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Dom, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

¿Quién no se ha visto alguna vez en la penosa situación de fingir interés mientras un amigo o familiar nos muestra las fotografías de sus últimas vacaciones? Con pasión nos relata como ese minúsculo punto negro sobre la superficie del agua es una persona con la cual se hicieron amigos durante una excursión a bucear o como ese auto retrato donde apenas aparece un ojo desenfocado es el estado en el que quedó después de beberse algunos tragos de más o como esa imagen borrosa de un vidrio empañado representa un día completo de tormenta tropical con una elevada temperatura y una humedad aún mayor. Para cualquiera son imágenes vacías sin ningún significado asociado, con una técnica deplorable y por supuesto, sin el más mínimo interés. Pero debemos ser correctos y para no herir los sentimientos de tan apasionado relator, de vez en cuando le hacemos algunas preguntas que obviamente de ninguna manera podrían disminuir nuestro aburrimiento. Es que las imágenes cuando están ligadas a vivencias, dejan de ser por sí mismas y representan un todo indisoluble de sensaciones difíciles de disectar o transmitir pero que sin duda potencian la imagen que para quien no haya experimentado la vivencia, solo será una instantánea aburrida, carente de todo valor. La imagen se transforma en una especie de ayuda memoria que nos retrotrae al momento en que fue captada. Una imagen puede más que mil palabras porque todas las palabras del diccionario no podrían describir el cumulo de detalles de una situación vivida. En las artes en general y por supuesto en las artes escénicas, lo más difícil debe ser el encontrar imágenes que sean asociadas a vivencias para producir una cierta empatía con el espectador y luego de encontrada, ser capaces de reproducirla de manera adecuada, en su justa medida para no caer en excesos chabacanos o en carencias sin interés. Y cuando me refiero a imágenes no me restrinjo a aquellas que nos sensibilizan mediante el sentido de la visión sino a toda sensación que nos saque del aquí y ahora inmediatos y nos lleve a tiempos pretéritos vividos personalmente o no. En una imagen poética las palabras son la paleta de colores que pintan el retrato de una situación, en una imagen musical los instrumentos de viento pueden ser el trino de unos pájaros y el cuerpo en la danza es imagen que nos lleva a soñar situaciones sugeridas por el movimiento. Existen imágenes tipo muy recurridas por el arte sin pretensiones, como el sufrimiento de un niño para inspirar lastima, las caídas para la risa o la combinación de música suave y paisajes bucólicos para ponernos de inmediato ambientalistas. Personajes y situaciones icono de la historia nos llevan a experimentar sensaciones especiales. Hitler, el Che Guevara, la tragedia del Hindemburg, el Titanic, etc... son recurrentes en el arte mundial al punto de haber perdido su fuerza inicial y transformarse en un pobre comodín para aquellos creadores que no quieren experimentar fórmulas nuevas, con el consiguiente riesgo de que funcionen o no. Así como los creadores deben arriesgarse ensayando nuevas fórmulas, nosotros, el público, debemos arriesgarnos y experimentar propuestas desconocidas pues solo así se generará un circulo virtuoso donde a través de la consabida formula del acierto y el error se sigan empujando hacia adelante los límites de las artes de la representación.