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Mié, Abr

Filias, fobias y boutades

Se acercan las elecciones europeas y Bernard-Henri Lévy ha entrado en campaña con una idea que, en verdad, venía de años atrás. Todo empezó en 2014, cuando se cumplía el centenario de la Gran Guerra y Lévy escribió Hôtel Europe, un monodrama sobre un intelectual encerrado en su habitación de hotel de Sarajevo, donde preparaba una atribulada conferencia sobre el futuro de Europa. La obra se convirtió en película en 2016, y es el obvio borrador de Looking for Europe, que es la versión de combate de aquel texto-efeméride, estrenada por Lévy en Londres en 2018 para clamar contra un Brexit ya decidido, y que luego giró por Nueva York para llevar su diatriba ante Donald Trump. Pero la campaña europea de Lévy no empezó hasta 2019. Calentó motores en enero con el manifiesto “La Casa Europea, en llamas”, firmado junto a Vargas Llosa, Salman Rushdie, Claudio Magris y David Grossman entre otros. Y ahora sigue con la gira de Looking for Europe por una veintena de ciudades de toda Europa, de Kiev a Lisboa pasando por Milán, Berlín o París (en España: Valencia, Barcelona y Madrid), desde marzo hasta mayo, cuando se celebrarán las elecciones al Parlamento europeo. 

 

La intención de Lévy es que cada función se adapte a la actualidad del país donde se estrena, arengando un voto anti-populista con el apoyo de una personalidad autóctona que arraigue también en las latitudes ideológicas de Lévy. En Barcelona, el elegido ha sido Albert Boadella, y su altavoz, el monumental Teatre Coliseum, del Grupo Balañá, con militante patrocinio de Societat Civil Catalana. Pero el proyecto no acaba ahí. Además de obra teatral, Looking for Europe es un sitio web donde cualquier ciudadano puede preguntar sobre Europa y obtener, con un poco de suerte, una respuesta en directo de Lévy sobre las tablas. Pasada la gira y las elecciones, la pieza se convertirá en película, mezclando imágenes de la función con su making of, emulando en el título y en las formas el Looking for Richard (1996) de Al Pacino. Esperemos que con un desenlace muy distinto.

Looking for Europe es una autoficción en tiempo real. Cuenta cómo un angustiado Lévy, haciendo de sí mismo, prepara una conferencia sobre Europa que impartirá dos horas después en un teatro. La preparación de la conferencia es, por supuesto, una conferencia en sí misma, y el monodrama que Lévy interpreta en la intimidad de su expresionista habitación de hotel, de un blanquinegro diseño caligariano, donde le acompañan un elegante escritorio modernista, un sintomático diván, una anacrónica bañera de patas, una nostálgica televisión de tubo y una gran pantalla al fondo donde se proyectan las ruinas de la ruinosa Europa que invoca todo el tiempo Lévy. La función se anima con sus constantes interrupciones, empezando por las de Boadella, que hace la caricatura del catalán catalanista, dueño del hotel bosnio donde se aloja Lévy, al que Boadella asaetea con su obsesión por la singularidad catalana, por el injusto expolio fiscal de los españoles, abundando en todos los tópicos posibles sobre el catalanismo, hasta entonar el Assaig de càntic en el temple de Espriu (“Oh que cansat estic de la meva / covarda, vella, tan salvatge terra…”), sin duda el momento más elaborado, o menos maniqueo, de la previsible sátira juglaresca. Pero también irrumpen las noticias de última hora en forma de desfasados SMS (“Torra ha retirado los lazos amarillos”), o las frustradas búsquedas europeístas de Lévy en su inescrutable “amigo” Google, o un efectista cameo por Skype de Salman Rushdie, o los breves vídeos de ciudadanos europeos discrepando a quemarropa con Lévy. Pero, por encima de todas las interrupciones, la obra avanza como un enfervorecido clamor de su autor-actor, dominada por su voz cavernosa y sus gestos histriónicos, entre el viejo actor decimonónico y el flamante tribuno de la plebe del que Lévy, a buen seguro, renegaría.

