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Sáb, Dic

Érase una vez

La compañía Títeres Etcétera, fundada en 1981 en Granada por Enrique Lanz, que acaba de realizar, durante su temporada madrileña de otoño, la función número cien en el Teatro Real de  El desván de los juguetes, cuento para piano y marionetas basado en las obras musicales clásicas “La boîte à joujoux” y “Le petit nègre” de Claude Debussy, es la propuesta de la compañía para implicar a la familia que visita la sala Gayarre en una historia colmada de sensibilidad. Premio Nacional de Teatro para la Infancia y la Juventud 2014 en España, y con treinta y cinco años de excelente labor titiritera, Etcétera es un referente ineludible en el panorama escénico español de la actualidad. 

A modo de sinopsis, la historia narra el amor entre un soldado de madera y una muñeca bailarina. El único obstáculo es que esta tiene un amorío con el inquieto Polichinela, cuyos celos ante la inminente amenaza a su idilio lo llevan a encerrar a la bailarina, quien pronto será rescatada por el soldadito. Suceso que trae como consecuencia una batalla entre ellos, un duelo de honor, en la que este último termina herido. La bailarina lo cura en agradecimiento por haberla salvado antes del encierro al que fue sometida y, finalmente, ambos terminan enamorados y luego casados.

Como ballet infantil con interpretación a piano en vivo, una actriz/narradora, excelentes titiriteros y múltiples sorpresas a nivel visual, El desván de los juguetes llama la atención sobre la importancia de la memoria, lo nuevo y lo viejo, los valores humanos y la avenencia familiar. Tal motivo justifica el carácter didáctico de la obra que dirige Enrique Lanz, quien planteó el escenario de la sala como un desván de juguetes animados, bien ideados –sus mecanismos, sus colores, sus contrastes– a la hora de construir el emotivo y a la vez jocoso cuento que nos remonta, a los menos niños, a una infancia que es vital en nuestros recuerdos. 

La trama sirve como pretexto para que la actriz Yanisbel Victoria Martínez, en el supuesto rol de acomodadora de sala, en una especie de tour por el Real, enseñe a los infantes no solo interioridades de gran valor patrimonial que atesora el coliseo, sino que asimismo comparta conocimientos que tienen que ver más específicamente con quienes protagonizan la ficción. Que coincidamos “casualmente” con el músico Alexis Delgado estudiando piano en la sala Gayarre, mientras la “acomodadora” hace un recorrido explicativo a los visitantes, es puro ingenio de la dramaturgia generada por la compañía granadina. Martínez presenta la sala y muestra los cajones donde se guardan escenografía y juguetes; luego al pianista se le ocurre la brillante idea de invitarla a contar una historia en la que música y marionetas sean protagonistas: me resulta esta una manera eficaz, por parte de los creadores de la puesta, de encantar al niño e irlo introduciendo sutilmente en la convención.

El argumento de “La boîte à joujoux” ha sido llevado a escena cientos de veces, al cine animado, se ha traducido a varios idiomas. Lo he visto materializarse en montajes titiriteros con poca fortuna, sin aportes novedosos, sin regalar más que la simple anécdota. Sin embargo, este espectáculo de Etcétera propone un alto nivel de calidad estética. Disfrutar de este brillante relato contado con marionetas me da una lección sobre lo que es verdaderamente importante: no solo el qué nos cuentan sino el cómo lo hacen. Me resultó un viaje fascinante e intuyo que al infante también, dadas las copiosas reacciones que de la platea surgieron a lo largo de la función.

El director de la compañía granadina es coherente con la tradición de la fábula. No apela a la palabra en voz de los muñecos, solo a la narración en voz de la actriz, armoniosamente unida a la partitura sonora que funge como personaje vital. Excelentemente interpretada por Delgado, la música va permitiendo que la imaginación del niño vuele, va abrazándolo y enamorándolo. En el universo creativo de Enrique Lanz es perceptible, además, el interés por mezclar tradiciones titiriteras populares con elementos clásicos y de alta sofisticación tecnológica: ahí están las proyecciones audiovisuales, tan adecuadas y sugerentes, que nunca desentonan sino que perfilan el ámbito visual. Aplausos individuales a los titiriteros, Miguel Rubio, Carlos Montes, Araceli García y Rocío España, sobre quienes recae buena parte del éxito. Son ellos los responsables, también, de que imaginemos con vida a personajes tan deliciosos del acervo universal, como el perezoso Polichinela y sus acompañantes, Pierrot y Arlequín.

Enhorabuena a Lanz y a Títeres Etcétera por las cien funciones en el Teatro Real, por el placer de ver a los pequeños disfrutando tanto como a sus familias, premiando sus distintos espectáculos con el siempre halagador aplauso final. Érase una vez el valor inestimable de Etcétera para hacer sonreír, “jugar al teatro” y disparar el gusto por la música clásica y la belleza.

Roger Fariñas Montano

 

El desván de los juguetes. Títeres Etcétera. Dirección de escena, escenografía y títeres: Enrique Lanz. Iluminación: Lía Alves. Coreografía: Carina Martín. Pianista: Alexis Delgado. Actriz: Yanisbel Victoria Martínez. Titiriteros: Carlos Montes, Miguel Rubio, Araceli García y Rocío España. Hasta el 26 de noviembre en la Sala Gayarre del Teatro Real.

 

 

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