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Vie, Abr

Y no es coña | Carlos Gil

Poco se puede añadir. La actividad de las artes escénicas está atravesada por las medidas de contención de la pandemia del coronavirus. Para muchas salas, grupos, actores, actrices, profesionales de la tecnología escénica, editoriales, revistas, librerías especializadas puede ser un golpe insuperable. En todo lo que esté dentro del ordenamiento jurídico y laboral, las consecuencias serán duras y se espera que se puedan revertir. Pero también se verán las deficiencias del sistema, de las contrataciones oscuras, de los trabajos no reglados, de las irregularidades consentidas que ahora se convierten en situación de precariedad duplicada, sin trabajo, sin posibilidad de acogerse a paro o EREs. 

 

Hoy es una conmoción la que sufrimos todos individual y colectivamente, pero se puede convertir mañana en una tragedia para muchos profesionales, porque no se vislumbran soluciones inmediatas, porque no sabemos, a fecha de hoy, si existe un ministerio de Cultura y un INAEM que dé alguna luz, solamente sabemos de cancelaciones y cierres. Esperemos acontecimientos, pero hagámoslo en alerta total y cuidado con los oportunistas que se quieren poner al frente de la manifestación, porque ahora es cuando se van a ver de verdad, las clases, las situaciones, los compromisos, las irregularidades. Que un teatro municipal cierre sus actuaciones es un mal trago, pero nadie de la estructura pierde su salario, acaso lo externalizado, las empresas que prestan los servicios. Y aquí ya tenemos un buen tema para estudiarlo de nuevo.

Las compañías, los representantes, los actores y actrices, los técnicos, una vez suspendida por orden superior la actividad, ¿podrán reclamar en algún lugar, por algún reglamento o ley? Que lo estudien quienes deben. Ponerse a pedir desde las redes maximalismos desde instituciones de representación es una mala política. Hay que ir al meollo, no la demagogia. Ver los resquicios legales y presionar de manera eficaz y sensata para que los daños sean los mínimos. No se puede estar gritando e imponiendo el capitalismo salvaje, el neoliberalismo en la cultura y ahora, de repente, los mismos sujetos, pedir ayudas estatales bolcheviques. Un poco de coherencia no iría mal. 

Ojalá sirva esta catástrofe para pensar en serio nuestro sistema. No es el mejor, ni el único. Y se puede llegar a conclusiones que se apliquen en el futuro para que la protección sea total para los imprescindibles, los actores y actrices, que son los más expuestos a estas situaciones.

La Cultura, el Teatro, debe ser en estas situaciones de alarma, solidario y ponerse al frente del cumplimiento de las recomendaciones gubernamentales. No hay que buscar ninguna excepcionalidad de ningún tipo. Muchísimos sectores culturales y económicos están en situaciones parecidas. Quizás la diferencia es que existen sindicatos de clase más eficaces para canalizar las demandas y las protestas. Debemos ganarnos la consideración social general con nuestra actitud ante estos hechos tan lamentables. No me gustan las ideas, entendibles por la presión emocional, de hacer teatro en streaming. Es mediar con otros lenguajes sobre un arte único, el Teatro, que debe ser siempre Teatro. Y no creo que solucione ningún problema económico de nadie. 

Acepto que se pongan al abasto de la ciudadanía las obras grabadas por el Centro de Documentación Teatral, pero se debería hacer entender que no es un entretenimiento más, sino que es un entretenimiento cultural. No abaratemos nuestras obras por las circunstancias. Somos cultura, no solamente ocio. 

Quisiera mostrar la solidaridad de Artezblai y Librería Yorick con todos. Somos unos afectados más. No tenemos más noticias que dar que clausuras y aplazamientos de programaciones y festivales. La actividad parada, significa que no se generan noticias. Nuestra situación corre paralela con los gremios. Vivimos de la publicidad y las suscripciones, no recibimos subvenciones. Vamos a ver cómo ajustamos todo nuestro organigrama. Este diario irá apareciendo con lo que tengamos; la Revista ARTEZ acaba de sacar su número de marzo/abril y Nagore, la redactora jefe, quería aprovechar el tiempo haciendo las previsiones de la edición de mayo/junio, pero las debe fiar a una bola de cristal porque nadie sabe qué va a pasar dentro de un mes. A mi compañera le acaban de aplazar una actuación que tenía en Gijón a finales de este mes, para marzo de 2021. La incertidumbre se instala en el disco duro general.

Tenemos cerrada la Librería Yorick, esperamos reglamentaciones y decretos para ver qué soluciones tenemos. Correos ha limitado sus servicios, lo que hace imposible hasta el envío de las ventas por la web. Es posible que todo vaya a mucho peor. 

Dentro de una semana, en el próximo boletín sabremos más cosas. Puede que todas más lamentables. Ya se han suspendido festivales en Iberoamérica y parece que ha empezado la toma de conciencia del problema. Muchos de los amigos colombianos, brasileños, chilenos, ecuatorianos, argentinos, uruguayos con los que hemos compartido horas en Donostia, han tenido problemas al llegar a sus lugares de residencia y los tienen confinados y en cuarentena. 

Tenemos motivos para pensar, reflexionar y cambiar hábitos y rutinas culturales. El Teatro no morirá nunca. Siempre que sea Teatro y siempre que lo protejamos de la mejor manera de los mercantilistas y neoliberales.