a los insólitos teatros de los Grandes Bulevares y después cenar en algunos de los tradicionales bistrós y restoranes que los acompañan). Me interesa más bien destacar las razones por las que son importantes los estrenos para incitarlos a acudir al teatro en cualquier lugar en el que se encuentren.

Vida y experiencia, comunidad y aliento, espacio compartido entre lo insólito y lo cotidiano, último refugio de la poesía, eso es el teatro.

En el Odeón ese gran teatro fuera del circuito tradicional de los Grandes Bulevares, en el corazón de Saint-German des Prés, va a presentarse una versión de Hamlet por el fulgurante director de teatro Ivo Van Hove, que tuvo problemas por su autoritarismo en la que fue su compañía en Holanda. Una versión de Hamlet por este audaz director será algo digno de verse.

Otro espectáculo importante es el que propone el teatro Des Amandiers de Nanterre, en principio porque acaba de reinaugurar su sala principal tras años de trabajos, y porque el autor y director Joel Pommerat presenta su nueva obra “Les petites filles modernes”, (Muchachitas modernas) con la que trata el tema del cambio en la adolescencia femenina.

Este Centro Teatral Nacional de la ciudad de Nanterre, en las afueras de París, reabre sus puertas tras cuatro años de renovaciones. Hay una fe en el futuro del teatro tan amenazado por las digitales formas de diversión. No menciono todas las propuestas teatrales parisinas por ahorro de espacio.

Y caigo en otro tema que me interesa:

El teatro vive de las entradas, directamente el teatro privado cuyo riesgo es el de un productor, y también del equipo que se presenta. En París es el caso de los teatros de los Grandes Bulevares con una fuerte carga de espectáculos y de nuevas creaciones.

Indirectamente en los espectáculos subvencionados, pues sin público, la sala cambia de administración. Sin público no hay teatro.

Yo voy al teatro y pago mi entrada, porque esa contribución es fundamental para que la compañía viva. Recuerdo la obra ‘El juego que todos jugamos’ de Alexandro Jodorowsky, estrenada en México: al final de la representación los cuatro actores se reparten las entradas, para significar la comunión que hay entre creadores y público, el teatro vive por los esfuerzos de los participantes, actores o público.

No hablo aquí de la labor del crítico, o de la invitación para programadores que realizan un trabajo de selección, me refiero a nosotros, los espectadores que de manera consciente optamos por ir a disfrutar de un espectáculo vivo, tal vez de los últimos que queden: teatro, danza, ópera, conciertos sinfónicos.

Así que este año, como propósito de buena voluntad, vayamos al teatro, ese ancestral modo de conocimiento del que aún podemos disfrutar. El teatro es vida.

París, enero de 2026

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