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Mié, Mar

Y no es coña | Carlos Gil

Marcando el territorio. No me pareció adecuada la política de comunicación en los primeros años de esta crisis que mantuvieron algunos directivos y portavoces de las asociaciones de empresas asegurando que no se notaba en la afluencia de públicos, que el teatro y las artes performativas en vivo y en directo habían sido el refugio del ocio "barato" de muchos ciudadanos, lo que mantuvo una burbuja publicitaria que ahora parece haberse pinchado y se intenta ir a demostrar lo contrario. Quiero decir, que no me parece demasiado adecuado para recuperar presencia esas ruedas de prensa y comunicaciones en las que se habla del apocalipsis, que se dan datos rotundos, muy contundentes, pero sin contextualizar, en el que parece que debido a la criminal subida del IVA del ocho al veintiuno por ciento, los públicos han huido de las salas, se están perdiendo millones de espectadores, lo que significa una bajada de recaudación que irremediablemente lleva al paro a cientos de trabajadores y vamos directos a la extinción.

No me pareció una buena imagen antes, y me parece muy mejorable esta actual, porque a renglón seguido se nos comunica que si se volviera al IVA reducido se recuperarían no sé cuantos millones de recaudación, se acabaría con el paro estructural en las diferentes profesiones que concurren en el hecho teatral y todo ello porque aumentaría por arte de magia el número de espectadores. ¿De verdad los públicos se rigen por el precio de las entradas para acudir o quedarse en casa o ir a otras opciones? Es cuestionable asegurar que no influya, pero desde luego no es el único factor. Hay muchos otros. Y, sobre todo, no es lo mismo lo que sucede en Barcelona o Madrid, que lo que sucede en el resto de programaciones del estado español, donde las circunstancias demográficas, socio-económicas y culturales son bastante más condicionantes.

La relación del teatro, de las artes escénicas y performativas con la ciudadanía es un asunto que no se puede resolver puntualmente, sino que necesita de una estrategia transversal, de largo alcance, sin interrupciones en el tiempo, de manera que sean acciones que vayan acompañando a un ciudadano durante, al menos, toda su vida de estudiante y que tenga una posibilidad de continuidad en el momento de ser adulto. Y tienen que ser acciones que interesen a la educación básica, la secundaria y en la universidad que no sea solamente una oferta de horas libres, sino algo que forme parte del currículum lectivo.

Paralelamente a ello deben existir acciones constantes en todos los puntos culturales activos, que casas de cultura, club de jubilados, lugares de ocio y distracción, oferten maneras de interesarse, cursos, cursillos, fomento de la participación con las ayudas a los grupos aficionados y programaciones continuadas de todo tipo de programación. Ello ayudaría, además, a que los locales, salas, teatros de titularidad municipal la mayoría desaprovechados en su uso, cuando no cerrados, cumplieran con sus objetivos, y en eso deberían implicarse, además, con fórmulas varias, las compañías, grupos, asociaciones teatrales, profesionales, semi-profesionales o amateurs dentro de unas reglamentaciones claras, concisas y que propicien su funcionamiento.

Medidas conjuntas que deben estar coordinadas desde el estado central, los gobiernos autonómicos, las diputaciones y los ayuntamientos, en un plan de futuro. Un plan, que digo con ingenuidad pascual, que no debería estar a merced de los vaivenes partidistas, los cambios de mayorías, ni siquiera de incidencias presupuestarias que no sean excepcionales. Algo así, mejor desarrollado, con mucha más profundidad sería una alternativa al caos actual. Estas medidas, junto a otras que no soy capaz de vislumbrar ayudarían a crear "públicos", no de aluvión, no sociales de viernes noche antes de la cena de amigos, sino de afición, entendidos, culturales, que es lo que a lo mejor ayudaría a sostener una buena estructura de producción y exhibición, mientras se va definiendo de mejor manera qué función deben cumplir las compañías y centros de producción institucionales.

Ya sé que mientras tanto existen otras urgencias. Pero para que no andemos siempre corriendo, es bueno pensar en las artes escénicas como un bien cultural de toda la sociedad, no solamente de los profesionales. Desde luego me apunto a todo lo que sea recuperar el aliento, pero el diagnóstico real es de una enfermedad congénita que requiere de un tratamiento de renovación genética de principio a fin.

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