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Cía. Ferroviaria estrena ‘Cuento de Navidad’ de Charles Dickens
Entre los afectos humanos
y los desafectos materiales
Obra: Cuento de Navidad.
Autor: Charles Dickens.
Intérpretes: Gema Galiana, David García, Miguel Ángeles Cárceles, Eloísa Azorín. Músicos: Jorge Megina Molina, Mª Carmen Pérez Botella.
Escenografía e Imagen: Ángel Haro. Iluminación: Juanjo Llorens.
Vestuario: Pascual Peris.
Música: Frans Winther.
Constructor de Marionetas: Daniel Carrasco.
Dirección: Paco Macià.
Producción: Compañía Ferroviaria Artes Escénicas.
Lugar: Teatro Guerra - Lorca.
Fecha: 4 de diciembre.
Hora: 21.00.
Lugar: Gran Teatre - Elx.
Fecha: 23 de diciembre.
Hora: 17.30. Lugar: Auditorio de Cabezo de Torres - Murcia.
Fecha: 29 de diciembre.
Hora: 18.00. |
Paco Macià dirige esta adaptación que incluye un novedoso
diseño escenográfico ideado por el artista plástico Ángel Haro
La generosidad, la amistad, el cariño, el altruismo, la bondad y otros sentimientos positivos propios de la Navidad que nos hacen más felices son algunos de los ingredientes básicos de la célebre novela de Charles Dickens Cuento de Navidad que la Compañía Ferroviaria ha adaptado al teatro con dirección de Paco Macià y que esta formación que en sus creaciones más recientes muestra una tendencia hacia trabajos contemporáneos, ha optado por perseverar en su apuesta por la creación escénica tomando como base, en esta ocasión, un cuento clásico. Esta adaptación que se estrena este mes en diferentes escenarios de Murcia y de la Comunidad Valenciana permite a la compañía volver a contar con autores clásicos, “como hemos contado para anteriores espectáculos con piezas de Shakespeare o Cervantes” y a partir de sus obras “y de sus ideas crear una partitura que tiene el mismo valor que nuestras producciones más recientes”, apunta el propio director.
Esta obra que Dickens situó en la época de la incipiente industrialización de Londres de mediados del siglo xix y que a pesar de ser escrita “hace casi dos siglos mantiene su vigencia de cara a los niños de hoy y resulta más actual que nunca”, propone una reflexión sobre lo que cada uno puede hacer por los demás y por uno mismo pero que no hace. Además la decisión de llevar a escena esta pieza tiene su origen en una cuestión de plena actualidad, en concreto, a la crisis financiera, una cuestión que según señala Macià “nos ha llamado bastante la atención porque las emociones del protagonista, Ebenezer Scrooge, están representadas por el dinero y el desafecto del dinero”. Además, la pieza muestra un paralelismo entre la época en la que se desarrolla la obra y la época actual “en la que se ha producido un crack financiero a partir del capitalismo más voraz”, aunque el mensaje que pretende extender la Compañía Ferroviaria entre los más pequeños gira en torno al desafecto del dinero y en concreto a que vean “qué es lo importante; si lo material o los afectos”.
El medio para exponer los sentimientos al que alude Macià es una obra que está protagonizada por el avaro Scrooge, una persona que no celebra la fiesta de Navidad a causa de su solitaria vida y su egoísmo, sin importarle los demás ni su abnegado empleado Bob Cratchit. Pero un día Scrooge recibe en su casa la visita del misterioso espíritu de Jacob Marley, su mejor amigo y socio, que al iniciar el relato muere y posteriormente, le anuncia una tenebrosa profecía acerca de su futuro y la llegada de los tres espíritus de la Navidad. El Espíritu del Pasado le recuerda a Scrooge su vida infantil y juvenil, cuando no tenía el desmedido interés por enriquecerse, mientras que el del Presente le enseña cómo vive su empleado Bob Cratchit que celebra la Navidad a pesar de su pobreza y de la enfermedad de su hijo Tim. El Espíritu del Futuro, por último, le muestra el destino de los avaros, con su casa saqueada por los pobres, la muerte de Tim Cratchit o el horror que le produce la visión de su propia tumba, lo que le lleva a mostrar al espíritu su disposición a cambiar si le invierte el destino.
Los espíritus del Pasado, Presente y Futuro permiten en esta adaptación del Cuento de Navidad mostrar los momentos psicoanalíticos del protagonista, porque la obra resulta, según Macià “bastante simbólica y universal y lo que nos ha interesado mucho ha sido el análisis que de los símbolos realiza el autor”. Aunque la adaptación realizada por Ferroviaria se mantiene fiel al guión y a la iconografía descrita por Dickens, la escenografía diseñada por Ángel Haro sitúa la obra “en una época indeterminada que puede ser tanto de mediados del siglo xix como de mediados del siglo xx”, pero que el propio director acerca más “a la línea de Tim Burton que a la del clasicismo inglés”, lo que resulta más acorde a la evolución sicológica de la infancia del siglo xxi.
Este espectáculo reúne sobre el escenario a cinco actores, cuyos personajes están dotados de una gran expresividad física, huyendo de los rasgos sicológicos de un trabajo de adultos al llevarles a planteamientos emocionales más directos y entendibles por los niños, así como a dos músicos que interpretan en directo las composiciones compuestas por el músico danés Frans Winther, cuya participación se materializa en la creación de una dramaturgia musical que se plasma en ofrecer una visión global que recorre toda la historia. Las creaciones de Winther dejan entrever “cómo interviene y qué propone la música dentro de cada escena. La música está completamente integrada respecto a las acciones y al transcurso de la historia ya que esta incorporada dentro de la dramaturgia escénica ya que su finalidad es la de contar la historia”.
Espacios minimalistas
La propuesta escenográfica ideada por Ángel Haro, por su parte, ha tomado como base el trabajo en grandes superficies de fotografía en negativo sobre las que interviene con su pintura para acercarla a los niños. Estas imágenes se combinan con otras que evocan la naturaleza y más en concreto árboles, que permitían a la compañía poder mostrar “todo ese mundo gótico que nos interesaba reflejar”. Macià apunta que en realidad, lo que se proyecta sobre el escenario son las imágenes que se han creado a partir de los negativos de las fotografías.
La labor de Haro ha consistido además en crear espacios minimalistas que no resulten figurativos sino evocadores que le permiten recrear el almacén de Fezziwig en el que trabajó Ebenezer Scrooge mediante botellas de vidrio pintadas o la pobreza de la casa de Bob Cratchit utilizando trazos rectilíneos y abstractos.
Joseba Gorostiza
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