El cofre de la memoria | Beatriz Iacoviello

Historia de la Literatura Hispanoamericana

Hispanopamérica es una inmensa telaraña de culturas cuyo origen, se remonta a la época precolombina. Escribir una Historia de la Literatura Hispanoamericana es una tarea titánica que, con todos los riesgos que ello implica, y esa tarea la asumió el crítico literario peruano, José Miguel Oviedo.
La obra está dividida en cuatro tomos, editados por Alianza Editorial. EL primero parte De los orígenes a la emancipación, el segundo Del romanticismo al modernismo, el tercero se ocupa del Postmodernismo, vanguardia y regionalismo y el cuarto toma de Borges al presente.
En la presentación de Historia de la Literatura Hispanoamericana, realizada en la Feria del Libro del Palacio de Minería, dialogamos con el autor. El libro fue presentado por Christofer Domínguez, Adolfo Castañón, José Antonio Rosado, además del gerente de Alianza: Lic. Juan Carlos Argüelles.
Entre juegos de palabras, elogios y críticas, los expositores destacaron la encomiable labor de haber realizado esta monumental historia, en la cual no sólo se habla de la obra, o el autor, sino que en ella se hace referencia a las críticas realizadas o análisis sobre las mismas. Por otra parte, para el lector, o estudioso, interesado en la lógica de un autor o de una obra, ésta posee una extensa bibliografía a la que podrá recurrir para ampliar conocimientos.
El libro de José Miguel Oviedo es una interesante e increíble historia compuesta de informaciones e imágenes, éstas últimas aportadas por los fragmentos de textos que tomó. Pero esencialmente su tema es la letra. La letra occidental tomada en su entorno luego de sufrir una metamorfosis figurativa en los países por los que circuló.
Pero resulta que este objeto, tan sencillo en apariencia, tan fácil de nombrar e identificar, posee algo de diabólico, pues escapa en todas direcciones y en cada una de ellas adquiere rango propio. Esto le permite al lector entrar en la cosmografía de América Latina y disfrutar el armar un rompecabezas con la multiplicidad y variedad de textos y letras, situaciones sociales, y contornos que van del mar a la montaña, de la llanura pampeana al caribe. Todos ellos al fusionarse en un conjunto mixturado de resonancias formaran la nueva imagen de nuestra cultura Hispanoamericana.

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Jose Miguel Oviedo

–¿Por qué quiso escribir una Historia de la Literatura Hispanoamericana?
–Tomé la palabra historia en el sentido de relato o narración, al mismo tiempo quise ofrecer un texto que fuese ameno, accesible y a la vez que pudiera comunicarse con el lector. No sé si lo he logrado. Escribí una historia a base de pequeños ensayos, que contienen sobre todo información crítica. Si alguien quiere conocer datos de Vallejo, Neruda, López Velarde o Borges, no va encontrar una bibliografía sino todo aquello que se escribió sobre ellos. He tratado de conciliar dos textos: la crítica y la historia. Considero que no es una obra completa, por lo tanto espero que investigadores o críticos futuros la continúen.

–¿Cuál fue la visión que tuvo para escribir sobre un contexto tan vasto y tan imprevisible?
–Quería compendiar una historia que no fuese de ninguna manera un catálogo de nombres, autores, o citas. Por lo tanto traté de evitar el modelo guía telefónica, o el enciclopédico. Lo que es posible encontrar en cambio son los autores más importantes o interesantes del mundo hispanoamericano, al menos para mí. Los que hicieron nuestra literatura, y también aquellos que constituyen el fenómeno cultural del momento. Este conjunto de autores, centenares no lo sé bien, son claves para que el lector contemporáneo, y aún el de futuras generaciones, pueda comprender que significa la Literatura Hispanoamericana. Para ello tuve que leer todo el voluminoso mundo de las letras hispanoamericanas. Es decir tomé en cuenta a todos los autores, tanto para incluirlos como para negarlos. Mi historia trata de conciliar un digno compromiso entre lo subjetivo y lo sostenido, o establecido, por la crítica a lo largo de los siglos. Este equilibrio explica porque a veces me ocupo de fenómenos que son ajenos a mi propia sensibilidad, pero que es necesario que se escriba de ellos. Esta historia puede ser criticada por ser subjetiva, pero nunca por caprichosa. Por otra parte se le puede incluir el detalle de que ningún lector va leer la obra entera, en ese sentido creo que el único que lo ha hecho he sido yo, porque no me quedaba otro remedio, y también los excelentes expositores que aportaron nuevas visiones sobre la misma. Pero lo lógico sería que el lector la tomara fragmentariamente, es decir que consulte aquello que le interesa. Por lo tanto he tenido que tener en cuenta esa la actitud del lector para que pueda entrar y salir de ella en cualquier momento.

