Velaí! Voici! | Afonso Becerra

El gozo irreductible de la danza, según Joana von Mayer Trindade & Hugo Calhim Cristovão

Vivimos en la contradicción, por lo menos desde Hamlet en adelante. La contradicción es una fuente de conocimiento y una experiencia fehaciente de nuestra falibilidad. Por un lado, buscamos poder relacionarnos sin necesidad de recurrir a la fuerza ni a las violencias varias, que son impulso innato. Pero, por otro lado, reivindicamos el empoderamiento para nivelar el estatus de quien sufre cualquier tipo de marginación o minusvaloración.

 

El sector de las artes escénicas, mayoritariamente precarizado y minusvalorado por el sistema de valores imperantes, en el que la rentabilidad económica y las dinámicas de producción en serie y consumo masivo son la tónica, necesita ser, no solo resiliente, sino también aguerrido.

Entre el dejarse llevar, la porosidad, la pasividad y la irreductibilidad, la rebelión hay un juego de equilibrios necesarios para conseguir estar y ser en sociedad.

La danza contemporánea y sus practicantes saben mucho de resiliencia e irreductibilidad, en un panorama adverso general. Además, las artes del movimiento lidian necesariamente con los conceptos de fuerza, resistencia y capacidad para ampliar los límites del cuerpo y de la mente, en el ensanchamiento que supone la creación escénica. Así pues, estamos ante una doble articulación del concepto de fuerza, resistencia, resiliencia e irreductibilidad.

El 6 de mayo de 2021 acudí al Theatro Circo de Braga (Portugal) para ver Fecundação e Alívio neste Chão Irredutível onde com Gozo me Insurjo (Fecundación y alivio en este suelo irreductible donde con gozo me rebelo) de Joana von Mayer Trindade y Hugo Calhim Cristovão, que se había estrenado en el Centro Cultural Vilaflor de Guimarães, el 30 de abril, dentro de la programación del GUIdance 21 que, por motivo de la pandemia, se distribuye a lo largo de todo el año.

Fecundação e Alívio neste Chão Irredutível onde com Gozo me Insurjo es una pieza de danza contemporánea de extraña y rutilante belleza, que se asienta en una gozosa resistencia física del dúo formado por Sara García y Bruno Senune. Dos horas ininterrumpidas de trabajo corporal y mental intensos, rozando los límites de lo verosímil, pero siempre desde la sensación de fluidez y facilidad.

Creo que esta es la segunda obra que veo de Joana von Mayer Trindade y Hugo Calhim Cristovão, la anterior fue Dos Suicidados – O Vício de Humilhar a Imortalidade (GUIdance, 16/02/2019) (De los suicidas – El vicio de humillar a la inmortalidad), y observo una marcada poética que transita por los límites del esfuerzo, la resistencia y, en cierto modo, del sacrificio. Y esto, sin duda, va contra la moda de lo melifluo, del hedonismo individualista, de los efectismos escénicos logrados desde lo tecnológico y de las estéticas de lo pulido y lo aséptico. Aquí, en esa poética que detecto en estas dos obras dancísticas de Joana y Hugo, toda la espectacularidad se asienta directamente sobre los cuerpos y su potencia muscular. La luz impacta en la carne y nos acerca el sudor, la palpitación de los corazones, como los motores de coches de competición, las negociaciones intensas entre la respiración y el movimiento corporal… En ambos trabajos también resulta muy relevante la modulación y manipulación del espacio escénico a través del propio espacio dinámico de los cuerpos danzantes, así como la presencia de algún elemento escenográfico enigmático, que está ahí sin que los bailarines lo utilicen o manipulen. En Dos Suicidados – O Vício de Humilhar a Imortalidade era una especie de figura geométrica colgada en lo alto del escenario. En Fecundação e Alívio neste Chão Irredutível onde com Gozo me Insurjo es una especie de atril o púlpito, situado a la izquierda del foro. Quizás es un púlpito, quizás no. Podría ser. Un púlpito vacío, al que nadie acude para soltar una homilía o discurso. Quizás porque el discurso, aquí, es el ritual coreográfico oficiado por Sara García y Bruno Senune.

