Sidebar

13
Jue, Ago

Foro fugaz | Enrique Atonal

El cuerpo inerte yace en el yermo campo de batalla, a la merced de perros, buitres y chacales: es Polinices, el derrotado de la guerra de Tebas. Una sentencia de muerte pesa contra aquel que intente rendirle los debidos honores funerarios. Nadie se atreve, sólo una muchacha que desafía las leyes de los hombres para cumplir con los deberes cósmicos: es Antígona, su hermana. Mientras que su hermano Eteocles ha sido enterrado con todos los honores por haber defendido la ciudad, el otro Polinices permanece a la merced de los carroñeros, el más innoble de los fines para la cultura griega. Antígona decide cumplir con los ritos, permitir que su hermano entre dignamente al imperio de la noche, aunque el sacrificio sea la vida, porque hay deberes que rebasan las míseras realidades humanas. 

 

Las épocas de confusión son las que niegan a los cuerpos un rito funerario. Guerra, peste, hambruna, muerte, caballos del apocalipsis que traducen la cólera divina. Época de fosas comunes, como la que actualmente vivimos. No hay industria funeraria que resista las cantidades de cadáveres que produce la epidemia actual. Creemos que ese fin no nos está reservado, que es para el soldado desconocido, aquel que se entierra con temor y premura, vestigios incómodos de la derrota o de la peste. Pero no es así, todos estamos amenazados por una muerte anónima que puede llegar en cualquier momento.

Hay imágenes que creíamos desterradas en el fondo de los tiempos, que nuestra soberbia tecnológica con sus comunicaciones ultra ligeras y su conquista espacial tenían reservada para los libros de historia medieval. Y nada, resurgen de repente como los zombis saliendo de la tumba. La Danza de la Muerte hoy: cuerpos apilados en las calles en algunas ciudades, camiones de mudanza usados como morgue en Nueva York, fosas comunes masivas en múltiples ciudades de las más desarrolladas del mundo, incineración masiva en una pira industrial… Todo para deshacerse de estos cuerpos que son como una prueba incómoda de nuestra culpabilidad. 

Conforme escribo esta nota recuerdo que la fosa común ha sido el destino de muchos personajes importantes que ahora me vienen a la memoria: 

Mozart, enterrado en Viena en un cementerio para pobres, pues su mujer no tuvo dinero para más, y ahora nadie sabe donde están sus restos. 

Molière, que fue enterrado en la noche teatral en el cementerio para niños sin bautismo, como corresponde a un actor que no se arrepiente de su profesión. Ningún cura quiso confesarlo en su trance de muerte, una última venganza de las huestes eclesiásticas por las obras en las que Molière denunciaba su hipocresía. Tampoco se han encontrado sus restos.  

Federico García Lorca cuyo crimen aun lastima, fue víctima de los primeros días de la Guerra Civil que tantas fosas comunes legó a España. Enterrado en una madrugada asesina en las serranías granadinas que ahora son su monumento funerario. Visitar Granada es visitar a Federico cuyo cuerpo descansa en las montañas que rodean la ciudad. 

El escritor norteamericano Ambrose Bierce que se entregó a la Revolución Mexicana como una forma de suicidio. Nadie supo dónde quedó su cuerpo, ni cuándo murió, simplemente desapareció. Es el argumento de la novela ‘Gringo Viejo’ de Carlos Fuentes. 

Y sin embargo: Mozart fue un gran compositor rescatado poco después de su muerte y su música se puso de moda de inmediato, cuando aun no había medios electrónicos de reproducción. 

Molière es el clásico más actual del teatro francés. 

La poesía de Lorca nunca ha sido más poderosa como después de su desaparición, y su asesinato queda como una de las manchas de la locura destructiva que se apoderó de España. Lorca más vivo que en su vida. 

Somos lo que pensamos ahora más que nunca esta idea budista adquiere fuerza en estos días de peste. Lo importante no son los cuerpos, lo importante es el trabajo, la obra, aquello por lo que seremos recordados. La pandemia nos recuerda nuestra fragilidad; espero que cuando regresemos a los escenarios, al trabajo diario de creación, lo hagamos con mayor fuerza y voluntad, porque seremos más teatrales que nunca, sombras que pasan, espectros del Gran Teatro del Mundo.   

CDMX mayo 2020