Y no es coña | Carlos Gil

Cerrado por reflexión

En la cafetería del Teatro Zorrilla de Valladolid tuve una reunión con una de esas personas imprescindibles para entender el Teatro en Valladolid, CyL y el Estado español. Dos jubilados especiales hablando de nuestras cosas y de la realidad, social, cultural y política. Al despedirme, en un sábado espléndido de temperatura, en medio de una festival de teatro de calle espectacular, viendo además que en las carteleras de los teatros de la ciudad había programaciones de entidad, entré en una fase de reflexión, de la que todavía no he salido. 

Reflexionar a finales de mes es una de las consecuencias de ser un empresario a golpes, es decir, sin ninguna vocación, por simple inercia, que se convierte en vicio o cabezonería, pero que mirar con ansiedad si se tiene fondos para pagar seguros sociales, nóminas, no es agradable. Y no lo es cuando, como es mi caso, no se hace esa función paran vivir, sino para mantener vivos ideales que nunca se sabe si son bien recibidos o al menos consentidos. Una editorial, un revista, un periódico digital, una librería, todo ello dedicado única y exclusivamente a las Artes Escénicas, es algo económicamente inviable. La solución es convertirse en dependiente de las instrucciones, es decir ser un paniaguado, un final de correa de transmisión. Y, por razones ajenas a una voluntad primigenia, nosotros sobrevivimos sin ayudas ni subvenciones. En los mejores casos, recibimos publicidad institucional, asunto que no es menor, pero sí insuficiente. 

Por lo tanto, la reflexión excede a lo que un cuerpo de setenta años puede soportar, sino lo que las tragaderas pueden asumir. Encontrar una justificación más allá del ego, de la autocomplacencia, del autoengaño, y establecer unas líneas de funcionamiento que sirvan para algo más que para satisfacer los deseos, aliviar los complejos, encontrar un lugar bajo el sol de las artes escénicas de las que se ha formado parte en todas sus estructuras y gremios desde hace más de cincuenta años. No es suficiente motivación en estos momentos.

Reflexionar sobre la viabilidad de una obra estrenada en Argentina, creada y producida con sacrificios enormes, con resultados artísticos suficientemente solventes, que incide en un personaje catalán que fue una gran personalidad mundial del arpa a finales del diecinueve y principios del veinte, producida con esa tensión con la que se logran estrenar obras en ese país tan teatral, y que ahora hay que decidir si se viene cumplir con unos compromisos en dos festivales y alguna otra contratación en octubre/noviembre en la península ibérica debido a que no se tiene ayuda para los viajes, no salen los números con lo contratado y se debe volver a arriesgar para acabar, como siempre, muriendo en la orilla después de remar días, semanas y meses.

Reflexionar sobre qué significa hoy el Teatro en este mundo en el que nos movemos. Qué están haciendo las instituciones públicas que deberían propiciar la existencia de vías de comunicación, de movilidad, de posibilidades, y que al ver las programaciones que se han presentado para la temporada próxima de los grandes teatros públicos, despierta de manera automática sospechas de gestión muy de corralito, de clan, de amistades. 

Reflexionar sobre la necesidad de reflexionar, porque acaso a nadie le interesan tus reflexiones, porque lo que importa es subsistir, comer, pagar el alquiler hoy, y lo demás, suena a discursos anacrónicos o a frasecitas de despechado anciano. Por eso dan ganas de cerrar el negocio por reflexión.

En esa reflexión ando.

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