–¿Cómo le fue posible hacer coherente ese recuento de la historia?
–Consideré que cada pequeña unidad debía ser contextualizada en relación con lo que la antecedía y lo que proseguía. Este proceso, este equilibrio que era muy difícil, fue lo que más tiempo me llevó. En este equilibrio con el desequilibrio tuve que leer hasta lo que sabía no iba a poner. En algunos casos existieron olvidos involuntarios y en otros ausencias que me duelen. Cuando se inicia una labor de esta naturaleza y está el ok de una editorial lo que comienza a correr, como en todo juego, es el tiempo, y alguien debe perder.

–¿Pero rescató una figura como Isabel Allende que es el prototipo de la literatura ligth, es decir lo altamente comercializable?
–Es verdad tomé esa figura para destacarla como paradigma de la literatura desechable. Esta literatura es un interesante fenómeno sociológico no estético, puesto que está programada para seducir al público y luego convertirlo en consumidor. Un caso semejante es el de Rigoberta Menchú.

–Frente a ese tipo de esquema es interesante que haya tomado la literatura criolla y le diera el valor que le corresponde dentro de la historia.
–Es que es imposible comenzar a analizar la literatura hispanoamericana ignorando a Cristóbal Colón. Él es el primer hombre que escribe en América en español. Sin embargo hay que llamar la atención que él no escribe sobre un vacío, porque en este continente existía una cultura que produjo gestos verbales, productos orales, y textos no escritos, – salvo que consideremos la pictografía del lenguaje Maya, Azteca o Inca como escritura, pero son manifestaciones sobre las cuales no me preocupé y no quise entrar pues ameritan otro tipo de análisis– y que componía un corpus de enorme importancia, no sólo para ellos sino para la propia tradición española porque la absorbió. Los evangelizadores tomaron esa tradición para hacer analogías entre sus dioses y la religión católica. Había una necesidad estratégica para que esa tradición pudiese insertarse en la nueva tradición hispánica. Por lo es indispensable mirar hacia atrás y convertir esos hechos en el pórtico de la nueva literatura. Lo que subsistía hasta ese momento era una literatura aborigen oral. Tal vez sea erróneo decir literatura, lo que había eran gestos o formas verbales que poseían valores poéticos. Lo que existían eran expresiones pictopoéticas no literarias. Los rasgos característicos de este tipo de expresión eran: oralidad, anonimato y función social. La literatura no significaba lo mismo que en la actualidad, o para los españoles de la época. Era otra concepción de lo literario. A pesar que no es literatura escrita, que no es en español, el problema reside en que no se puede ignorar. Lo curioso es que la literatura colonial asume esa tradición, la incorpora, la traduce, la resume, la recicla, la estudia y le da una proyección que antes no tenía, porque esa literatura sólo era conocida en el ámbito de cada situación cultural. El conquistador español la difunde en Europa, por lo tanto es indispensable mirar hacia atrás y convertir esos hechos en el pórtico de la nueva literatura.

–¿En ese sentido creería que la literatura colonial crea su propia estructura?
–La literatura colonial posee el problema de metrópolis y periferia. La metrópolis española quiso convertir a los territorios de ultramar en variantes de su cultura metropolitana. Un gesto muy simbólico fue nombrar las ciudades del nuevo mundo con sus homónimos en España. En ese sentido es la cultura española que se proyecta en territorio ajeno. Esta visión es muy distinta a la anglosajona, para la cual las colonias eran factorías que no tenían vida cultural rica y propia. En cambio los españoles reprodujeron su cultura y la insertaron en la nuestra. Por eso aparecen esos grandes fenómenos como sor Juana y Juan Ruiz de Alarcón.

–En Perú Garcilaso de la Vega…
–Garcilaso es un personaje espléndido para poder hablar del mestizaje cultural. Él racialmente era mestizo, descendiente de nobles en los dos sentidos: español e incaico. Pero su obra se torna profundamente mestiza cuando conoce en Montilla a los humanistas españoles discípulos de Góngora, y entonces gracias al conocimiento profundo de la cultura hispánica peninsular de la época, que no en vano fue el la del Siglo de Oro, vuelve la mirada sobre su pueblo y hace ese maravilloso texto llamado “Los Comentarios”.

–Su libro posee la forma de un rompecabezas o de un hierogábalo, con el que se puede jugar a entrar, salir y retomar en cualquier momento. Es un libro de consulta pero a la vez es la historia de quinientos años de literatura…
–He tenido muy presente eso, me alegro mucho que lo haya podido ver de ese modo. El concepto siempre ha sido el de ofrecer un texto de consulta, un libro para ser ojeado y también sirviera como base de investigación. Traté de conciliar lo individual con conexiones, repercusiones, o vibraciones contextuales hacia el mundo anterior y posterior de cada autor.

