Y no es coña | Carlos Gil

Dramaturgas, autoras, escritores y escribidores

Acabo de llegar de los actos de proclamación del ganador del Premi Born de Teatre en su XLVI edición que organiza una entidad privada, de gran arraigo en Ciutadella como es el Cercle Artístic, y que ha sido ganado por el dramaturgo y director murciano Luis Manuel Soriano Ochando con la obra titulada “El desmoronamiento de la ternura”, y según nota de la organización: “El jurado valora el planteamiento complejo que el autor hace de un tema como el duelo, el cual retrata desde el caos y el exceso como forma de escapismo delante de la realidad de la muerte. También, el enfoque hacia una generación joven de público, con un tipo de escritura fresco y novedoso. Se valora muy positivamente tanto el inicio como el final de la obra, y la capacidad de ésta para apelar al sentimiento de ternura, a la vez que consigue darle una dimensión irónica”

 

Pongo la cita entera dada por la organización ya que forma parte del ritual de este premio que cuenta en su palmarés algunos de los nombres que han sido y, en muchos casos, son referentes actuales de la escritura dramática que se visualiza sobre los escenarios. Las motivaciones que se expresan por el jurado son de una ambigüedad absoluta, muchos de los párrafos servirían para un amplio porcentaje de las cuatrocientas noventa obras presentadas a la deliberación. Y aquí, un año más, a este asistente interesado, que se convierte automáticamente en el editor de la obra ganadora en español y euskera, le incita a unas reflexiones complejas, ante el exceso y el caos de tal cantidad de propuestas, para parodiar el lenguaje del jurado.

¿Existen en el mundo del español y el catalán, tal cantidad de dramaturgas, autoras, escritores o escribidores con obras capaces de optar a este prestigioso Premi? Esta pregunta que no es que sea retórica, sino que su formulación me provoca una angustia vital, se puede formular por pasiva y por activa. Se da la circunstancia de que el martes 26 de octubre de 2021, fallaré como jurado el Premio López Aranda de Santander, donde se presentaron un número amplio de propuestas, se supone que muchas de ellas, también estaban en la lista del Born. Estamos en época de resoluciones de los muchos premios que se convocan para el descubrimiento de textos dramáticos. Vamos a ir comprobando los resultados. De mi experiencia como jurado, en esta ocasión, se consolida la sensación de que existe un grupo de personas con cierta facilidad para la escritura que se dedica a presentarse a premios de cualquier género. En los años que me prodigaba más como jurado, era habitual encontrarse la misma obra en diversas convocatorias. Yo he visto una obra presentada el mismo año en un premio en catalán y en dos en español. Y es habitual que cuando se falla, y se comunica la buena noticia al ganador o ganadora, por horas, ya haya sido premiada su obra en otro premio, lo que causa frustración y demuestra dos vías de estudio: que se presentan a todo lo presentable y que hay obras que deben tener la calidad suficiente para superar todas las cribas de dos o más premios que la consideran la mejor de las presentadas.

Tengo un mini discurso para todas las sesiones de los jurados: nos reunimos para premiar las obras presentadas, elegir la mejor de entre ellas. Nuestro acto no tiene más trascendencia que esa, que es mucha. Porque me he encontrado con jurados que parecen querer solucionar con una votación la dramaturgia contemporánea universal.

Cuando se celebró un aniversario del premio Marqués de Bradomín, por cierto, en suspenso desde hace años, que premiaba a dramaturgos emergentes, sin obra, y en cuyo palmarés se encuentran grandes nombres, tanto que hay quien los clasifica como Generación Bradomín, los testimonios de los ganadores anteriores me inquietaron de tal manera que me parece inconcebible todavía. Varios, pero especialmente uno, Sergi Belbel, admitía que se presentó por el dinero que ofrecía, que nunca había escrito teatro, que fue un impulso. Y lo ganó. Mi duda, ante la cantidad de propuestas y obras, es que muchas personas buscan el premio monetario, que no tienen vocación teatral ninguna y que se nota que en demasiadas ocasiones escriben guiones audiovisuales que aprovechan, o se basan en esquemas viejunos para poner palabras y diálogos que no avanzan, ni contienen algo más que esa verborrea.

Si todo texto dramático busca el escenario para convertirse en Teatro, el sábado pasado en el Teatre des Born de Ciutadella asistimos al cierre perfecto del círculo, ya que la entidad que convoca el Premi lo puso en pie, a partir de su cuadro de actores, en una propuesta muy digna, entendiendo que es un grupo vocacional. Pusieron en pie “Les amants sobrehumans” de Ruth Gutiérrez, que ganó el Premi en el año 2018. Aplausos a esta entidad menorquina que dentro de sus múltiples actividades culturales y artísticas mantiene este premio dotado de una cantidad muy apetecible y que tiene como valor añadido que se publica la obra ganadora en los cuatro idiomas oficiales del Estado español: castellano, gallego, catalán y euskera. Algunos premios no logran el paso a los escenarios y solamente uno, “El Principio de Arquímedes” de Josep Maria Miró, ganador por tres veces de este Premio, logró que se representara en los cuatro idiomas. Y sigue teniendo una buena vida en escenarios de medio mundo. 

Pero acabo, con la misma pregunta: ¿Existen de verdad tantas personas dotadas para proporcionar obras dramáticas de entidad, no para ganar premios, sino para que marquen un camino o una tendencia? Se podría plantear subsidiariamente si los premios tienen un objetivo añadido en este sentido. Será en otro momento, cuando no se sienta uno tan involucrado como editor, jurado y convocante de premios de textos o de obras de investigación.

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