Críticas de espectáculos

Bendita Gloria/ Juan García Larrondo/Albanta

Lúcido texto espectacular

En los pueblos «tras os montes», al norte de Portugal, cuentan la leyenda de un personaje caritativo que aliviaba el sufrimiento en la agonía de los moribundos. La compañía portuguesa O Bando montó un espectáculo titulado «Alma Grande» que es el nombre que recibe el personaje de la leyenda. Hace varios años tuve la oportunidad de ver dos versiones del mismo espectáculo, una de calle y otra en sala convencional. Aparte de las diferencias estéticas de ambos trabajos, la obra inquieta y hace reflexionar acerca de la muerte, la eutanasia y la caridad, quizá sobre la compasión.

La compañía gaditana Albanta dirigida por Pepe Bablé ha estrenado «Bendita Gloria» de Juan García Larrondo. He tenido el privilegio de asistir a las dos primeras funciones del estreno absoluto de esta obra que el primer día me partió en dos, pero el segundo día me puede recomponer con otra perspectiva, me reconcilié.

Y es que, el primer día aprecié una soberbia puesta en escena donde se veía una inteligentísima mano de dirección y una sensible labor interpretativa. Sin embargo, aprecié un texto realista y decimonónico que apenas me inspiraba alguna poética y significación.

Por el contrario, el segundo día de función, con los mismos ingredientes dramáticos y estéticos pude corroborar no solo un trabajo escénico excepcional, sino un texto dramático hermoso, imaginativo y conmovedor.

La clave me la dio lo que ya intuí el día del estreno pero que no me atreví a determinar. El espectáculo comienza y termina con la misma imagen: una especie de postal donde aparecen todos los personajes con los ojos cerrados formando un estatuario triangular. ¿Idéntica imagen de apertura y cierre? ¿Qué me han querido contar? ¿Todo lo que ha sucedido entre medias ha sido un sueño, una performance que ha tomado realidad en la cabeza de la protagonista o una metáfora acerca de la eutanasia liberadora del sufrimiento por medio de un acto de caridad? ¿Qué hay de realidad en lo que hemos visto, o solo son fantasmas que existen en un submundo atormentado de una mujer? ¿Hemos asistido a un ritual macabro o a un sublime acto de amor?

Juan García Larrondo, autor de «Bendita Gloria» ha escrito un texto dramático extenso, según él mismo ha reconocido. Al parecer, el autor se ha recreado con diálogos, monólogos, espacios arquitectónicos complejos, situaciones múltiples y personajes para contar historias –más que personajes presentes- tragicómicas con tintes de contemporaneidad: corrupción urbanística, infidelidad conyugal, migración clandestina, intereses espurios disfrazados de amor, prostitución, extorsiones varias, asesinatos, ajuste de cuentas, soledad existencial… Vaya, toda una serie de cuestiones que están presentes en nuestra realidad social.

En una primera lectura, el día del estreno, quizá me puse a la defensiva ante tanta evidencia de un texto realista. Mi interés por el texto se desvaneció. No obstante, hay que reconocer que García Larrondo ha escrito un texto literario que juega una y otra vez y de manera global con el lector. Destaco el agente lector porque el autor lanza –desconozco la literalidad del texto original- personajes, situaciones y diálogos para ser leídos que surgen al parecer en una dirección posible pero, en el transcurso de la escena o del diálogo, dan un quiebro inesperado con lo que el lector ha de replantear la narración.

Algún ejemplo. En la segunda escena del montaje entra un hombre –no sé cómo lo denomina el autor en el texto literario- que grita con la protagonista; la primera hipótesis de identidad es que ambos son matrimonio; el quiebro aparece cuando el lector descubre que no son pareja, sino que él es un inmigrante; el siguiente quiebro consiste en saber que es un inquilino de la casa de Gloria; otro quiebro identitario se ilustra al constatar que es un topo a sueldo para extorsionar a la dueña de la casa. Otro ejemplo. Victoria sale de la vivienda de Gloria y da la sensación de que sufre un asalto para robarle el bolso, pero Victoria entrega voluntariamente cierto dinero a su interlocutor como soborno pactado para desalojar a su hermana Gloria de la casa. En fin, el texto está lleno de sorpresas que mudan el odio fraternal en complicidad infantil; sorpresas de relación entre los personajes; sorpresas de un evidente asesinato…El lector y el espectador han de reconducir continuamente la línea del relato.

