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Mié, Oct

MEDEA/MEDÉ (Sobre textos de Eurípides, Séneca, Corneille, Anouhill, Sastre y Miller) Teatro: Fernando de Rojas Círculo de Bellas Artes de Madrid 24 y 25 de septiembre 2002-09-26 Por Pablo Villamar Yo no sé si estará autorizada una producción autonómica, que va a medias con otro país, Francia en este caso, o si será una ventaja sobre los demás grupos que se presentan a la Muestra. La cuestión es que para montar esta obra ha sido necesario la participación de cuatro Compañías, dos aragonesas y dos francesas, de ahí el Medea/Medé del título. Lo más positivo y más meritorio que podemos decir de este estreno en Madrid, es el esfuerzo considerable, que hacen estos cuatro grupos. unidos por el cordón umbilical del escenario por agradar o tal vez entusiasmar al público. No lo consiguen. Antes al contrario, les aburren, les fastidian y les abochornan. Esto es el teatro o también el antiteatro. Creernos a priori que hemos tenido una idea brillante, al enredar a tantos autores geniales en un solo espectáculo, para llevarlo a Madrid. Que los actores, los técnicos y el director, asimismo se lo crean. Que se trabaje con ahínco durante meses, para que luego todo el esfuerzo resulte estéril. A mí esta función me recordó a otras que vi en la U.R.S.S, (aquellas de muy buen teatro) todavía con el telón de acero, en donde tenía que conformarme, con ver la presentación, los efectos técnicos y quedarme sin entender el texto, dado que no soy ruso. Aquí, hablando en castellano, se pierde todo el diálogo, pese a hablar a gritos, y nos tenemos que conformar con la puesta y el tamtorilero, que no es el de Raphael precisamente. Y de la catarsis ¿qué? Pues de la catarsis, ná. Pues no dicen qué, dicen pero ná. Pero la misión del crítico, que conoce su oficio es no ser catastrófico, si no aportar soluciones. Ahí van algunas: Declamación. Vocalización. Articulación. Cuidar los mutis. El salir de escena es más importante todavía que entrar. No repetir treinta o cuarenta veces los mismos efectos. (Es que no hay que repetir ninguno) No saludar al final, en el viejo estilo de uno por uno, de menor a mayor importancia, veces y veces, y hacer mutis, esta vez si que perfecto, tal cual hacen los grandes directores de orquesta, para volver a entrar, ante las ovaciones. Lo que no era éste el caso. Darse cuenta que el escenario engaña y que los aplausos tibios, de cortesía, por educación, generosidad, lástima o convicción, es muy difícil asimilarlos por el que está en las tablas, viendo el teatro al revés. Recordarle al Director, en este caso, Mariano Cariñena, sé que os gusta capitán, como que somos paisanos, Jerez a los sevillanos don Rafael... que es el responsable único, y que, cuanto menos se note su mano, mejor. El mayor elogio que se le puede dar a un director es no elogiarlo. Esa es su gracia y su servidumbre, y aquí, da la nota. Vamos, el do sobreagudo. Para terminar decir, a todos los componentes de esta coproducción, que tienen que medir sus fuerzas. Que hay muchas piezas de repertorio, y de autores que viven, más fáciles y que pueden llegar a conmovernos. ¿Para qué los clásicos griegos o el dichoso Shakespeare al que se recurre con frecuencia, justamente los que deberían empezar por la Aritmética antes de las Ciencias Exactas? PABLO VILLAMAR