Aclárate la voz

Cultura Vocal (3)

La comunicación interpersonal entre las personas se vehiculiza simultáneamente a través del contacto ocular, la expresión facial, los gestos, el movimiento corporal, la voz y la palabra. En el intento de comprender lo que alguien busca comunicarnos prestamos atención a todos los mensajes que nos llegan a través de estas vías mencionadas con el fin de tener una percepción de aquello que la persona intenta transmitirnos y construir una compresión de su mensaje.

Aunque el gesto, el contacto ocular, el movimiento y la expresión facial dan un significado al mensaje nuestra atención, por lo general, tiende a centrarse en toda aquella información que nos llega a través del canal oral. El canal oral es el más ampliamente utilizado en el día a día entre las personas. Este canal está formado por dos componentes, el vocal y el verbal, o dicho de otra manera, la voz y el habla. El habla se relaciona con el discurso verbal, la elección del vocabulario y su pronunciación, mientras que la voz se relaciona con la forma en que este discurso verbal es emitido mediante el tono, el ritmo, el volumen, la intensidad. Mientras el canal verbal vehiculiza el tema-materia hacia el oyente el canal vocal es aquel que transmite nuestro estado afectivo, físico y psíquico y es aquel que dirá más acerca de la personalidad del orador. Si la persona estuviera viviendo algún tipo de conflicto los dos canales podrían plasmar un contraste denominado fenómeno de incongruencia. Una situación que todos hemos podido vivenciar cuando, por ejemplo, alguien nos dice que está bien mientras que su voz suena sofocada por la pena. En el caso de una enfermedad mental estas incongruencias se presentan en un alto grado. Cuanto mayor sea esta disonancia y mayor contraste exista entre el mensaje verbal y el mensaje vocal mayor será el conflicto y más grande la fisura en la integración de la persona.

Hay, sin embargo, un matiz que se pasa por alto cuando hablamos de comunicación no verbal centrándonos en la voz. Ese matiz es que, por lo general, se lleva la atención al tono, ritmo, volumen pero ¿qué pasa con el timbre y el mecanismo en el que se mueve la voz? ¿Qué es lo que hace que una persona se estructure vocalmente en una dimensión laríngea concreta y en un mecanismo concreto? Hay muchos factores interactuando; las dimensiones físicas de la laringe, el grosor de los pliegues vocales, la constitución física, el ambiente cultural, la herencia auditiva, y las dinámicas interrelacionales a lo largo de la historia de la persona. Aquí entramos en el terreno de las relaciones humanas, la cultura y la identidad vocal, factores que subyacen en la raíz de la forma que nos expresamos a través de nuestra voz.

Todos hemos sido bebes y todos hemos tenido como primer medio de contacto la piel, la mirada, los sonidos, la voz que nos llegaba, los sonidos vocales que emitíamos y así nos hacíamos comprender. Después con la adquisición del lenguaje, la palabra tomó el primer puesto en el canal de comunicación como medio para entender y hacerse entender, que no sé si comprender. Por lo tanto, todos recibimos los mensajes que nos transmite la voz, todos reaccionamos en mayor o menor medida a ellos, la mayoría de las veces sin darnos cuenta siquiera pero no terminamos de percibirlos debido, a lo que yo llamaría, déficit en la escucha. Déficit en la escucha activa. Una escucha base para construir un nivel de cultura vocal que permita una interacción saludable entre las personas.

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