Los movimientos son, en general, marcadamente rítmicos, repetitivos, tribales. Sara articula toda una serie de posiciones guerreras que parecen de linaje hindú. A mí me recuerdan a la danza Odissi en los giros, los equilibrios, y las posturas de manos y ojos. Quizás una hibridación entre danza Odissi y Kathakali de la India y la iconografía Samurái japonesa o quizás una encarnación de figuras rituales y guerreras del antiguo Egipto. En todo caso, la danza de Sara García, despierta reminiscencias de ese impulso primigenio, que viene de los orígenes de la civilización humana, en el que el cuerpo es la principal vía de resistencia y lucha. Antes de que la disciplina militar introdujese la sensación de rigidez y frialdad, cuando danza, ritual y lucha parecían estar más próximos.

Además de los temas musicales variados, a cargo de Paulo Costa y Nulsis ZoBoP, que van desde la electrónica ambiental hasta re-visitaciones de composiciones clásicas, llama la atención el trabajo con el sonido de la respiración. Éste se mantiene en una especie de mono-tono que no evoluciona ni es reflejo “natural” del esfuerzo. Incluso me atrevería a decir que el sonido de la respiración, emitido a la par de las posiciones corporales, contribuye a alejar y a deshumanizar a la bailarina y al bailarín. Más que de identidades deberíamos hablar, aquí, de entidades enigmáticas de espectro alegórico, vinculadas con los conceptos que el propio título de la pieza nos propone: fecundación, alivio, suelo irreductible, rebelión gozosa.

En Sara se despliega una fuerza centrífuga de guerrera o de diosa ancestral. En Bruno, sin embargo, se produce una fuerza centrípeta y una dinámica más propioceptiva que, por veces, parece alcanzar el trance. Hay, en esta polaridad energética, una especie de inversión de los roles de género y la simbología heteropatriarcal. Aquí el hombre es la entidad pasiva y receptiva, más abandonado al peso y a la gravedad. La mujer es la entidad activa, que juega equilibrios que vencen la gravedad y lanza desafíos en forma de pasos dancísticos. Incluso, en la parte final, Sara cabalgará a Bruno, lo espoleará azotando sus nalgas con las piernas y los pies desnudos, se pondrá de pie encima de su pecho mientras el joven yace en el suelo. La presión de los pies de ella encima del pecho de él, mientras ejecutaba poses ritualísticas, a mí me produjo una cierta preocupación y asombro, como cuando presenciamos las ceremonias sacrificiales de un faquir o estamos pendientes del recorrido de un funambulista.

Hacia la última parte, también resultan destacables las figuras en las que los dos cuerpos se funden. Incluso con efectos ópticos tan plásticos como los que caracterizan las famosas dramaturgias de Dimitris Papaioannou.

Hasta esa última parte, la bailarina y el bailarín no tienen una relación directa. Más bien, parece que se trata de dos solos que comparten un mismo espacio. Existe, sin embargo, una relación estilística en los movimientos. Podría tratarse de dos danzas votivas rituales, en las que la relación se establece con fuerzas superiores.

Él ocupa, casi siempre, la línea del foro, mientras ella evoluciona en el centro y en el proscenio. En general, los rebotes corporales mantienen los cuerpos en un estado de agitación continua. Lo cual eleva la fisicalidad y exige una resistencia inapelable. Y esto engancha a la recepción.

También resalta, sobre todo en ella, la grandeza del ballet, que abre un contraste respecto a esa corporalidad guerrera y carnal, vestida con las galas y las posiciones de figuras iconográficas. Esa elevación deífica en el reto que supone la resistencia y que va hacia la proeza. Incluso se apunta algún paso de ballet.

Fecundação e Alívio neste Chão Irredutível onde com Gozo me Insurjo acaba por parecer una danza ceremonial que nos arenga. Un alegato contra la rendición. En ella podemos reconocer un universo propio, de Joana y Hugo, en comunión con Sara y Bruno, de extrema singularidad. Una propuesta coreográfica sin concesiones a las tendencias más reconocibles del momento, como si se tratase de una obra atemporal.

Fecundação e Alívio neste Chão Irredutível onde com Gozo me Insurjo, desde la belleza y la potencia del movimiento, nos recuerda el gozo de la insurrección. Y lo hace en un momento en el que cada vez somos más obedientes y sumisos.

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