–En cuanto a la literatura de la costa, de montaña o del valle ¿cuál es la diferencia?
–Esa es una herencia de los años veinte en la que predominaba la literatura de ambiente rural en casi toda Hispanoámerica desde México hasta Argentina. Poco después surgen las urbes y comienza una alternativa distinta a la anterior donde las ciudades son semilleros de conflictos. Justamente uno de los elementos de la novela para poder desarrollarse es el conflicto. El inmigrante, el trabajador el campesino convertido en obrero, el desempleo, la desadaptación rural crea problemas que son muy ricos para los novelistas.

–Como en “Santa”, de Federico Gamboa, escrita en 1903. Santa es la más popular de las novelas mexicanas de principios del siglo XX, y no solo es la desventurada historia de una mujer seducida, pecadora y abandonada, que proviene del mundo rural, sino que es sobre todo el retrato de la descomposición y el reflejo de la injusticia reinante en el ocaso del régimen represivo del general Porfidio Díaz.
–Muy buen ejemplo, porque esa problemática cambió definitivamente el panorama de la literatura. El mundo rural se fue encogiendo cada vez más y creando otro tipo de dilemas, como la controversia de lo rural tratando de integrase a la ciudad. Por eso hay un resurgimiento del tema indigenista con Icaza, más adelante con Ciro Alegría y José María Arguedas.

–Roa Bastos también tomó el tema del nativo.
–Es verdad, pero cambia de rumbo con “Yo el Supremo”.

–Tomando la literatura cubana y su contexto caribeño ¿qué aportó a las otras culturas continentales?
–La influencia africana, oriental, china sobre todo y el contacto con el área caribeña, que habla español, francés, creolé como en Haití. Lo importante es su individualidad. La literatura cubana es al mismo tiempo un destino que la vuelca sobre sí misma, pero a la vez la hace consciente que vive en una isla. Por lo tanto sus autores deben abrirse hacia otros campos. Es una literatura muy cosmopolita que busca la comunicación con otros ámbitos. Una revista que tuvo un rol decisivo en ese sentido fue “Orígenes”, con ese equipo maravilloso de escritores y pintores. Con una frecuencia trimestral, alcanzó a publicar cuarenta números entre 1944 y 1956, y fue la publicación cultural más importante de su época en su país. A lo largo de sus diez años de vida, colaboraron varias figuras de la cultura cubana. Además de Lezama Lima (creador y director), se encontraban Gastón Baquero, Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Virgilio Piñera, Octavio Smith, Mariano Rodríguez, y los plásticos Wifredo Lam y René Portocarrero. Y ya exiliado de la isla, el que marcó una tendencia en Europa con su regionalismo fue Guillermo Cabrera Infante.

–Hubo un momento en la historia en que existieron dos polos culturales: México y Argentina, hubieron otros pero fueron extemporáneos. De ellos ha señalado muy bien a los escritores que se refirieron al tiempo.
–México tiene autores reconocidos a nivel internacional tales como Juan Rulfo, Juan José Arreola, René Avilés Fabila, Elena Garro, Octavio Paz, Rosario Castellanos, Carlos Fuentes, Amado Nervo, Jaime Sabines, Ignacio Manuel Altamirano, Emilio Rabasa, José Emilio Pacheco, Alfonso Reyes, Fernando del Paso, Sor Juana Inés de la Cruz, Ramón Pérez Valverde y muchos más. Mientras que Argentina tuvo un elemento trascendente en su historia y fue el contrapunto entre el Grupo Florida y el Grupo Boedo, en las primeras décadas del siglo XX. El Grupo Florida conocido así por reunirse en la “Confitería Richmond” de la calle Florida, en Buenos Aires y publicar en la revista Martín Fierro, con autores cómo el citado Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, Ricardo Guiraldes, Victoria Ocampo, Oliverio Girondo, entre otros y artistas como Antonio Berni, contra el Grupo Boedo que reunía a escritores cómo Roberto Arlt, Leónidas Barletta, Álvaro Yunque y artistas como Homero Manzi y recibía visitas de Juan de Dios Filiberto compositor del tango Caminito, de raigambre más humilde y se reunían en la geografía del barrio de Boedo en el Café “El Japonés” de Avenida Boedo y publicaban en la Editorial Claridad (de corte izquierdista), constituyeron un fenómeno literario de raíces sociales que enriqueció la literatura argentina con la producción literaria de dichos autores. Y también coexistieron Alfonsina Storni, Olga Orozco, Alejandra Pizamik, Manuel Puig, Julio Cortázar y el exótico Macedonio Fernández.

–Todos ellos se relacionan con el tema del tiempo.
–Es cierto el tiempo es uno de los grandes motivos de la literatura universal, especialmente en Borges. Él lo expresó de una manera maravillosa. Recuerdo una frase que decía “nada sabemos del futuro, salvo la infinidad del presente”.

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