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Jue, Ene

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Al abandonar un metal en la intemperie, con el tiempo este se oxida poco a poco hasta terminar completamente corroído por la humedad. De esperar un poco más, lo que alguna vez fue una fuerte barra metálica capaz de resistir grandes esfuerzos, termina transformada en un polvo rojizo sin ninguna capacidad mecánica. Del polvo vienes y en polvo te convertirás. Qué buena frase.

 

Entre los seres humanos podría fácilmente darse una equivalencia en relación a la nefasta combinación de tiempo y abandono. No me refiero solo al abandono inmoral que la sociedad contemporánea hace de ancianos no queridos por sus hijos ni rentables para la cadena de producción, de niños no deseados por sus padres incapaces aún de valerse por ellos mismos o de personas con capacidades mentales reducidas consideradas como un lastre absoluto, sino al peor de los abandonos posibles, el que un individuo puede hacer de sí mismo.

En esencia, el ser humano es un sobreviviente capaz de adaptarse a todo. Incluso en las peores condiciones de vida existentes en nuestro planeta existirán habitantes.

¿Qué los hace quedarse en esas condiciones imposibles sin migrar?

Simplemente, la voluntad de ser es su fuerza vital.

Con los años, a muchos, esa voluntad de existir se les va extinguiendo, ya sea porque vivieron una vida tan intensa que creen haber terminado con la posibilidad de nuevas experiencias, ya sea porque consideran que nunca tuvieron experiencias memorables y ya no tienen la capacidad de tenerlas.

Mientras su razón de ser estaba sobre exigida por trabajo, familia, sociedad… nunca tuvieron tiempo para pensar en ellos mismos, y al llegar el día de la jubilación, sin trabajo, abandonados por sus familias y de cierta manera despreciados por la sociedad al no encajar en el modelo de persona productiva, ¿para qué seguir viviendo?

Al acabarse la voluntad de ser, comienza el proceso de oxidación vital.

Músculo que no se usa se atrofia. Al quebrarse un hueso y estar inmovilizados por un tiempo, volver a la normalidad requiere de un periodo de rehabilitación de los músculos atrofiados.

La recompensa a toda una vida de exigente trabajo no puede encontrarse en un televisor Hd con sonido de alta fidelidad, pero sucede. Se deja de pensar, se deja de moverse, se deja de ser. Los únicos músculos que siguen con una actividad relativa, son los que mueven el pulgar para pulsar los botones del control remoto.

La vida no es justa ni lo será jamás. El deterioro progresivo de todas y cada una de nuestras capacidades, es irreversible. Por más vitaminas, suplementos alimenticios, ejercicios físicos y mentales, vida sana… lo inevitable llegará algún día.

Ya, ¿y?

Creo que lo único que puede mantenernos en buen estado, son los afectos. No me refiero solo a un amor pasional, sino también a los afectos de todo tipo.

La familia antes de nosotros y la después de nosotros, los amigos, los conocidos, algún desconocido…

En la interacción social es donde se encuentra la verdadera salud tanto física como mental capaz de mantenernos mentalmente en paz alejados de una euforia pasajera.

Ya que el aislarse es el comienzo de una oxidación acelerada, usemos el mejor antioxidante de todos; el intercambio social.