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Mié, Oct

Y no es coña | Carlos Gil

Las malas noticias se suceden de una manera escalofriante. Mirando en los papeles donde apunto los posibles asuntos a tratar, se acumulan desapariciones, desaceleraciones, desvíos, apretones y olvidos. De todos los desastres que están aconteciendo los que más daño van a ocasionar en el futuro debemos situarlos en la cadena educativa. La subida del IVA en las entradas, la falta de ayudas a la producción, la desaparición casi total del sistema de exhibición a base de cachet y otras de las flagrantes agresiones al sistema general son importantes, en muchos casos con efectos irreversibles, pero si a esta situación de desmontaje añadimos que se están clausurando los bachilleratos artísticos en muchos lugares, si todo el entramado de conexión entre escuela, instituto y universidad con la actividad artística de las artes escénicas se va a colocar bajo mínimos, el futuro no existe nada más que como una oscuridad.

Podemos considerar que los estudios reglados en las artes escénicas sean malos, pésimos, regulares, deficientes o buenos. Las instituciones de referencia en este campo no han sido una referencia de excelencia. Tampoco hay que exigirles más de lo que pueden dar, y el propio sistema de selección del profesorado, las castas que lo componen, la inercia y la falta de ambiciones y en muchos casos la desconexión con la realidad, nos colocaban ante un valor cuestionable y, sobre todo, muy mejorable. Las actividades en secundaria en estos campos fue una suerte de concesión que ayudaba a crear tejido social interesado con estas artes. Con todas las deficiencias estructurales, con la falta de programas, con la consideración en muchos centros de "marías" estas enseñanzas, la cosa mantenía encendida una pequeña llama.

Los institutos expresamente enfocados a ello, como el de Reus que se dedicaba además a las artes del gesto y el cuerpo, es decir una especialización, sembraban en jóvenes las semillas del conocimiento de unas artes que después podían ampliarse en cursos y cursillos en el extranjero o en las escuelas superiores. Hoy, congelados todos estos programas, con una reforma educativa regresiva en general, se corta de manera brusca la leve correa de transmisión.

Son muchos los frentes abiertos. Demasiados. Pero se deben establecer prioridades. Por un lado resolver los asuntos perentorios profesionales, los gremialistas, y por otro, los profundos, los que se incardinan con la sociedad. Y todo lo referente a la enseñanza, a la calidad de la enseñanza en artes escénicas, por un lado, pero por otro la presencia en toda la cadena formativa del teatro, la danza, la música, como fuente de conocimiento, debe preocuparnos para que no se produzca un corte generacional que nos empobrezca a todos de manera más drástica.

Este es el auténtico peligro, el de la exclusión del mundo de la cultura, del entretenimiento no alienante de amplios segmentos de la población. La condena de millones de ciudadanos a una vida frente al televisor, y que consideren los museos, los conciertos, el teatro o la danza, como algo ajeno a su condición social. ¡Qué barbaridad!