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Vie, Nov

@pepe h

Shakespeare & Swing

Con Mucho ruido y pocas nueces Shakespeare nos abre la puerta a la fantasía, a la imaginación, al amor, a las relaciones. En definitiva, nos abre la puerta a la vida y esto es lo que nos muestra Alba Saura en su versión para el espectáculo de Alquibla Teatro, que junto al swing jazz, que pone marco al universo dramático de la obra,  traslada al espectador a los años 20 sin perder de vista los sentimientos y las relaciones que son protagonistas del hombre de hoy. 

 

Hace algún tiempo escribía sobre lo importante que son las versiones para que los clásicos sean clásicos y  puedan hacernos llegar su voz a través del tiempo. 

El teatro supone una revisión actualizada del texto literario dramático. El director de escena o dramaturgista, a partir de una lectura de la obra para llevarla a la escena, tiene la posibilidad de quedarse anclado en la historia y en los procesos de reconstrucción arqueológica, o bien ofrecer una lectura contemporánea capaz de hablarle al hombre del momento.

Alba Saura realiza una versión para la representación, sin ataduras literarias y trabajando en el sentido estricto de la dramaturgia, mirando siempre al escenario y trabajando para la puesta en escena. 

Antonio Saura, desde aquel Cuento de Invierno (1996), pasando por Sueño de una noche de verano (2000) o el Macbeth (2016), ha arrancado siempre una lectura de hoy a los textos de ayer, no ya solo a los del Bardo, sino también de Esquilo, de Molière, de Beaumarchais, de Büchner, De Beckett, de Brecht, de Arniches, de Lorca, etc, en su larga trayectoria como director. 

Estamos ante una comedia de enredo articulada por la manipulación y el engaño, que desarrolla su argumento en una sala de baile. Me remito a la descripción argumental que realiza la propia versionista del espectáculo:

En el Mesina Jazz Club se celebra, como cada noche, una gran fiesta de lindyhopers, animada por el gran showman JIVE y su banda The Coconuths. A la fiesta asisten antiguos amigos y conocidos. En un espacio único y en el tiempo de una velada –desde el atardecer hasta el amanecer del siguiente día-, se desarrollará la acción del Much Ado About Nothing shakesperiano.

La ortodoxia academicista impide muchas veces que las obras crezcan con las generaciones que renuevan las lecturas de las mismas para universos distintos en los que se crearon. Esta es la diferencia entre un texto clásico y un texto antiguo. Y desde la versión suenan voces que se construyen para el presente, como las palabras de Hero reprochándole su falta de confianza a Claudio: “Me has despertado y ahora me quiero a mí”. Palabras de empoderamiento feminista, pero también insertas en una acción de generosidad por el amor que ella le sigue brindando. 

El extraordinario ritmo que  Shakespeare imprime a sus escenas es trasladado a este espectáculo con el swing, que recorre, como un fino hilo de fondo, toda la representación. Es un musical que no pierde de vista el texto y que nos presenta composiciones originales de Álvaro Imperial. 

La evocación clásica del ámbito literario dramático nos la trae la comedia de Shakespeare, pero la música nos la trae el swing, un modelo de jazz que nace en EEUU allá por los años 20 con músicos como Louis Amstrong y, pocos años después, se sumarían artistas como Billy Holliday o Ella Fitzgerald. Ahora vive una segunda etapa dorada, en España están proliferando los grupos que se juntan para disfrutar de esta música y de esta forma de bailar.

Los músicos en directo (Trompeta Ángel Girón; Saxofón Pepe Pérez; Guitarra Álvaro Imperial; Contrabajo Antonio Peñalver; Batería Alberto Garrido.) forman parte de la escenografía y ocupan un lugar de significación en el espacio, pero además contribuyen a crear el ambiente necesario para establecer el universo en el que se desarrolla la acción. Hay temas extraordinarios. 

A lo largo del espectáculo están las coreografías en las que destaca el Lindy hop, pero géneros como el Blues o el Balboa se asoman en ligeras presentaciones o pequeños encuentros entre los personajes. 

Es una comedia donde el odio, el engaño, los celos, el perdón y el reconocimiento sostienen a unos personajes que luchan por encontrar la paz de su corazón en el amor. 

El original no es una comedia de grandes risas sino de entretenimiento. Mucho Ruido About Nothing lo es en el amplio sentido de la palabra y entretiene de la forma más gratificante, con el gran acierto de dibujar en el espectador un sonrisa sostenida a lo largo de las dos horas de representación, que alcanza la carcajada con las geniales intervenciones de Pedro Santomera en su personaje de Dogberry, o con Esperanza Clares, que interpreta a Beatriz.

La estructura de los personajes es una estructura por parejas en las que Úrsula (Lola Martínez) y Dogberry no están emparejados amorosamente, aunque este le da un beso “atrevido” cuando llegan los desenlaces. Lola trabaja su personaje desde el poder de   la empresaria del local, pero también desde la soledad y desde su cansancio. La fortaleza de su personaje empuja las acciones hacia el brillo del baile y, como siempre, su interpretación llena todo el escenario con una sólida presencia.

Cristina Aniorte (Margarita), Javi Mula (Borachio), Nadia Clavel (Hero) y Alberto García Tormo (Claudio) conforman el cuerpo de las parejas enamoradas que articulan esta comedia. Hemos sacado de este conjunto a Julio Navarro ( Benedicto) y a Esperanza Clares (Beatriz) porque aportan, además, una línea cómica provocada por el equívoco y la manipulación para obligarles a que aflore el amor que realmente se tienen y que lo ocultan por un malentendido orgullo. Estas escenas son de notable comicidad y cuya carcajada está garantizada por la extraordinaria bis cómica de Esperanza que entre silencios, miradas, gestos y ternura encuentra, en la interpretación de Julio Navarro, la mejor de las respuestas. Tanto Esperanza como Julio tienen personajes que evolucionan desde el desprecio a un deseado encuentro. Esta transición está recorrida por momentos de una extraordinaria interpretación por parte de ambos.

Jive (Coco Carmona) es el showman que va manejando los hilos que mueven a los personajes, un papel muy parecido al Robín de Sueño de una noche de verano. Pero  Coco, además de ser un muy buen cantante, de manejar el espectáculo con soltura escénica, es el que va uniendo, de forma narrativa, las escenas. Este aspecto técnico facilita las transiciones y agiliza para el espectador la evolución de la representación. 

La escenografía a cargo de Fernando Caride favorece el espacio abierto para poder desarrollar los bailes. El Mesina Jazz Club está diseñado funcionalmente para cubrir los espacios donde se van a desarrollar las acciones pero dejando al centro la pista libre para las coreografías. Un trabajo al servicio del espectáculo sin preciosismos gratuitos. 

Antonio Saura, una vez más, desde los clásicos, realiza una apuesta para el gran público desde la excelencia. Su concepción del espectáculo está basada en el ritmo de la música que hace que arrastra la obra de Shakespeare al mundo del swing. 

Fulgencio M. Lax