Resulta difícil definir el mensaje de Looking for Europe porque es algo así como un Finnegans Wake de la oratoria política: un texto que parece escrito por su autor para sí mismo, para ser declamado al impecable cuello de su blanca camisa, en la lujosa intimidad de su habitación de hotel, arropado por sus mitos y sus fantasmas. Una filípica donde Lévy clama sin distinción contra todos los populismos, igualando en España a Pablo Iglesias con Santiago Abascal y Carles Puigdemont, elogiando a su amigo Pedro J. Ramírez y dando siempre la razón a Manuel Valls, presente en el palco, mientras pide una renta básica europea o defiende la necesidad de recordar y enterrar a los muertos. Un híbrido ideológico que incomodaría a cualquier opción parlamentaria conocida, dentro y fuera de España, formulado en un extravagante idiolecto político, compuesto de filias, fobias y ocurrencias que sólo podríamos agrupar bajo las iniciales BHL, como una peculiar marca registrada.

Lévy defiende, sin embargo, una hipótesis bastante clara. Dice que Europa se ha suicidado tres veces en el último siglo, y que está a punto de hacerlo por cuarta vez en las elecciones de mayo. El primer suicidio fue en Sarajevo en 1914, cuando el magnicidio de Gavrilo Princip llevó al mundo a su primera Gran Guerra. El segundo fueron los Acuerdos de Múnich (1938) entre Francia, Reino Unido, la Alemania nazi y la Italia fascista para entregar los Sudetes a Hitler. Y el tercero fue de nuevo en Sarajevo, esta vez durante la Guerra de Bosnia (1992-1995), cuando Europa se puso de perfil ante el ultranacionalismo serbio y sus limpiezas étnicas. El propio Lévy admite que comparar Sarajevo con la actual Europa puede parecer “traído por los pelos”, pero eso no le impide seguir adelante con su hipótesis, alimentándola con citas de Kant, conferencias de Husserl y traiciones de Heidegger, remedando el inglés de Thatcher y Kissinger, y lanzándose a un delirante reparto de ministerios en su Europa ideal, donde George Soros llevaría las Finanzas y Jorge Semprún la Defensa, y donde habría un Ministerio del Ser para Heidegger, un Ministerio de la Nada para Pessoa, y un Ministerio del Sentido de la Historia para Andreu Nin, por citar sólo algunos. Ocurrencias que parecen sacadas de esa Wikipedia que Lévy prohibiría, dice, a los estudiantes europeos de hoy.

Looking for Europe trata de responder a la actual crisis política europea, pero acaba pareciendo uno de sus síntomas. Más que una salida de la confusión, expresa la confusión misma. Una crisis existencial que, de no tener rango continental, el propio Lévy podría tachar de identitaria. Pero lo cierto es que, buscando a Europa, Lévy ha ofrecido una idea muy confusa de Europa, debatiéndose entre sus fetiches y sus demonios para acabar confesando, en el desenlace, sentirse huérfano de los grandes nombres que fueron guía en el pasado. Y el resultado escénico, como el político, es sumamente irregular e incierto: un cadáver exquisito de historia y cultura europea que resulta a veces abstruso, a veces tópico, que se hace largo y deja pocas cosas en claro. En la función de Barcelona, podemos decir que Lévy ha cumplido algunos objetivos concretos: el regreso escénico de Boadella a Cataluña después de quince años de ausencia; el elogio sin rebozo a Valls de cara a las próximas elecciones municipales; y el haber encarnado mejor que nadie las ambivalencias del liberalismo ilustrado, que puede pivotar a derecha e izquierda hasta acabar mareando su propia aguja de marear o, en su cuerpo a cuerpo contra el populismo, acabar pareciéndose mucho a él.

Gabriel Sevilla

lacritica.xyz

Obra: Looking for Europe - Texto y dirección Bernard-Henri Lévy - Coproducción La Règle du Jeu, Quartier Libre - Reparto: BERNARD-HENRI LÉVY – Conferenciante - ALBERT BOADELLA – Dueño del hotel - SALMAN RUSHDIE – Él mismo