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28
Mar, Sep

Paseo por el amor y la muerte

La última propuesta de Maria de Melo Producciones es una obra honesta, valiente y apasionante. Tomando la figura del monarca Alfonso X; cuando se cumplen los 800 años de su nacimiento; para mostrar una generosa paleta de humanos sentimientos, de humanas contradicciones. De humanas postrimerías. 

 

Alfonso es un hombre lleno de batallas (interiores y exteriores), rodeado de un mundo que no le comprende, lleno de recovecos morales y amorales. El texto de Jesús Lozano es potente, denso, sobresaliente. Una de esas dramatizaciones que no son frecuentes de encontrar. Siguiendo la línea de la compañía de rescatar el teatro de ayer, misturado con música en directo y calidad en la dramaturgia. 

Es una obra osada, porque no genuflexa ante los lugares comunes, las cuotas identitarias  y demás mamandurrias que hoy en día facilitan subvenciones y premios. No por ello se nos antoja lejano, rancio o apolillado. Todo lo contrario. Cada una de sus líneas refleja sin duda situaciones, pasiones y vivencias de la más  rabiosa actualidad. Pero lo hace sin recurrir a la morcilla oportunista, la referencia coyuntural o la búsqueda de congraciamiento, aprobación o benevolencia de quienes aquellos estratos que condicionan estas lides (al buen entendedor…). En algún instante, el recitado del buen rey podría aplicarse sin correcciones ni tachones a las situación actual social y política. 

La obra se estructura en siete cuadros, prefaciados por las cántigas, una obra multimedia que aportaba música, imagen y texto por única vez en Europa. Los músicos han realizado un amplio estudio para recrear la época, así interpretan los instrumentos que aparecen en las miniaturas del códice. A lo largo de los cuadros se puede escuchar la vihuela de arco, el salterio, la cítola o la darbouka, el organetto, instrumento creado para replicar la función litúrgica de los grandes órganos en los contextos dónde no se disponía de ellos. También utilizaron el laúd árabe. Todos los instrumentos han sido extraídos del códice alfonsí.

Emilio Villalba, Belisana Ruiz, Sara Marina e Ivo Blanek, recrean con certeza un repertorio de sabor netamente medieval con correcto empaste vocal y notable destreza en la cuerda pulsada o el arco. 

Las cantigas interpretadas fueron Cantiga 1, 302, 379, 100, 344, 235 y 169.

La Cántiga 344 hace referencia a la leyenda de Tentudía.

Jesús Lozano interpreta a un rey crepuscular con amplio despliegue de recursos dramáticos. Se trata de un papel que solicita intensidad, versatilidad y amplios recursos corporales. El actor-director sabe combinar los instantes de penetrante dramatismo con la humorada, aportando a la densidad del drama instantes de levedad cómica, en un inteligente juego que aligera el rigor de la biografía narrada y enriquece el ritmo narrativo. Lozano lo entrega todo en una aguda esgrima verbal, que nos ofrece un paseo por el amor y la muerte del monarca. Una paleta viva y palpitante del sesgo humano de Alfonso X. 

Inma Cedeño (actriz, figurinista y productora,) en su breve papel, destila ardor y fuerza para un personaje controvertido por naturaleza, Violante de Aragón, que mantuvo posiciones encontradas e irreconciliables con su esposo. 

Un parco escenario, apenas un trono y dos lienzos para ocultar idas y venidas. El escenario del Palacio de los Marqueses de la Algaba se nos antoja más apropiado a la estaticidad de un concierto, que a la necesaria dinámica de una obra teatral. Las columnas enmarcan y restan posibilidades visuales. Pese a lo cual, la compañía aprovecha el espacio, con certera iluminación de Samuel Cotilla sobre idea de Luis Perdiguero, con instantes memorables como el foco sobre el rey meditativo y abatido. El estreno de la compañía extremeña fue arropado con la presencia de la Secretaría General de Cultura de la Junta de Extremadura, Miriam García Cabezas. 

'Alfonso X. La última cantiga' es una obra notable, recomendable y disfrutable. Un señero trabajo de raíz extremeña sobre temas y pulsiones universales. Que lo disfruten. 

Francisco Collado