Críticas de espectáculos

Mosca/Sudhum

Sobrevivir

Posiblemente, la supervivencia sea uno de los atributos más generalizados dentro de todos los seres vivos. Tanto las plantas como los animales han de afrontar constantemente situaciones sobrevenidas que les obliga a adaptarse al medio para su conservación y evolución natural. Biólogos y antropólogos aceptan la evolución y selección de las especies como algo consustancial.

El ser humano no es ajeno a la evolución y por tanto a la readaptación constante ya sea física, sicológica o social. La Medicina, la Sicología, la Sociología, entre otras ciencias, saben de la permanente confrontación de la persona con el entorno en el que vive; es una cuestión de supervivencia: «o te adaptas o…»

No obstante, la necesidad de acoplarse para sobrevivir no justifica que las personas hayan de sufrir agresión alguna como método de desarrollo y progreso. Ninguna sociedad civilizada puede admitir hoy aquello de «la letra con sangre entra» o «la vida es un sufrimiento continuo», Ningún ser humano hoy debe padecer acoso –y menos agresión de cualquier tipo- por la forma de vestir, por ser gordo, por el color de la piel, por la torpeza en el juego, por padecer alguna deformación, por su lugar de origen, por tener dos padres, por llevar gafas, por ser mujer, por llevar un peinado inusual, por ser pobre, por ser homosexual…

Todos estos accidentes nos recuerdan un universo infantil en el que hemos sido, a veces protagonistas, y a veces testigos; esas circunstancias las reconocemos como realidad en nuestra sociedad, pero carecen de justificación.

La compañía Sudhum Teatro ha elegido una de esas particularidades, la homosexualidad, para construir un relato de supervivencia en la edad escolar. Con sencillez y claridad expositivas, el trabajo colectivo aborda el acoso infantil desde la perspectiva de la víctima y su entorno tanto escolar como familiar.

En «Mosca» de Fernando del Río y Sudhum, se narra la historia de Pedro, nombre muy común, un crío de diez años que desconcertado e indefenso padece persecución síquica y agresiones físicas en el ámbito escolar. La vida de Pedro está equidistante entre los padres que hablan pero no escuchan y la maestra que descubre ciertos síntomas pero carece de voluntad para reconocer. En el punto de Pedro está Eduardo, hijo de unos amigos de la familia, que le descubre su sexualidad.

El texto, lineal y explícito, aporta toda la sinceridad, crudeza y honestidad del tema que produce dolor en la víctima y, cuando menos, asco y repulsa en el espectador. La obra no se pierde en descripciones superfluas o anecdóticas; tampoco carga las tintas en los aspectos morbosos aunque la escena del descubrimiento sexual pudiera parecer excesiva. La palabra está en función de una «narraturgia» que combina la narración con la escenificación, según el uso en el teatro actual.

En «Mosca», la palabra posee una gran fuerza expresiva debido a la nitidez del relato escueto, certero y hondo. En este sentido, la referida escena nos pudiera parecer cruda, pero no lo es menos la del escupitajo, ni la del interrogatorio, entre otros breves monólogos que evocan situaciones, personajes y escenografías vivas como si se estuvieran representando en la realidad.

Desde otra perspectiva, la concreción de la obra en el acoso infantil transciende el mero caso escolar. Se me antoja una universalización que abarca a todos los contornos de la sociedad adulta: el laboral nos resulta lo más evidente por lo que nos cuentan las noticias en los diarios, pero también existe en las relaciones de ocio, en el círculo de amistades y en cualquier actividad que implique concurrencia y competitividad.

Y es que las normas de convivencia en el patio no están escritas pero contienen cierta universalidad: «No chivarse; haz caso a los que mandan; acepta y juega tu papel; no te defiendas; acepta tu lugar en el patio (…) para tu supervivencia». Vaya, silencio, sufrimiento y soledad para sobrevivir.

A pesar de la dureza del tema, la puesta en escena dirigida por Gustavo del Río muestra cierta amabilidad porque el juego escénico tiene buena carga lúdica propia de una representación dinámica, accesible y juvenil.

Los tres excelentes intérpretes realizan un trabajo magnífico entrando y saliendo del personaje a la narración y viceversa con la mayor naturalidad, eficacia y honestidad de lo que es el juego teatral. Fátima Domínguez cautivó por la transición suave, apenas perceptible desde el personaje un tanto ingenuo hasta la madre luchadora y encorajinada –fantástico momento- pasando por el de sugerente narradora. Luciana Drago dio una lección formidable de sobriedad y equilibrio escénicos. Fernando de Retes mostró gran capacidad de contención en el discurso para suavizar el patetismo de unas escenas marcadas por el dolor.

Con una mínima cantidad de elementos escénicos, la excelente e imaginativa iluminación dibuja una escenografía precisa de espacios indicativos. La multitud de papeles adhesivos que decoran la sala trasladan al espectador al mundo de la comunicación doméstica donde el Pedro transmite su soledad.

Con todo, «Mosca» más que un insecto insignificante que solo molesta cuando se posa o revolotea cerca, metaforiza la invisibilidad de una realidad tristemente muy común. Muestra el acto heroico de sobrevivir con el silencio y la incomprensión en una sociedad agresiva y cruel.

El espectáculo, quizá pensado para un amplio espectro de público, además se perfila especialmente recomendado para educadores, padres y jóvenes. Es de esos espectáculos que sin apenas exigencias técnicas –ya he dicho que todo está en la fuerza de la palabra y en el juego actoral- plantea un discurso intenso en el contenido que se hace necesario, imprescindible, en todo el arco escolar; es de esos espectáculos que se percibe de largo recorrido que todo centro educativo que se precie debería programar.

Manuel Sesma Sanz

Espectáculo: Mosca. Dramaturgia: Fernando del Río y Sudhum, Intérpretes; Fátima Domínguez, Fernando de Retes y Luciana Drago. Espacio escénico y diseño de iluminación: Virginia Rodríguez. Dirección: Gustavo del Río Prieto. Compañía: Sudhum Teatro. Sala Cuarta Pared de Madrid, días 4, 5 y 6 de mayo, en gira.

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