Críticas de espectáculos

Un ojo vivo alrededor de sí mismo

The Game es juego de luces. Juego de tránsitos entre imperativos: bailar, cantar y tocar. Juego sin roles. Flamenco, de aire fresco y libre. Una luz desenfocada y voluminosa es el elemento motriz y cenital que inicia el recorrido por esta pieza de danza estetizada y dirigida por la figura musical y colectiva del bailaor Jesús Carmona, del cantaor José Valencia y del guitarrista Juan Requena. Última en la programación enhebrada por el Concurso Nacional de Arte Flamenco que ha sido celebrada de pie y reída in fieri en este Gran Teatro de Córdoba.

The Game se desborda tras el telón, y con el humo, entre él y tres mesas y sillas en continua reorganización, se interpretan por separado el cante, el toque y el baile para unirse después por pregones. Con frescura, transcurre la primera de las secuencias seriadas (unidades de una composición escénica) por las que transita jugando esta danza rítmica. En el plano, la figura musical, el Flamenco, se encarna con tres cuerpos que abandonan su nombre ordinario para expresarse semióticamente por su instrumento. Insiste una lógica, juego de juegos, donde las luces y los palos definen la silueta saltarina y jonda, moderna sin renunciar a la tradición que la sostiene en equilibrio mientras las losas de un suelo, de un arte, se hacen a su paso.

¿Dónde está el límite? ¿Cuándo una secuencia se detiene para dejar paso a la siguiente? La luz es el sistema sémico que da la respuesta, mostrando yuxtapuestos sobre la superficie los signos de oposición que definen un encuadre y su fuera de campo; los que cincelan la imagen incidiendo en la verticalidad de las luces o de su trazo horizontal; los que se contornean, definen y difuminan en cada composición gracias a la textura y volumen que los haces crean. Y es que en The Game, el sistema de iluminación es operador de sentidos, siendo diseñado con funcionalidad, simbolismo y sentido estructural por Óscar Gómez.

Los focos cenitales se detienen tras el corte preciso que ejecuta Carmona, siendo gesto y signo final hacia el siguiente espacio o secuencia para la que las luces, como las mesas, están cediendo su altura para mostrar su haz en la horizontal. Se sitúan la guitarra, el cante y el baile tras cada envés de la mesa, y los golpes de nudillos sobre la madera pasan a definir el sentido de un ritmo que, en su aceleración cantada, se prepara para acompañar a Jesús Carmona una vez este haya superado la altura de la estructura que fue mesa. Esta también ha dejado su uso atrás, para pasar a ser otra cosa, signo y nueva palabra en este lenguaje abierto y rico del flamenco. Con una espectacular riqueza armónica y pulso exacto, Juan Requena toca y llena el espacio, canta en los intersticios de narrativas paralelas y baila fuera de su rol cuando no se espera. Compromete la acuidad de la sala cuando la rapidez dactilar de sus cuerdas concurre con la agilidad y consistencia enraizada de los pies y fibras de Jesús Carmona, quien es posiblemente el mejor bailaor de la actualidad. José Valencia es la voz que, dotada de un volumen cálido, extiende este plano tejido en tres ejes con una aptitud rítmica maestra.

En primer plano o compartido con las otras dos figuras, la danza, el toque y el cante juegan entre sí, con lo posible de un escenario que transmuta con estas tres sinécdoques (Carmona es cuerpo bailado, Valencia es voz, y Requena es guitarra) hacia una nueva secuencia. Desde un fuera de campo, ininteligible de partida, los fonemas silbados y soplados serán convertidos en un eco de carne y pulso: arquitectura del gesto curvo que solo puede ser lograda por la técnica del Premio Nacional de Danza Jesús Carmona. Inmediatos en la siguiente escena, por el cerco lateral de una nueva luz cenital, voz y guitarra se tocan y cantan entrelazadas, mientras el bailaor reorganiza la escenografía en un segundo relato que será espacio de comicidad; de respiro a la superficie para volver renovados a la profundidad del arte. El tándem Valencia-Requena se difumina en favor de una nueva figura centrada y girando sobre sus pies, en la que el cante y el baile se entregan hasta extasiarse sobre un fondo anaranjado. Reunidos en una mesa, cerrando el encuadre a un centro unívoco, continúan con virtuosismo esta danza por tangos, bailada con gusto sobre una granaína que irá cambiándose de silla hasta rematar con un contrastante abandolao.

La superficie podrá ser definida por un led azul y jugará con las tres figuras de su seno. Si una sube la pierna a la silla, las otras, voz y baile, la imitarán hasta perseguirse sin silencios alrededor de un único asiento. Se ha creado con continuidad un nuevo primer plano, un juego que evoca a aquel en el que gana quien se sienta primero. Es Carmona quien finaliza con ovación esta secuencia, extendiendo el plano a unas Alegrías de Córdoba que, para ser tocadas, no precisan de silla: sólo de una espalda en la que erigirse hasta que el baile aireado del coreógrafo las dirija de golpe y con ritmo a un fondo de escena, primero doble y después completamente anaranjado.

Juego de luces vertical con haces-rostros tenuemente iluminados. Juego de breve fundido que nos lleva a un nuevo espacio al que se ha transitado sin esfuerzo: una luz morada forma rectángulos a la vez que es contenida por el neón azulado. Mientras la música se toca, saltan las tres figuras. Se acompañan hasta fundirse sobre un fondo soleado. La danza se cierra sobre sí en una serie final de imágenes fijas y permutaciones, armonizando con unos aplausos que reconocen el ingenio y la contemporaneidad de esta puesta en escena. Gracias a esta estética tan cuidada y precisa, los ojos descansan y el alma se mece, cediendo al juego que estos artistas proponen.

Este baile ofrecido en la piel de la escena ha sido enmarcado de azules y blancos, cercado de naranja y negro, teñido de signos. Por él, las palabras del cante y sus articulaciones se mueven a compás y libres, gracias a la connivencia y juego en la producción la unidad de sentido que es The Game: es sistema sémico de luces. Sistema escénico de baile, cante y guitarra. Sistema artístico de imágenes, cuerpos y figuras. Flamenco, de muñeca torcida hacia un nuevo gesto, y tan liberado.

Andrea Simone

FICHA ARTÍSTICA:

•Obra: The Game
•Idea Original y Dirección de Jesús Carmona, José Valencia y Juan Requena
•Jesús Carmona al Baile
•José Valencia al Cante
•Juan Requena a la Guitarra
•Coreografía de Jesús Carmona
•Música Original de Juan Requena y José Valencia
•Diseño de iluminación y escenografía de Óscar Gómez
Gran Teatro de Córdoba, 24/11/2022.

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