Con todo, el texto dramático de García Larrondo, pienso que se ha enriquecido con el texto espectacular que ha dirigido Pepe Bablé. En este sentido, sin obviar las sorpresas descritas, la propuesta escénica está llena de guiños a la imaginación del espectador. El espectáculo insinúa, no lo hace evidente, todo un universo sórdido y al tiempo bondadoso que traspasa la realidad de la representación. Lo que parece evidente se transforma en un realismo mágico con un valor escénico fantástico. Bablé ha reconstruido el texto original con el talento de quien lleva el teatro en el ADN para modelar un espectáculo emotivo y significativo, dinámico y reflexivo, comprometido con el aspecto estético y artístico, sin concesiones a la mediocridad.

Pepe Bablé ha troceado el texto en escenas aparentemente inconexas, no lineales, pero hilvanadas con otras escenas simultáneas que se desarrollan en un lateral a modo de sombra delatora. El espectáculo, que se inicia y termina con la misma imagen escultórica ya mencionada, se desarrolla como un juego escénico al más puro estilo brechtiano donde los intérpretes establecen el célebre distanciamiento de los respectivos personajes y emociones con canciones y con indicaciones explícitas a través del gesto para cambiar la iluminación que marcan las transiciones escénicas. En cierto modo, hay un juego metateatral para aliviar el dramatismo de algunos diálogos y personajes. Es decir, el director ha engrandecido el texto dramático por medio del texto espectacular.

La puesta en escena se apoya en un brillante elenco capaz de cambiar de registro con disciplina y organicidad. Charo Sabio, mejor que nunca, movió al personaje de Gloria desde la explosiva carcajada al dolor contenido sin solución de continuidad; saltó del grito más salvaje a la risa irónica más mordaz; jugó un personaje bipolar de odio y amor pero lleno de aristas que ella dibujó sutilmente con la palabra en el tono ajustado, con el preciso movimiento gestual, con la suficiencia y elegancia de una estupenda actriz.

Carmen Reiné transitó con su personaje por unos sublimes estadios de excelencia interpretativa: ninfómana, ebria, enamorada, despechada, humillada, cadavérica: la convicción y la fuerza dramática que aportó a su personaje serán difíciles de olvidar.

Susana Rosado interpretó a Victoria, hermana pija de Gloria; su personaje, marcado por la altanería y la desesperación, encontró en esta excelente actriz la resolución precisa con dos tipos de tonalidades, la culta y la andaluza en sentido coloquial; plasmó al personaje con absoluta autoridad.

Jay García, con aspecto de emigrante marroquí, sin caer en los tópicos, dibujó al poliédrico personaje en equilibrio para apuntar el machismo, la manipulación, la violencia, la chulería de su personaje con admirable perfección.

«El amor no salva a los muertos pero a veces puede salvar a los vivos», dice el autor por boca de Gloria. Y el director de escena pone dos mausoleos como principio y final. Vida, muerte, salvación y amor son cuatro conceptos que tienen un recorrido mayor que el mero apunte de la realidad. Quizás esta «Bendita Gloria» sea un remedo sin ser buscado de aquel «Alma Grande». Sin duda, Pepe Bablé ha reescrito con lucidez un gran texto espectacular.

Manuel Sesma Sanz

Espectáculo: Bendita Gloria. Autor: Juan García Larrondo. Intérpretes: Jay García, Susana Rosado, Carmen Reiné y Charo Sabio. Luminotecnia: Pepe Bablé y Luis Jiménez. Propuesta escénica y dirección: Pepe Bablé. Compañía Albanta. Sala Central Lechera de Cádiz. Estreno absoluto, 21 y 22 de abril.

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