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04
Mar, Ago

Y no es coña | Carlos Gil

Empieza a hacer mella el confinamiento. El cese de actividades que ya se vislumbra que como mínimo será hasta mediados de abril coloca a las frágiles estructuras de las artes escénicas ante el disparadero de la imposibilidad de mantenerse y la duda más que razonable de poder reactivarse cuando esta situación empiece a recomponerse. El desaliento ha entrado en el ánimo colectivo. Y el silencio capcioso o doloso de las administraciones al respecto de la compleja situación laboral de actores, actrices, bailarines, bailarinas, músicos y toda la amplia nómina de los que hacen posible la actividad teatral, desde el transporte, la hostelería pasando por todos los técnicos y los gestores de producción, distribución y exhibición, los equipos de dirección, dramaturgas, coreógrafos, estilistas, escenógrafas, vestuaristas, tiene una carga de efectos mortecinos. 

 

Por no amargarnos del todo, añadamos las revistas especializadas, editoriales, librerías y ese largo etcétera que cada día se amplía debido a los cambios tecnológicos que se han ido produciendo en los últimos tiempos y que nos parece se van a quedar arrumbados u obsoletos. En estos momentos se van cayendo programaciones y festivales de mayo, pronto caerán los de junio y nos podemos colocar ante una temporada habitual en las ciudades terminada. Los festivales de verano están esperando la evolución de la pandemia, pero lo que se va conociendo de otros lugares y el lenguaje utilizado por las autoridades, nos colocan ante la duda absoluta. ¿Es esencial la cultura? El impacto económico general parece va a ser tremendo, una recesión brutal y global, ante estas circunstancias, se pueden tener dudas razonables sobre la reacción de la población, los públicos, la sociedad, ante las artes escénicas en el futuro.

Es comprensible que se intenten todas las estrategias posibles para mantener la sensación de existencia en las redes, en internet, las ofertas de grabaciones de obras de teatro, coreografías, ópera, pero se utiliza, de nuevo, un lenguaje capcioso, siempre se intenta colocar la noción de entretenimiento en esta situación. Y amo el entretenimiento, la comedia, pero, para empezar, no es lo mismo, sino que es lo contrario, ver una obra grabada, que acudir a un lugar, un día, a una hora concreta para ver una obra en vivo. Lo otro es verla mediatizada por el vídeo que la transforma en otra cosa bien diferente. Y segundo: se hace de manera abierta, sin pagar, lo que influye otra vez sobre esa sensación de que la cultura es gratuita porque sus gestores y protagonistas viven de otra cosa. Y en estos momentos, supongo, que remontar la situación económica, sindical, para entendernos, va a ser tarea hercúlea.

No se pretende con estas líneas nada más que señalar las incertidumbres. Bajando a lo particular, la Librería Yorick está cerrada por orden general, y vemos difícil, muy difícil mantener su actividad en los próximos meses porque un parón de estas características nos puede colocar en la ruina, en la quiebra, sin remisión. Estábamos negociando con la propiedad una renovación del contrato de alquiler, al alza, por supuesto, y hoy, ni siquiera el alquiler de siempre podemos pagar. Así que vamos interiorizando la desaparición de muchos años de tarea, de muchas personas que han dado muchas horas, muchas ilusiones, y de una clientela que se ha convertido en muchos casos en nuestro máximo aliento y que se quedará huérfana, si nadie lo remedia. Las tres empleadas están en ERTE.

Por otro lado, nos encontramos que este diario digital viene sin apenas noticias positivas, lo podremos mantener durante algunas semanas, porque vive de la publicidad que se genera, principalmente de la Revista ARTEZ, y en lo que llevamos de “estado de alarma” ya se han caído varias ferias, festivales, teatros de programación habitual que, en buena lógica han suprimido toda la publicidad. Es decir, estamos pensando en qué se puede hacer, cómo aguantar, porque tenemos suscriptores que pagan por recibir seis ejemplares al año, y veremos si la próxima entrega, la de mayo/junio, sale y en qué condiciones. La edición de los libros la mantenemos, pero conteniendo el aliento, porque todo se ha paralizado y las imprentas trabajan a medio gas o han cerrado directamente. En Artezblai, estamos hablando de otros tres empleados pendientes de una decisión inmediata. Por suerte, la propiedad accionarial lleva años sin cobrar, es decir, que vive de otras actividades por lo que se puede mantener alguna esperanza de resiliencia utópica. 

A todas estas situaciones y a muchas más parecidas, a todos los grupos y compañías a las que se les han anulado las funciones, los teatros cerrados, sin firmarse nuevos contratos y sin fecha fiable del fin de esta excepcionalidad, el silencio de ministerios y consejerías de cultura son tan demoledores como la propia pandemia. 

Desde nuestra orgullosa humildad os convocamos a todas las personas, instituciones y entidades a relacionarnos por las vías habituales no presenciales para tomar posiciones positivas, a buscar soluciones posibles, a luchar por solucionar no solamente nuestros problemas inmediatos, sino encontrar algo que sirva para después de esta devastación y que regenere todo el tejido cultural y nos permita ser importantes en la nueva sociedad que parece va a surgir de este shock. Los políticos y funcionarios, está claro, que necesitan que aparezcan y se pongan en valor nuevas ideas y nuevas orientaciones.